| Masiosare/La
Jornada de México
- 26 de septiembre de 2004
La escritora india
escribe sobre el pensador estadounidense
La soledad
de Noam Chomsky
Arundhati
Roy
El día en que Hiroshima fue
bombardeada, Noam Chomsky, de 16 años, no pudo hablar con nadie,
no comprendía la reacción de los otros: "Me sentía
completamente aislado".
"Ese aislamiento produjo a uno
de los más grandes y más radicales pensadores públicos
de nuestro tiempo. Cuando el sol se ponga sobre el imperio estadunidense,
como lo hará, como debe hacerlo, el trabajo de Chomsky sobrevivirá",
escribe Arundhati Roy, una de las voces más lúcidas en el
movimiento por una globalización justa
"Nunca pediré
perdón por Estados Unidos no me importa cuáles sean los hechos".
Presidente George Bush (padre).1
SENTADA EN
MI HOGAR en Nueva
Delhi, mientras veo un canal noticiero estadunidense promocionarse a sí
mismo ("Nosotros informamos. Tú decides"), me imagino la divertida
sonrisa chimuela de Noam Chomsky.
Todos sabemos que los regímenes
autoritarios, sin importar su ideología, usan a los medios masivos
como propaganda. ¿Y los regímenes democráticamente
electos del "mundo libre"?
Hoy, gracias a Noam Chomsky y
sus compañeros analistas de medios es casi axiomático para
miles, quizá millones de nosotros que en las democracias de "libre
mercado" la opinión pública se manufactura como cualquier
otro producto del mercado masivo –jabón, apagadores o pan de caja2.
Sabemos que si bien legal y constitucionalmente puede ser que la expresión
sea libre, el espacio en el cual esa libertad puede ser ejercida nos fue
arrebatada y vendida a los más altos postores. El capitalismo neoliberal
no sólo trata sobre la acumulación de capital (para algunos).
También trata sobre la acumulación de poder (para algunos),
la acumulación de libertad (para algunos). A la inversa, para el
resto del mundo, para los que son excluidos del cuerpo gobernante del neoliberalismo,
se trata de la erosión del capital, la erosión del poder,
la erosión de la libertad. En el mercado "libre", la libre expresión
es un bien, como todo lo demás –la justicia, los derechos humanos,
el agua potable, el aire limpio. Está disponible sólo para
aquellos a quienes les alcanza. Y, naturalmente, aquellos que pueden pagarla,
usan la libre expresión para manufacturar el tipo de producto, confeccionar
el tipo de opinión pública que mejor convenga a sus propósitos.
(Noticias que puedan usar.) El tema de buena parte de los escritos políticos
de Noam Chomsky es sobre cómo hacen esto exactamente.
El primer ministro de Italia Silvio
Berlusconi, por ejemplo, tiene acciones de control en los principales periódicos,
revistas, canales de televisión y casa editoriales italianas. "El
primer ministro controla cerca de 90% de la audiencia televisiva", informa
The
Financial Times.3
Los mitos gemelos
¿A qué precio la libre
expresión? ¿Libre expresión para quién? Admitamos
que Berlusconi es un ejemplo extremo. En otras democracias –sobre todo
Estados Unidos– los barones de los medios, los poderosos grupos de cabildeo
empresariales y los funcionarios gubernamentales están imbricados
de una manera más elaborada, pero menos obvia. (Las conexiones de
George Bush
Jr. con el grupo de cabildeo petrolero, con la industria
de las armas y con Enron, y la infiltración de Enron en las instituciones
gubernamentales estadunidenses y los medios masivos –todo esto ahora es
de conocimiento común.)
Después de los ataques terroristas
del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, la descarada actuación
de los medios mainstream como portavoces del gobierno estadunidense,
su muestra de patriotismo vengativo, su disposición a publicar boletines
de prensa como si fueran la noticia, y su explícita censura de opiniones
discrepantes se volvieron el blanco de un humor bastante negro en el resto
del mundo.
Luego cayó la Bolsa de Valores
de Nueva York, las aerolíneas en bancarrota apelaron al gobierno
por un rescate financiero, y se habló de evadir las leyes de patentes
para poder manufacturar medicina genérica para luchar contra el
pánico del ántrax (mucho más importante y urgente,
claro, que la producción de genéricos para luchar contra
el sida en Africa).4
De pronto, parecía como si
los mitos gemelos de la Libre Expresión y el Libre Mercado podrían
derrumbarse junto con las Torres Gemelas del World Trade Center.
Pero, claro, eso nunca sucedió.
Los mitos persisten.
Sin embargo, la cantidad de energía
y dinero que el establishment vierte en el negocio de "administrar"
la opinión pública tiene su lado optimista. Insinúa
que existe un miedo muy real a la opinión pública.
Insinúa la existencia de una persistente y válida preocupación
de que si la gente descubre (y cabalmente comprende) la verdadera naturaleza
de las cosas que se hacen en su nombre podría actuar con
fundamento en ese conocimiento. La gente poderosa sabe que la gente ordinaria
no siempre es reflexivamente despiadada y egoísta. (Cuando la gente
ordinaria pesa los costos y beneficios, algo parecido a una consciencia
intranquila, fácilmente podría inclinar la balanza.) Por
esta razón, debe ser protegida de la realidad, criada en un clima
controlado, en una realidad alterada, como pollos para asar o puercos en
un corral.
Aquellos de nosotros que hemos logrado
escapar a este destino y rascamos en el patio trasero ya no creemos todo
lo que leemos en los periódicos y vemos en la televisión.
Ponemos la oreja sobre el suelo y buscamos otras maneras de que el mundo
tenga sentido. Buscamos la historia que no se dijo, el golpe de Estado
que sólo se mencionó de pasada, el genocidio que pasó
sin ser reportado, la guerra civil en un país africano que fue publicada
en una columna junto a toda una plana publicitaria de ropa interior de
encaje.
No siempre nos acordamos, y muchos
ni siquiera saben, que esta manera de pensar, esta sencilla agudeza, esta
instintiva desconfianza en los medios masivos sería cuando mucho
una corazonada política y en el peor de los casos una acusación
sin fundamento si no fuera por el implacable y tenaz análisis de
los medios de una de las mentes más brillantes del mundo. Y ésta
es sólo una de las maneras en las que Noam Chomsky ha modificado
radicalmente nuestra comprensión de la sociedad en la que vivimos.
¿O debería decir, nuestra comprensión de las elaboradas
reglas del manicomio en el cual todos somos internos voluntarios?
Al referirse a los ataques del 11
de septiembre en Nueva York y Washington, el presidente George W. Bush
llamó a los enemigos de Estados Unidos "enemigos de la libertad".
"Los estadunidenses preguntan por qué nos odian", dijo. "Odian nuestras
libertades, nuestra libertad religiosa, nuestra libertad de expresión,
nuestra libertad para votar y reunirnos y disentir unos con otros".5
Mandato del cielo
Si la gente en Estados Unidos quiere
una respuesta real a esa pregunta (en contraposición a las respuestas
que están en La guía para idiotas del anti-americanismo,
o sea: "Porque nos tienen envidia", "Porque odian la libertad", "Porque
son unos perdedores", "Porque nosotros somos buenos y ellos son malos")
les diría, lean a Chomsky. Lean a Chomsky acerca de las intervenciones
militares estadunidenses en Indochina, América Latina, Irak, Bosnia,
la ex Yugoslavia, Afganistán y el Medio Oriente. Si la gente ordinaria
en Estados Unidos leyese a Chomsky, quizá formularía sus
preguntas de manera un poco distinta. Quizá serían: "¿Por
qué no nos odian más de lo que ya lo hacen?" o "¿No
es sorprendente que el 11 de septiembre no haya pasado antes?"
Desafortunadamente, en estos tiempos
nacionalistas, palabras como "nosotros" y "ellos" son usados a la ligera.
La frontera entre los ciudadanos y el Estado es deliberada y exitosamente
borrada, no sólo por los gobiernos, sino también por los
terroristas. La lógica que subyace a los ataques terroristas, así
como a las guerras de "represalia" contra los gobiernos que "apoyan el
terrorismo", es la misma: ambas castigan a los ciudadanos por las acciones
de sus gobiernos.
(Una breve digresión: me doy
cuenta de que para Noam Chomsky, un ciudadano estadunidense, criticar a
su propio gobierno es más educado a que yo, una ciudadana india,
critique al gobierno estadunidense. No soy una patriota, y estoy completamente
consciente de que la venalidad, la brutalidad y la hipocresía están
plasmadas en la pesada alma de todo Estado. Pero cuando un país
deja de ser meramente un país y se convierte en un imperio, entonces
la escala de las operaciones cambia drásticamente. Así que
aclaro que hablo como un súbdito del imperio estadunidense. Hablo
como una esclava que se atreve a criticar a su rey.)
Si me pidieran elegir una de las
principales contribuciones de Noam Chomsky al mundo, escogería el
hecho de que ha desenmascarado el feo, manipulador, despiadado universo
que existe detrás de la hermosa y luminosa palabra "libertad". Ha
hecho esto racional y empíricamente. Toda la evidencia que ha ordenado
para construir su caso es formidable. Es aterrorizador, de hecho. La premisa
inicial del método de Chomsky no es ideológica, pero sí
es intensamente política. Emprende el curso de su indagación
con la instintiva desconfianza hacia el poder que tiene un anarquista.
Nos lleva en un tour a través de la ciénaga del establishment
estadunidense, y nos guía a través del mareador laberinto
de corredores que conecta al gobierno, al gran empresariado y al negocio
de administrar la opinión pública.
Chomsky nos muestra cómo frases
como "libre expresión", "libre mercado" y "mundo libre" tienen poco,
si es que algo, que ver con la libertad. Nos muestra que entre la miríada
de libertades que el gobierno estadunidense se adjudica a sí mismo
está la libertad para asesinar, aniquilar y dominar a otros. La
libertad para financiar y patrocinar déspotas y dictadores en el
mundo. La libertad para entrenar, armar y dar cobijo a terroristas. La
libertad para derrocar a gobiernos democráticamente electos. La
libertad para amasar y usar armas de destrucción masiva –químicas,
biológicas y nucleares. La libertad para emprender una guerra contra
cualquier país con cuyo gobierno esté en desacuerdo. Y lo
más terrible de todo, la libertad para cometer estos crímenes
contra la humanidad en nombre de "la justicia", en nombre de "lo correcto",
en nombre de "la libertad".
El procurador general John Ashcroft
ha declarado que las libertades estadunidenses "no son concesiones de algún
gobierno o documento, sino... atributos de Dios".6 Así
que, básicamente estamos enfrentados a un país armado con
un mandato del cielo. Quizá esto explica por qué el gobierno
estadunidense se rehúsa a ser juzgado con los mismos estándares
morales con los que juzga a otros. (Cualquier intento de hacerlo se descalifica
como "equivalencia moral".) Su técnica es ponerse en el papel del
bien intencionado gigante cuyas buenas obras son confundidas en países
extraños por sus intrigadores nativos, cuyos mercados trata de liberar,
cuyas sociedades trata de modernizar, cuyas mujeres trata de liberar, cuyas
almas trata de salvar.
Quizá esta creencia en su
propia divinidad también explica por qué el gobierno estadunidense
se otorga a sí mismo el derecho y la libertad de asesinar y exterminar
a personas "por su propio bien".
Cuando el presidente Bush Jr. anunció
los ataques aéreos estadunidenses contra Afganistán, dijo:
"Somos una nación pacífica".7 Y siguió:
"Este es el llamado de Estados Unidos de América, la nación
más libre del mundo, una nación construida con valores fundamentales,
que rechaza el odio, rechaza la violencia, rechaza los asesinos, rechaza
el mal. No nos cansaremos".8
Los servicios de Hollywood
El imperio estadunidense descansa
sobre macabros cimientos: la masacre de millones de indígenas, el
robo de sus tierras y, acto seguido, el secuestro y la esclavitud de millones
de negros de Africa para trabajar esa tierra. Miles murieron en los mares
al ser transportados en barco, como ganado, entre un continente y otro.9
"Robados de Africa, traídos
a América" –"Buffalo Soldier", de Bob Marley, contiene todo un universo
de inefable tristeza.10 Habla sobre la pérdida de la
dignidad, la pérdida de lo no domesticado, la pérdida de
la libertad, el destrozado orgullo de un pueblo. El genocidio y la esclavitud
proveen los fundamentos económicos y sociales de la nación
cuyos valores fundamentales rechazan el odio, los asesinos y el mal.
He aquí Chomsky, escribiendo
en el ensayo "La fabricación del consenso" (The manufacture of consent),
sobre la fundación de Estados Unidos de América:
"Hace unas semanas, durante las vacaciones
del Día de Acción de Gracias, fui a pasear con algunos amigos
y con la familia a un parque nacional. Nos topamos con una tumba que tenía
la siguiente inscripción: ‘Aquí yace una india, una wampanoag,
cuya familia y tribu dio de sí mismos y de su tierra para que esta
gran nación pudiera nacer y crecer’.
"Claro, no es muy preciso decir que
la población indígena dio de sí misma y de sus tierras
para esa noble causa. Más bien fueron masacrados, diezmados y dispersados
durante uno de los más grandes ejercicios de genocidio en la historia
humana... el cual celebramos cada octubre cuando homenajeamos a Colón
–un notable asesino de masas– en el día de Colón.
"Cientos de ciudadanos estadunidenses,
bien intencionados y decentes, constantemente desfilan frente a aquella
lápida y la leen, aparentemente sin reacción; excepto, quizá,
una sensación de satisfacción de que al fin le estamos dando
el debido reconocimiento a los sacrificios de los nativos... Quizá
reaccionaran diferente si visitaran Auschwitz o Dachau y encontraran una
lápida que dijera: ‘Aquí yace una mujer, judía, cuya
familia y pueblo dieron de sí mismos y sus posesiones para que esta
gran nación pudiera crecer y prosperar’."11
¿Cómo ha sobrevivido
Estados Unidos a su terrible pasado y emergido oliendo tan dulce? No ha
sido reconociendo su responsabilidad, ni a través de reparaciones,
ni pidiendo perdón a los negros estadunidenses o los nativos, ni,
por supuesto, cambiando sus modales (ahora exporta sus crueldades).
Como la mayoría de los otros países, Estados Unidos rescribió
su historia. Pero lo que separa a Estados Unidos de otros países
y le da la delantera en la carrera, es que reclutó los servicios
de la firma de publicidad más poderosa y exitosa del mundo: Hollywood.
En la versión best-seller
del mito popular como historia, la "bondad" estadunidense llegó
a su punto culminante durante la Segunda Guerra Mundial (también
conocida como la Guerra Estadunidense contra el Fascismo). Perdido en el
estruendo de las trompetas y las canciones angelicales está el hecho
de que cuando el fascismo estaba en plena marcha en Europa, el gobierno
estadunidense miró para el otro lado. Cuando Hitler llevaba a cabo
su pogrom genocida contra los judíos, los funcionarios estadunidenses
le negaron la entrada a los refugiados que huían de Alemania. Estados
Unidos entró a la guerra después de que los japoneses
bombardearon Pearl Harbor. Ahogado por ruidosos hosannas, está el
acto más barbárico, de hecho, el acto más brutal que
el mundo ha presenciado: el lanzamiento de la bomba atómica sobre
las poblaciones civiles en Hiroshima y Nagasaki. La guerra ya casi había
terminado. Los cientos de miles de japoneses que murieron, los incontables
más que sufrieron de cáncer durante generaciones venideras,
no eran una amenaza a la paz mundial. Eran civiles. Así como
las víctimas de los bombardeos del World Trade Center y el Pentágono
eran civiles. Así como las cientos de miles de personas que murieron
en Irak a causa de las sanciones encabezadas por Estados Unidos eran civiles.
El bombardeo de Hiroshima y Nagasaki fue un frío, calculado experimento
llevado a cabo para demostrar el poder de Estados Unidos. En aquel momento,
el presidente Truman lo describió como "el mayor evento en la historia".12
La Segunda Guerra Mundial, se nos
dice, fue una "guerra por la paz". La bomba atómica fue un "arma
por la paz". Nos invitan a creer que la disuasión nuclear evitó
la Tercera Guerra Mundial. (Eso fue antes de que el presidente George Bush
Jr.
saliera con lo de la "doctrina del ataque preventivo" 13.) ¿Hubo
un brote de paz tras la Segunda Guerra Mundial? Definitivamente hubo una
paz (relativa) en Europa y América, pero, ¿eso cuenta como
paz mundial? No, a menos de que las feroces guerras libradas por terceros
en tierras donde viven razas de colores (chinks, negros, dinks,
wogs,
gooks*) no cuenten como guerras.
A partir de la Segunda Guerra Mundial,
Estados Unidos ha estado en guerra con o ha atacado a, entre otros países,
Corea, Guatemala, Cuba, Laos, Vietnam, Camboya, Granada, Libia, El Salvador,
Nicaragua, Panamá, Irak, Somalia, Sudán, Yugoslavia y Afganistán.
Esta lista también debería incluir las operaciones encubiertas
del gobierno estadunidense en Africa, Asia y América Latina, los
golpes que ha maquinado, y los dictadores que ha armado y apoyado. También
debería incluir la guerra de Israel contra Líbano, que fue
apoyada por Estados Unidos, en la cual murieron miles. Debería incluir
el papel clave que Estados Unidos ha jugado en el conflicto en Medio Oriente,
en el cual miles han muerto luchando contra la ocupación ilegal
israelí de territorio palestino. Debería incluir el papel
de Estados Unidos en la guerra civil en Afganistán en los ochenta,
en la cual más de un millón de personas murieron.14
Debería incluir los embargos y sanciones que han conducido directa
e indirectamente a la muerte de cientos de miles de personas, más
visiblemente en Irak.15 Si lo juntamos todo, suena a que sí
hubo una Tercera Guerra Mundial, y que el gobierno estadunidense era (o
es) uno de sus principales protagonistas.
La mayoría de los ensayos
en For reasons of state, de Chomsky, son acerca de la agresión
estadunidense en Vietnam del Sur, Vietnam del Norte, Laos y Camboya. Fue
una guerra que duró más de 12 años. 58 mil estadunidenses
y cerca de 2 millones de vietnamitas, camboyanos y laosianos perdieron
sus vidas.16 Estados Unidos desplegó medio millón
de soldados terrestres y dejó caer más de 6 millones de toneladas
de bombas.17 Y sin embargo (no lo creerían si ven la
mayoría de las películas hollywoodenses), América
perdió la guerra.
La guerra comenzó en Vietnam
de Sur y luego se propagó a Vietnam del Norte, Laos y Camboya. Tras
instalar un régimen clientelar en Saigón, el gobierno estadunidense
se autoinvitó a luchar contra la insurgencia comunista –guerrilleros
del vietcong que habían infiltrado las regiones rurales de Vietnam
del Sur, donde los aldeanos los protegían. Justo éste fue
el modelo que Rusia repitió cuando, en 1979, se autoinvitó
a Afganistán. Nadie en el "mundo libre" tiene duda de que Rusia
invadió Afganistán. Tras la Glasnost, hasta un ministro del
Exterior soviético calificó de "ilegal e inmoral" la invasión
soviética de Afganistán.18 Pero no ha habido una
introspección parecida en Estados Unidos. En 1984, en una impresionante
revelación, Chomsky escribió: "Durante los pasados 22 años,
he buscado alguna referencia en el periodismo y en estudios académicos
mainstream a una invasión estadunidense de Vietnam del Sur en
1962 (o en cualquier momento) o un ataque estadunidense contra Vietnam
del Sur o una agresión estadunidense en Indochina –sin éxito.
No ocurrió tal suceso en la historia. En vez, se habla de una defensa
estadunidense
de Vietnam del Sur contra los terroristas apoyados por el exterior (o sea,
de Vietnam).19
La invasión que no existió
¡No ocurrió tal suceso
en la historia!
En 1962, la fuerza aérea estadunidense
comenzó a bombardear el Vietnam del Sur rural, donde vive 80% de
la población. El bombardeo duró más de una década.
Miles de personas murieron. La idea era bombardear a una escala tal que
provocara una migración de pánico de las aldeas a las ciudades,
donde la gente podría ser retenida en campamentos de refugiados.
Samuel Huntington se refirió a esto como un proceso de "urbanización".20
(Cuando estuve en la escuela de arquitectura en la India aprendí
sobre urbanización. No recuerdo que el bombardeo aéreo hubiera
sido parte del plan de estudios). Huntington –ahora famoso por su ensayo
"¿El choque de civilizaciones?"– era, en ese momento, presidente
del Consejo de Estudios Vietnamitas del Grupo Consejero de Desarrollo de
Asia del Sudeste. Chomsky lo cita describiendo al Vietcong como "una poderosa
fuerza que no puede ser desvinculada de su bases mientras sus bases sigan
existiendo".21 Huntington recomendaba "una aplicación
directa de poder mecánico y convencional" –en otras palabras, para
aplastar una guerra del pueblo, elimina al pueblo.22 (O, quizá,
para actualizar la tesis: para prevenir el choque de civilizaciones, aniquila
una civilización.)
He aquí un observador de la
época que habla sobre las limitaciones del poder mecánico
de Estados Unidos: "El problema es que las máquinas estadunidenses
no son capaces de matar a los soldados comunistas sin usar una política
de tierra-quemada que también destruye todo lo demás".23
Ahora, ese problema ya está resuelto. No con bombas menos destructivas,
sino con un lenguaje más imaginativo. Hay una manera más
elegante de decir "que también destruye todo lo demás". La
frase es "daño colateral".
Y he aquí un relato de primera
mano de lo que las "máquinas" de Estados Unidos (Huntington las
llamó "instrumentos de modernización" y los oficiales del
Pentágono las llamaron "bomb-o-grams") pueden hacer.24
Este es T.D. Allman volando sobre la Llanura de Jars en Laos:
"Aunque la guerra en Laos terminara
mañana, la restauración de su equilibrio ecológico
podría tomar años. La reconstrucción de los pueblos
y aldeas totalmente destruidos en la llanura también podría
tardarse igual. Aunque se hiciera esto, podría ser peligroso que
los humanos vivieran en la llanura debido a que hay cientos de miles de
bombas sin estallar, minas y trampas explosivas.
"Un reciente vuelo sobre la Llanura
de Jars reveló lo que menos de tres años de bombardeo intenso
estadunidense le puede hacer a una zona rural, aún después
de que su población civil fue evacuada. En grandes áreas,
el color tropical básico –verde luminoso– fue remplazado por un
abstracto dibujo en negro y brillantes colores metálicos. Gran parte
del follaje restante está atrofiado, opacado por los defoliantes.
"Hoy, el negro es el color dominante
en los extremos norte y este de la llanura. Se deja caer napalm con regularidad
para quemar el pasto y la maleza que cubre las llanuras y llena muchas
de sus estrechas barrancas. Parecería que el fuego arde constantemente,
creando rectángulos negros. Durante el vuelo, columnas de humo podían
verse ascendiendo de las zonas recién bombardeadas.
"Las rutas principales, que conducen
a la llanura desde el territorio en manos de los comunistas, son bombardeadas
sin piedad, al parecer sin parar. Ahí, y por el borde de la llanura,
el amarillo es el color dominante. Toda la vegetación fue destruida.
Los cráteres son incontables... El área ha sido bombardeada
tantas veces que la tierra semeja el desierto cacarizo y agitado de las
zonas azotadas por tormentas en el desierto norafricano.
Más hacia el sudeste, Xieng
Khouangville –alguna vez el pueblo más poblado en Laos comunista–
yace vacío, destruido. Al norte de la llanura, el pequeño
centro vacacional de Khang Khay también fue destruido.
"Alrededor del campo de aterrizaje
en la base de King Kong, los principales colores son el amarillo (de la
tierra levantada) y el negro (del napalm), con brillantes parches rojos
y azules: los paracaídas usados para dejar caer los abastecimientos.
"Los últimos habitantes locales
eran sacados en transporte aéreo. Las hortalizas abandonadas, que
nunca serán cosechadas, crecen cerca de casas abandonadas con platos
todavía en las mesas y calendarios en las paredes".25
(En los "costos" de la guerra nunca
se cuentan a los pájaros muertos, los animales carbonizados, los
peces asesinados, los insectos incinerados, las fuentes de agua envenenadas,
la vegetación destruida. Rara vez se menciona la arrogancia de la
raza humana hacia otros seres vivos con los cuales comparte este planeta.
Todos estos son olvidados en la lucha por los mercados y las ideologías.
Esta arrogancia probablemente será lo que deshaga a la raza humana.)
Capa tras capa
La pieza central de For reasons
of state es un ensayo llamado "La mentalidad de los chicos del cuarto
trasero", en el cual Chomsky ofrece un análisis extraordinariamente
sutil y exhaustivo de los "Papeles del Pentágono" (Pentagon Papers),
los cuales, dice, "proveen evidencia documentada de una conspiración
para usar la fuerza en asuntos internacionales en violación de la
ley".26 Aquí también, Chomsky señala el
hecho de que mientras el bombardeo de Vietnam del Norte en cierta medida
se discute en los "Papeles del Pentágono", la invasión de
Vietnam del Sur escasamente merece una mención.27
Los "Papeles del Pentágono"
son fascinantes, no como documentación sobre la historia de la guerra
estadunidense en Indochina, sino para comprender las mentes de los hombres
que lo planearon y ejecutaron. Es fascinante estar al tanto de las ideas
que andaban en el aire, las sugerencias que se hacían, las propuestas
que se planteaban. En una sección llamada "La mente asiática
–la mente estadunidense", Chomsky examina la discusión de la mentalidad
del enemigo que "estoicamente acepta la destrucción de la riqueza
y la pérdida de vidas", mientras que "nosotros queremos vida, felicidad,
riqueza, poder", y para nosotros "la muerte y el sufrimiento son elecciones
irracionales cuando existen otras alternativas".28 Así
que aprendemos que los asiáticos pobres, supuestamente porque no
pueden comprender el significado de la felicidad, la riqueza y el poder,
invitan a Estados Unidos a llevar esta "lógica estratégica
a su conclusión, que es el genocidio". Pero entonces "nosotros"
nos resistimos porque "el genocidio es una terrible carga".29
(Eventualmente, claro, "nosotros" proseguimos y cometimos genocidio de
todos modos, y luego aparentamos que en realidad no había pasado
nada.)
Claro, los "Papeles del Pentágono"
también contienen algunas moderadas propuestas.
Es probable que los ataques a blancos
en la población (per se) no sólo creen una contraproducente
ola de repulsión en el extranjero y en casa, sino que también
incrementen enormemente el riesgo de agrandar la guerra con China y la
Unión Soviética. La destrucción de esclusas y presas,
sin embargo –si se maneja con cuidado–, podría... ser prometedor.
Debe ser estudiado. Tal destrucción no mata ni ahoga gente. Con
el tiempo, inundar el arroz acarrea una hambruna generalizada (¿más
de un millón?) a menos de que provean de alimentos –lo cual nosotros
podríamos ofrecer "en la mesa de negociaciones".30
Capa tras capa, Chomsky desmantela
el proceso de toma de decisiones usado por los funcionarios del gobierno
estadunidense para revelar en su centro el despiadado corazón de
la máquina de guerra estadunidense, completamente aislado de las
realidades de la guerra, enceguecido por la ideología, y dispuesto
a aniquilar a millones de seres humanos, civiles, soldados, mujeres, niños,
aldeas, ciudades completas, ecosistemas completos –con métodos de
brutalidad perfeccionadas científicamente.
He aquí un piloto estadunidense
hablando sobre las alegrías del napalm:
"De verdad estamos contentos con
estos chicos del cuarto trasero en Dow. El producto original no era tan
chingón –si los gooks eran rápidos podían quitárselo.
Así que los chicos comenzaron a añadirle poliestireno– ahora
se pega como la mierda a una cobija. Pero entonces, si los gooks
se echaban al agua dejaba de quemarles, así que comenzaron a añadirle
Willie Peter [fósforo blanco] para que quemara mejor. Ahora quema
hasta debajo del agua. Y una gota es suficiente, seguirá quemando
hasta el hueso así que de todos modos morirán por envenenamiento
de fósforo".31
Así que los gooks suertudos
fueron aniquilados por su propio bien. Mejor Muerto que Rojo.
Gracias a los seductores encantos
de Hollywood y al irresistible atractivo de los medios masivos estadunidenses,
todos estos años después el mundo ve la guerra como una historia
estadunidense.
Indochina
contribuyó con el telón de fondo tropical y exuberante en
el cual Estados Unidos realizó sus fantasías de violencia,
probó su más reciente tecnología, promovió
su ideología, examinó su consciencia, agonizó por
sus dilemas morales y se ocupó de su sentimiento de culpa (o pretendió
hacerlo). Los vietnamitas, los camboyanos y los laosianos sólo eran
parte del escenario. Sin nombre, sin rostro, humanoides de ojos rasgados.
Eran simplemente los que murieron. Gooks.
La única lección verdadera
que el gobierno estadunidense aprendió de la invasión de
Indochina fue cómo librar una guerra sin tener que enviar tropas
estadunidenses ni arriesgar vidas estadunidenses. Así que ahora
tenemos guerras que se libran con misiles crucero de largo alcance, Black
Hawks, "bunker busters" [destroza-bunkers]. Guerras en las que los
"aliados" pierden más periodistas que soldados.
Chompsky
Como niña que creció
en Kerala, en el sur de la India –donde el primer gobierno comunista democráticamente
electo en el mundo llegó al poder en 1959, el año en que
nací– me preocupaba muchísimo ser una gook. Kerala
estaba a sólo unas cuantas miles de millas al oeste de Vietnam.
Teníamos junglas y ríos y campos de arroz, y también
comunistas. Me imaginaba a mi madre, mi hermano y yo salir volando de los
arbustos a causa de una granada; o masacrados, como los gooks en las películas,
por un marine estadunidense con brazos musculosos y chicle y estruendosa
música de fondo. En mis sueños, yo era la niña que
ardía en la famosa foto tomada en el camino de Trang Bang.
Como alguien que creció en
el filo de la propaganda estadunidense y soviética (que más
o menos se neutralizaban), la primera vez que leí a Noam Chomsky
se me ocurrió que su ordenamiento de la evidencia, el monto de ésta,
su carácter implacable, era un poco –¿cómo decirlo?–
demente. Una cuarta parte de la evidencia que había juntado habría
bastado para convencerme. Me preguntaba por qué tenía que
hacer tanto trabajo. Pero ahora comprendo que la magnitud y la intensidad
del trabajo de Chomsky es un barómetro de la magnitud, alcance y
carácter implacable de la máquina de propaganda a la que
se enfrenta. Es como la carcoma que vive en el tercer estante de mi librero.
Día y noche oigo sus mandíbulas mascando a través
de la madera, reduciéndola a un fino polvo. Es como si no estuviera
de acuerdo con la literatura y quisiera destruir la estructura misma en
la que descansa. Yo la llamo Chompsky.
Ser un estadunidense que trabaja
en Estados Unidos y que escribe para convencer a los estadunidenses
de su punto de vista en verdad debe ser como hacer un túnel a través
de la dura madera. Chomsky forma parte de una pequeña banda de individuos
que lucha contra una industria entera. Y eso lo hace no sólo brillante,
sino heroico.
Hace algunos años, en una
conmovedora entrevista con James Peck, Chomsky habló de sus recuerdos
del día en que Hiroshima fue bombardeada. Tenía 16 años:
"Recuerdo que literalmente no podía hablar con nadie. No había
nadie. Me fui a estar solo. Cuando escuché lo que había ocurrido
estaba en un campamento de verano y me metí al bosque y me quedé
solo un par de horas. Nunca pude hablar con alguien al respecto y nunca
pude entender la reacción de los demás. Me sentí completamente
aislado".32
Ese aislamiento produjo a uno de
los más grandes y más radicales pensadores públicos
de nuestro tiempo. Cuando el sol se ponga sobre el imperio estadunidense,
como lo hará, como debe hacerlo, el trabajo de Noam Chomsky sobrevivirá.
Señalará con un dedo impasible y acusador al despiadado imperio
maquiavélico, tan cruel, santurrón e hipócrita como
los que ha remplazado. (La única diferencia es que está armado
con una tecnología que puede provocar una devastación en
el mundo como jamás se ha conocido en la historia y que la raza
humana ni siquiera puede imaginar.)
Como la gook que pude haber
sido, y quién sabe, quizá como una gook en potencia, difícilmente
pasa un día en el que no me descubra pensando –por una razón
u otra– "Chomsky Zindabad**".
(Traducción: Tania Molina
Ramírez. Se reproduce con autorización de la escritora.
Copyright
Arundhati Roy
2004)
N DE LA T:
*Términos despectivos usados
para referirse a los asiáticos, los africanos y los nativos del
Medio Oriente.
** "Larga vida para Chomsky".
NOTAS DE LA AUTORA
1. R.W. Apple, Jr., "Bush
Appears in Trouble Despite Two Big Advantages," The New York Times,
04/08/88, p. A1. Bush hizo este comentario cuando se rehusó a disculparse
por haber derribado un avión de pasajeros iraní, matando
a 290 pasajeros. Ver Lewis Lapham, Theater of War (New York: New
Press, 2002), p. 126.
2 Chomsky es el primero en
señalar que otros pioneros analistas de medios incluyen a su, en
muchas ocasiones, coautor, Edward Herman, a Ben Bagdikian (cuyo clásico
The
media monopoly, de 1983, narra la censura de Counter-Revolutionary
Violence, de Chomsky y Herman), y a Herbert Schiller.
3 Paul Betts, "Ciampi Calls
for Review of Media Laws," Financial Times (London), 24/07/02, p.
8. Para un panorama general de las participaciones en acciones de Berlusconi,
ver Ketupa.net Media Profiles: http://www.ketupa.net/berlusconi1.htm.
4. Ver Sabin Russell, "U.S.
Push for Cheap Cipro Haunts AIDS Drug Dispute," San Francisco Chronicle,
08/11/01, p. A13; Frank Swoboda y Martha McNeil Hamilton, "Congress Passes
$15 Billion Airline Bailout," The Washington Post, 22/09/01, p.
A1.
5. Presidente George W. Bush
Jr.,
"President Bush’s Address on Terrorism Before a Joint Meeting of Congress,"
The New York Times, 21/09/01, p. B4.
6. Dan Eggen, "Ashcroft Invokes
Religion In U.S. War on Terrorism," The Washington Post, 20/02/02,
p. A2.
7. Presidente George W. Bush
Jr.,
"Bush’s Remarks on U.S. Military Strikes in Afghanistan," The New York
Times, 08/10/01, p. B6.
8. Presidente George W. Bush
Jr.,
Comentarios en las oficinas centrales de la FBI, Washington, D.C., 10/10/01,
Federal Document Clearinghouse.
9. Ver Howard Zinn, A
People’s History of the United States: 1492–Present, edición
del 20 aniversario (New York: HarperCollins, 2001).
10. Bob Marley y N.G. Williams
(también conocido como King Sporty), "Buffalo Soldier."
11. Noam Chomsky, "The Manufacture
of Consent," en The Chomsky Reader, ed. James Peck (New York: Pantheon,
1987), pp. 121–22.
12. Ver Jim Miller, "Report
From the Inferno," Newsweek, 07/09/81, p. 72, Review of Committee
for the Compilation of Materials on Damage Caused by the Atomic Bombs in
Hiroshima and Nagasaki, Hiroshima and Nagasaki: The Physical, Medical,
and Social Effects of the Atomic Bombings (New York: Basic, 1981).
13. David E. Sanger, "Bush
to Formalize a Defense Policy of Hitting First," The New York Times,
17/06/02, p. A1; David E. Sanger, "Bush Renews Pledge to Strike First to
Counter Terror Threats," The New York Times, 20/07/02, p. A3. También
ver The National Security Strategy of the United States of America,
20/09/02:
14. Ver Terence O’Malley,
"The Afghan Memory Holds Little Room for Trust in US," Irish Times,
15/10/01, p. 16.
15. Ver Anthony Arnove, ed.,
Iraq Under Siege: The Deadly Impact of Sanctions and War, 2nd ed.
(Cambridge: South End Press; London: Pluto Press, 2002).
16. Ver Noam Chomsky, "Memories,"
reseña de In Retrospect por Robert McNamara (New York: Times
Books, 1995), en Z magazine (julio–agosto 1995). Disponible en http://www.zmag.org/.
17. "Myth and Reality in
Bloody Battle for the Skies," The Guardian (London), 13/10/98, p.
15.
18. Bill Keller, "Moscow
Says Afghan Role Was Illegal and Immoral," The New York Times, 24/10/89,
p. A1.
19. Noam Chomsky, "Afghanistan
and South Vietnam," en The Chomsky Reader, ed. Peck, p. 225.
20. Samuel P. Huntington,
"The Bases of Accommodation," Foreign Affairs 46: 4 (1968): 642–56.
Citado por Noam Chomsky en At War with Asia (New York: Vintage Books,
1970), p. 87.
21. Samuel P. Huntington,
"The Clash of Civilizations?" Foreign Affairs 72: 3 (verano 1993):
22–49.
22. Huntington, "The Bases
of Accommodation." Citado por Chomsky en At War with Asia, p. 87.
23. T. D. Allman, "The Blind
Bombers," Far Eastern Economic Review 75: 5 (29/01/72): 18–20. Citado
por Noam Chomsky en For Reasons of State (New York: New Press, 2003), p.
72.
24. Chomsky, For Reasons
of State, p. 72; Chomsky, At War with Asia, p. 87; y Lapham,
Theater
of War, p. 145.
25. T. D. Allman, "The War
in Laos: Plain Facts," Far Eastern Economic Review 75: 2 (January
8, 1972): 16. Citado por Chomsky en For Reasons of State, pp. 173–74.
26. Chomsky, For Reasons
of State, p. 18. También ver Noam Chomsky, "The Pentagon Papers
as Propaganda and as History," en Noam Chomsky y Howard Zinn, ed., The
Pentagon Papers: The Defense Department History of United States Decisionmaking
on Vietnam: The Senator Gravel Edition: Critical Essays (Boston: Beacon
Press, 1971–72), Vol. 5, pp. 79–201.
27. Chomsky, For Reasons
of State, pp. 67 and 70.
28. William Pfaff, Condemned
to Freedom: The Breakdown of Liberal Society (New York: Random
House, 1971), pp. 75–77. Citado por Chomsky en For Reasons of State,
p. 94.
29. Pfaff, Condemned to
Freedom, pp. 75–77. Chomsky, For Reasons of State, pp. 94–95.
30. The Pentagon Papers,
Volumen 4, p. 43. Citado por Chomsky en For Reasons of State, p.
67.
31. Philip Jones Griffiths,
Vietnam Inc., 2nd ed. (New York: Phaidon, 2001), p. TK. La primera
edición es citada por Chomsky en For Reasons of State, pp.
3–4.
32 Noam Chomsky, entrevista
realizada por James Peck, en The Chomsky Reader, ed. Peck, p. 14. |