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de Catalunya - 20 de Junio de 2004
¿Quién
controlará el mundo?
Noam
Chomsky *
• A Bush no le importa el terrorismo,
sino imponer su dominación imperial. Ha ido cediendo por la resistencia
de la opinión pública mundial, que ya se ha convertido en
una segunda superpotencia
El mes pasado se cumplió el
primer aniversario de la declaración de victoria en Irak por parte
del presidente George W. Bush, cuando anunció que "la misión
había sido cumplida". La invasión fue una aplicación
de la doctrina de Bush, la nueva "gran estrategia imperial" --como
la bautizó la revista Foreign Affairs-- que proclama que
EEUU dominará el mundo por un futuro indefinido y destruirá
cualquier desafío a esa dominación.
Dejando a un lado lo que está
ocurriendo en Irak, tal vez sea útil concentrarse en cómo
los principios que han conducido a la invasión y ocupación
y han hecho del mundo un sitio más peligroso, y no sólo por
el terrorismo.
El Departamento de Estado norteamericano
acaba de admitir que es totalmente falso el anuncio que hizo en abril,
cuando indicó que el terrorismo había disminuido a nivel
mundial --uno de los puntos centrales de la actual campaña presidencial
de Bush--. El informe ahora revisado admite que "la cifra de incidentes
y de víctimas ha aumentado drásticamente".
Para los estrategas del Gobierno,
el objetivo más importante no fue combatir el terrorismo sino establecer
bases militares norteamericanas en un Estado satélite situado en
el centro de las mayores reservas energéticas mundiales, y así
aventajar a sus rivales. Zbigniew Brzezinski ha escrito que "el
papel de EEUU en la seguridad de la región", para decirlo con más
claridad, su dominio militar, "le brinda un poder político indirecto
pero crucial ante economías europeas y asiáticas que también
dependen de las exportaciones de petróleo de la región".
Tal como sabe Brzezinski,
el principal problema del dominio global de EEUU es que Europa y Asia (especialmente
la dinámica región del noreste de Asia) tienen sus propios
rumbos. De ahí que el control del golfo Pérsico y del Asia
Central resulte todavía más importante.
El apoyo de EEUU y de Gran Bretaña
a Turkmenistán, Uzbekistán y otras dictaduras del Asia Central,
y la disputa sobre qué curso seguirán los oleoductos y bajo
qué supervisión, forman parte de un nuevo gran juego
entre las potencias.
ENTRETANTO, los comentaristas occidentales
siguen pensando que el objetivo de la invasión fue "la visión
presidencial" de establecer una democracia en Irak. En contraste, según
encuestas realizadas por firmas occidentales en Bagdad, una vasta mayoría
cree allí que el motivo de Washington para la invasión fue
controlar los recursos iraquís y reorganizar el Oriente Próximo
según los intereses norteamericanos. No es raro que quienes se llevan
la peor parte tengan una visión más clara del mundo en que
viven.
Existen muchos otros datos que muestran
que Washington considera el terrorismo un asunto menor comparado con el
de asegurar que Oriente Próximo se encuentre bajo las manos adecuadas.
Apenas el mes pasado, el Gobierno de Bush impuso sanciones económicas
a Siria, aplicando una ley que es prácticamente una declaración
de guerra a menos que el Gobierno de Damasco acate las órdenes norteamericanas.
Siria sigue figurando en la lista oficial de los estados que patrocinan
el terrorismo, pese a que proporcionó importantes datos a Washington
sobre Al Qaeda y otros grupos radicales. De ahí que EEUU prefiera
privarse de esa fuente de información para alcanzar un objetivo
mayor: un régimen que acepte las demandas norteamericano-israelís.
Para mencionar apenas otro ejemplo
de cuáles son las prioridades: el Departamento del Tesoro de EEUU
mantiene una Oficina de Control de Bienes Extranjeros, destinada a investigar
transferencias sospechosas de dinero, un elemento crucial en la "guerra
contra el terrorismo". Este organismo tiene 120 empleados. Hace algunas
semanas, informó al Congreso de que, a finales del año pasado,
cuatro de esos empleados, sólo cuatro, estaban consagrados a seguir
la pista a las finanzas de Bin Laden y Sadam Husein, mientras
que casi dos docenas tuvieron como tarea aplicar medidas de embargo contra
Cuba. ¿Por qué el Departamento del Tesoro dedica mayores
energías a estrangular a Cuba que a la guerra contra el terrorismo?
Para alcanzar la supremacía,
la violencia puede triunfar, pero a un coste tremendo. Y puede provocar
aún mayor violencia como respuesta. Y no sólo la del terrorismo.
En febrero, Rusia llevó a cabo sus mayores maniobras militares en
dos décadas, exhibiendo nuevas y más avanzadas armas de destrucción
masiva. Líderes políticos y militares de Rusia han señalado
con claridad que esa resurrección de la carrera armamentista es
una respuesta directa a las acciones y programas del Gobierno de Bush,
especialmente el desarrollo de armas nucleares de baja intensidad, las
llamadas revientabúnkers. Como saben analistas de ambas partes,
esas armas pueden atacar los búnkers, ocultos en montañas,
que controlan el arsenal nuclear ruso.
Lo que puede ocurrir es una expansión
de ese rearme nuclear. Los rusos y los chinos reaccionan ante los norteamericanos
construyendo armas estratégicas. La India podría responder
a China. Pakistán, hacer lo mismo ante la India... Entre tanto,
Irak avanza hacia lo que denominan recuperación de su soberanía.
Un reciente artículo de Anton La Guardia, del Daily Telegraph,
recordaba en el último párrafo que "un alto funcionario británico
lo indicó de manera delicada: el Gobierno iraquí será
plenamente soberano, pero en la práctica, no ejercerá todas
sus funciones soberanas". Lord Curzon no lo hubiese explicado mejor.
EL FIRME rechazo de los iraquís
a aceptar las tradicionales ficciones constitucionales ha obligado a Washington
a ceder, paso a paso, con cierta ayuda de "una segunda superpotencia",
como definió Patrick E. Tyler, de The New York Times,
a la opinión pública mundial tras las grandes manifestaciones
de febrero del 2003, la primera ocasión en la historia en que hubo
manifestaciones en masa contra una guerra antes de que empezase oficialmente.
Y eso lo cambia todo.
Por ejemplo, en los años
60, la revuelta de Faluya hubiese sido resuelta con bombardeos de aviones
B-52 y asesinatos en masa. En la actualidad, una sociedad más civilizada
no tolera tales medidas y ofrece al menos un espacio para que las víctimas
actúen y logren una auténtica independencia. Es incluso posible
que este impulso pueda obligar al Gobierno de Bush a abandonar sus
ambiciones imperiales en Irak.
© by Noam Chomsky. Distribuido
por The New York Times Syndicate.
* Profesor de lingüística
del Massachusets Institute of Technology y autor de Hegemonía
o supervivencia. La estrategia imperialista de EEUU. |