Nuestros
movimientos por el cambio social se han beneficiado enormemente con el
trabajo de Noam Chomsky. La increíble energía que pone en
sus discursos y ensayos hace que millones de personas conozcan sus análisis
sobre política exterior e interna de Estados Unidos. Sin embargo,
tiene un recurso retórico favorito que me pone nerviosa. Sugiere
que algo es evidente. Igual no se da cuenta de hasta qué punto eso
pone a la gente a la defensiva. Uno acaba por preguntarse "¿y si
para mí no es evidente?"
Si Chomsky piensa que algo es obvio
y aún así, para mí no está nada claro, ¿significa
que soy estúpida? Coge, por ejemplo, la pregunta que se le hace
al final de cada conferencia. Él dice que recibe cartas a propósito
de esto todos los días. Cuando yo trabajaba en el South End Press
en los años ochenta, le solíamos pedir que incluyera algo
sobre eso al final de sus prolijas denuncias sobre la política imperial
de EEUU en Centroamérica y Oriente Medio. Si echamos un vistazo
a esos libros encontraremos, después de seiscientas páginas
de análisis, un pequeño párrafo sobre "eso" a lo que
me estoy refiriendo.
Se trata de la pregunta sobre qué
puede hacer cada uno de nosotros.
Y Chomsky piensa que es evidente.
En una entrevista con David Barsamian aparecida en el número de
Mayo, 2004 de Progressive dice: "la verdad es que siempre podemos intervenir
en algo. No es difícil, dondequiera que estés, encontrar
grupos que están trabajando duramente en cosas que te preocupan".
Por otro lado, está en lo
cierto, no podemos hacer otra cosa que entrar en grupos, que para mí,
significa organizarse. En mis días más optimistas pienso
que, de hecho, el problema reside en que hay demasiada gente que no entiende
algo tan sencillo como esto. Creen que enseñar a los niños
a compartir y evitar que tengan pistolas de juguete, es trabajo político.
Creen que el trabajo de voluntariado en los refugios y la práctica
eventual de la generosidad traerá el cambio social. Creen que llevar
ropa ecológica y desplazarse a la cooperativa de alimentos en bicicleta,
ayuda a construir un mundo mejor.
Si montones de personas lo creen
y podemos encontrarlas y convencerlas de que el cambio social no llegará
de la mano de gestos individuales y circunstanciales - si es que es eso
lo que las separa de la organización real- entonces estamos de suerte,
nuestra misión es muy fácil. Sólo tenemos que hacer
como Chomsky y andar por ahí diciendo a la gente que se mantenga
ocupada, que hay vía libre, la forma de entrar en organizaciones
o de crearlas, es evidente.
Pero me da en la nariz que no es
eso lo que hace que la gente se eche atrás, sospecho que lo que
tenemos que hacer no es para nada evidente y que sugiriendo que sí
lo es, nos arriesgamos a hacer que la gente se sienta estúpida,
cuando, de hecho, tienen toda la razón en preguntarse "¿qué
puedo hacer?"
He tenido conciencia política
y he permanecido activa durante 25 años y todavía me pregunto
qué debo hacer exactamente. Aquí señalo algunos de
los problemas que hacen que el trabajo por el cambio social sea todo menos
evidente.
El Problema de la Proporción
Es el problema que surge cuando te
mueves en un mundo donde las injusticias no parecen mensurables con ninguna
escala verosímil. Es el problema que te lleva a pensar "el horror
de la política imperialista de Estados Unidos es tan abrumador que
no puedo hacer nada para cambiarla". Si entiendes cómo trabaja la
máquina corporativa militar de EEUU, empiezas a imaginarla como
una bestia enorme capaz de sembrar la destrucción con sólo
respirar. Sus afiladas garras causan estragos por el mero hecho de existir.
Un acto reflejo como un movimiento de cola, desencadena grandes pérdidas
humanas y destrucción medioambiental.
La bestia es terrible y descomunal,
y como ciudadano de esta bestia te preguntas qué deberías
hacer. Miras a tu alrededor para ver lo que otros ciudadanos están
haciendo. Al fin y al cabo has oído a Chomsky, así que sabes
que debes hacerte miembro de una organización.
Pero eres tan pequeño comparado
con la enormidad de la bestia. Ni siquiera hay una escala que os pueda
medir a los dos, a la bestia y a ti. "Hacerse miembro de una organización"
parece como un cuento de hadas y tú te dejaste de esos cuentos a
los seis años.
Piensas dentro de ti, con sensatez
"no tengo ninguna posibilidad de emprender una acción - ni siquiera
una serie de acciones, ni siquiera una vida entera de acciones- que pueda
hacer frente a tamaña labor". Este, es el problema de la proporción.
El problema de la Estrategia
Pero puede que decidas ser un activista
a pesar de ello. Después de todo, la bestia está fabricada
por los hombres. Si hemos creado esta cosa, tenemos que ser capaces de
eliminarla. Quizás te equivocas, no en lo pequeño que eres
en comparación con la bestia (porque no hay quien cambie eso), sino
en la valoración del poder que tienes o que puedes llegar a tener,
especialmente si te unes a otros.
Así que empiezas a buscar.
Los ciudadanos han estado estudiando cómo trabaja la bestia y se
han percatado de que cuando saca sus garras hiere a personas, las mata,
las desplaza, las incapacita hasta para subsistir. Ves que hay diferentes
grupos trabajando desesperadamente para movilizar a un puñado de
gente que reúna los recursos necesarios para cortar una uña
a nuestra bestia de las mil garras. Eso disminuirá el dolor y el
sufrimiento de las personas que se encuentren con la garra.
No parece muy razonable embarcarse
en esta actividad dada la ferocidad potencial de la extremidad a la que
está unida la uña, pero eres humano y te das cuenta de que
la gente se beneficiará por lo menos un poco, si las garras están
menos afiladas, así que te animas a unirte al esfuerzo.
Pero espera, las personas están
discutiendo sobre qué uña sería mejor cortar y al
no ponerse de acuerdo, se separan y están compitiendo por los medios
necesarios para cortar uñas. No estabas seguro, en primer lugar,
sobre si era eficaz el cortar la uña, especialmente porque la cola
se mueve y las exhalaciones son constantes, pero te das cuenta ahora, de
que probablemente ni siquiera consigas llegar a cortar la uña dado
el profundo desacuerdo existente sobre qué dedo atacar.
Entretanto, hay otros tratando de
encontrar la manera de parar los movimientos de la cola. Otros más
intentan desarrollar antídotos para las exhalaciones letales. Y
otros han descubierto que la circulación de la sangre de la bestia
automáticamente despoja a las personas de todo y las degrada. Urgen
a la gente a amansar a la bestia para poder finalmente desmontar y remplazar
sus sistemas, pero no dicen cómo o con qué.
Así que, incluso si superas
el problema de la proporción y te convences de que es posible vencer
a la bestia, te incorporas a un mundo de activistas del cambio social que
trabajan de forma desorganizada sobre diferentes partes del cuerpo de la
bestia. La gente ni siquiera habla entre sí, excepto cuando se topetan
en la cola del departamento de gestión de fondos esperando conseguir
sus nimios recursos para cortaúñas. Sabes que hay un hacha
en algún lugar que acabaría en un segundo con la uña
-quizás con el dedo entero-, pero para eso se necesita planificación
y entrenamiento en el uso de hachas. Bueno, pues ese es el problema de
estrategia.
El problema de Visión
Pero ves que es posible superar el
problema de estrategia. Has estudiado las organizaciones sociales y has
visto que las personas han desarrollado planes a largo plazo y han obtenido
beneficios después de años de duro trabajo. Sabes que hay
otros que quieren pensar y actuar más estratégicamente. Caes
en la cuenta, sin embargo, de que para ser estratégico tienes que
saber a dónde quieres llegar. Cuando empiezas a hablar del tema
con la gente, te das cuenta de que una de las razones por las que no se
utiliza una estrategia para saber cómo empuñar el hacha,
es el miedo a que en caso de usarla, la bestia caiga.
"¡Pero cómo! ¿no
se trata de eso?" preguntas. Aparentemente no, al menos no para toda esa
gente que, consciente o no de ello, lo sepa o no, vive de alguna forma
bajo la protección de la bestia. Prefieren las garras menos afiladas
-quizás incluso una bestia sin garras- porque arrancar de cuajo
la uña es desagradable y los gritos que provoca son perturbadores.
Esos tipos dependen de la bestia para recibir ciertos privilegios.
Quieren que se mantengan intactos
su respiración, su circulación, y el poder de sus articulaciones,
pero quieren atenuar las consecuencias de sus sangrientas acciones. Descubres
horrorizado que algunos de tus aliados más importantes en la labor
de eliminación de garras, los que han financiado tu proyecto y te
han dado en ocasiones un instante de tiempo de antena en hora punta, no
son para nada tus aliados en cuanto a tu visión de un mundo mejor.
Además, tú tampoco
tienes una visión de un mundo mejor. Tienes conciencia de que "es
posible otro mundo", has oído las consignas como cualquier otro
activista anti-bestia, pero casi no hay ejemplos donde explorar cómo
debe ser ese otro mundo, y hasta es difícil pensar en pasar el tiempo
haciéndolo. Las garras siguen hiriendo y el corazón de la
bestia continúa latiendo enérgicamente.
Siempre puedes volver al cortaúñas
que al menos tiene resultados visibles, disminuye el dolor y te hace sentir
útil. Tendrás que ignorar el verdadero funcionamiento de
la bestia y hasta puede que empieces a caer en los razonamientos de que
la bestia es la única opción. No quieres llegar a ese extremo
pero, ¿no es eso más fácil que asimilar que tus supuestos
aliados se benefician en realidad, con la bestia? Si te enfrentas a ellos,
puede que no sólo los estés distanciando, estés poniendo
en peligro tu acceso a los recursos, te estés automarginando aún
más, sino que puede que pongas en riesgo cualquier acción
de cortaúñas que podría llevarse a cabo si mantienes
la boca cerrada.
Digamos que eres muy obstinado, tomas
la estratégica decisión de relacionarte con los que racionalizan
a la bestia, según las necesidades, pero también mantienes
la visión de un mundo mejor junto a otros activistas anti-bestia
que piensan de forma más parecida a ti, no te queda más remedio,
años de experiencia te han enseñado que sin una visión
no puedes tener una estrategia y sin una estrategia, no vas a ningún
lado.
No podías imaginar, sin embargo,
que este era el viaje más arriesgado de todos -el que puede ocasionar
inflamadas controversias y distanciamiento entre aquellos activistas que
tienen más en común. Ya has visto cómo se pone la
gente cuando no puede llegar a un acuerdo sobre en qué dedo meter
la tijera y aquí estás tú pidiendo que lleguen a un
punto de vista común para reemplazar los sistemas circulatorio y
respiratorio de la bestia.
Estás tentado, lleno de amargura,
a dar marcha atrás por completo. ¿No bastaba con haber superado
el problema de la proporción y haber hecho lo que era evidente:
encontrar un grupo que "trabaja duro en los asuntos que te preocupan"?
Te enteras de que no, de que no basta.
Si vas en serio en lo de acabar con la bestia tienes que hacer mucho más.
Tienes que tomar decisiones cruciales (ninguna de respuesta fácil)
sobre cómo y dónde utilizar tu energía, sobre qué
batallas son las más importantes, sobre hacer alianzas entre partes
enormemente distanciadas, sobre cómo comprometerte en estrategia
y visión incluso cuando intentas a trompicones contrarrestar los
peores efectos de las garras.
En una reseña crítica
aparecida en el Boston Globe el 25 de Abril, 2004, George Scialabba se
refería a Chomsky como "el ciudadano más útil de América".
No disiento. Ha expuesto los trabajos de la bestia y ha explicado su funcionamiento
-elementos críticos fundamentales de la caja de herramientas de
todo activista del cambio social-. Pero me gustaría que dejara de
sugerir que es evidente el cómo una persona debe responder a la
bestia. Si pensamos que es tan obvio no estaremos preparados para afrontar
los problemas, especialmente los tres mayores problemas analizados arriba.
No seremos eficaces. Sólo empezaremos a dar los pasos necesarios
para desafiar a la bestia si asumimos con rigor estos problemas y nos enfrentamos
a ellos.
Para más información
sobre visión y estrategia explora, para empezar, la página
de internet de znet (www.zmag.org),
y en especial www.parecon.org.
• Título original: Talking
back to Chomsky
• Autora: Cynthia Peters
• Origen: ZNet Commentaries, 27-4-2004
• Traducido por Alegría Beltrán
y revisado por Soledad Calvo