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en español - Octubre de 2004
El recurso
de la fuerza
Noam
Chomsky *
Tal como
explicó Colin Powell ante el público hostil del Foro Económico
Mundial en septiembre de 2002, según su Estrategia de Seguridad
Nacional (ESN), Washington se adjudica la "soberana potestad de utilizar
la fuerza para defenderse" de aquellas naciones que poseen armas de destrucción
masiva (ADM) y que cooperan con terroristas: pretextos oficiales para invadir
Irak. La falsedad de tales pretextos es bien conocida, pero hubo poca reacción
ante su secuela más importante: la manera en que se amplió
el concepto de "agresión" en la ESN. La urgencia de establecer vínculos
con el terrorismo fue discretamente soslayada. Más aún, Bush
y sus colegas manifestaron su derecho de recurrir a la fuerza incluso si
el país de marras no posee ADM o planes para fabricarlas. Basta
con que revele "la intención y capacidad" para lograrlo. Casi todos
los países cuentan con la capacidad, y la intención depende
según quién la juzgue. La doctrina oficial, entonces, es
que cualquier país está en posibilidad de lanzar un ataque
devastador. Colin Powell amplió los conceptos todavía más
al decir que la razón asistía al Presidente en su ataque
a Irak debido a que Saddam no sólo tenía "la intención
y capacidad", sino que ya antes había "utilizado esas terribles
armas contra sus enemigos en Irán y contra su propio pueblo"; olvidando
mencionar que aquél lo logró, como de costumbre, con el apoyo
y la subvención del propio Powell y sus socios. Condoleezza Rice
aportó una versión similar. Con tales razonamientos, ¿quién
está exento de la agresión? No sorprende que, según
Reuters, "si los iraquíes vieran a Saddam Hussein encadenado, quisieran
asimismo ver a sus aliados estadounidenses a su lado".
En su desesperado afán por
fabricar justificaciones a medida que cada pretexto iba cayendo por tierra,
la administración y sus comentaristas evadieron el verdadero motivo
de la invasión: establecer las primeras bases militares fijas en
un país socio, ubicado en el eje de los principales recursos energéticos
del mundo y señalado desde la Segunda Guerra Mundial como una "generosa
fuente de energía estratégica", cuya importancia, según
pronósticos, sería mayor en el futuro. No es novedad que
la administración planeaba atacar Irak antes del 11 de Septiembre
y que menguó su "guerra contra el terror" en favor de este objetivo.
En el diálogo interno, las evasivas son innecesarias. Mucho antes
de llegar al poder, el club privado de estadistas reaccionarios había
decidido que "la necesidad de una fuerte presencia militar estadounidense
en el golfo antecede la oposición al régimen de Saddam Hussein".
A través de los vaivenes en materia política desde que los
actuales dirigentes tomaron el poder en 1981, una noción común
se mantiene inmutable: el pueblo iraquí no debe gobernar Irak.
La Estrategia de Seguridad Nacional
de 2002 y su puesta en práctica en Irak se considera sin lugar a
dudas un parteaguas en asuntos internacionales. "El nuevo método
es revolucionario", escribe Henry Kissinger, aprobando la doctrina, aunque
con cierta reserva táctica y una aseveración cardinal: no
puede ser "un principio universal disponible para toda nación."
El derecho de agresión debe reservarse para los Estados Unidos y
quizás sus socios elegidos. Debemos rechazar el más elemental
de los axiomas morales, el principio de la universalidad, una postura generalmente
soterrada en discursos de intenciones altruistas y tortuosa legalidad.
Arthur Schlesinger admite que la
doctrina y la puesta en práctica son "revolucionarias", pero desde
una posición diametralmente opuesta. Cuando las primeras bombas
cayeron sobre Bagdad, recordó las palabras de F. D. Roosevelt después
del ataque a Pearl Harbor, "una fecha que vivirá en la infamia".
Ahora son los estadounidenses quienes viven en la infamia, escribe Schlesinger,
ya que su gobierno ha adoptado la estrategia del imperio japonés.
Agregó que George Bush había convertido un "alud global de
condolencia" para Estados Unidos en un "alud global de odio a la arrogancia
y el militarismo estadounidense". Un año más tarde, el "descontento
hacia Estados Unidos y su política, lejos de declinar, se ha intensificado".
Incluso en Inglaterra el apoyo a la guerra ha decrecido una tercera parte.
Según lo previsto, la guerra
aumentó la amenaza del terrorismo. Fawaz Gerges, experto en asuntos
del Medio Oriente, opina que resulta "sencillamente inusitado cómo,
la guerra renovó el clamor por un Islam combativo, lo cual estaba
en verdadero declive después del 11 de Septiembre". El reclutamiento
para las redes de Al Qaeda aumentó e Irak se convirtió en
"refugio de terroristas" por vez primera. Los ataques suicidas en 2003
alcanzaron el nivel más alto de la época moderna; Irak sufrió
su primer caso desde el siglo XIII. La opinión competente en general
concluye que la guerra también condujo a la proliferación
de armas de destrucción masiva.
Durante la víspera del aniversario
a la invasión de Irak, la estación central de trenes en Nueva
York estuvo vigilada por policías armados con metralletas, quizá
como respuesta a los bombardeos del 11 de marzo en Madrid, el peor crimen
terrorista en Europa, donde murieron 200 personas. Días después,
el electorado español destituyó al gobierno que optó
por la guerra a pesar de una abrumadora oposición popular. A los
españoles se les reprochó por ceder al terrorismo al votar
por el retiro de sus tropas sin previa autorización de la ONU; o
sea, por asumir una posición similar al 70 por ciento de la población
estadounidense, que exigió que la ONU tomara cartas en el asunto
de Irak.
Bush aseguró a los estadounidenses
que "hoy el mundo está más seguro porque en Irak nuestra
coalición terminó con un régimen que cultivaba vínculos
terroristas y construía armas de destrucción masiva". Los
asesores del presidente saben que cada palabra es falsa, pero también
saben que las mentiras pueden convertirse en verdad, si se repiten con
la frecuencia adecuada.
Existe amplio consenso entre los
expertos acerca de cómo reducir la amenaza del terrorismo (y me
refiero a la subcategoría genérica políticamente aceptada,
o sea el terrorismo contra Estados Unidos), pero también existe
acuerdo acerca de cómo provocar ciertas atrocidades terroristas,
que pueden llegar a ser realmente espantosas. Jason Burke ha explicado
bien dicho consenso en su estudio sobre el fenómeno de Al Qaeda,
y nos brinda la investigación más detallada y mejor informada
sobre ese desperdigado revoltijo de musulmanes radicales de quienes Bin
Laden es apenas un símbolo (quizá más peligroso después
de muerto, al convertirse en mártir que inspire a otros a unirse
a su causa). El papel de los actuales inquilinos de Washington, en su fase
reaganoide, que consiste en forjar redes islámicas radicales, es
un lugar común. Menos divulgada ha sido su tolerancia a la inclinación
de Pakistán hacia el extremismo radical de Islam y su desarrollo
de armas nucleares.
Como señala Burke, los bombardeos
de Clinton en 1998 sobre Sudán y Afganistán erigieron a bin
Laden como un símbolo y propiciaron nexos filiales entre éste
y el Talibán, provocando un aumento tangible en la ayuda, el reclutamiento,
y el subsidio de Al Qaeda, organización que hasta entonces era virtualmente
desconocida. Otra contribución importante al auge de Al Qaeda en
beneficio de Bin Laden fue el bombardeo de Bush sobre Afganistán
después del 11 de Septiembre, emprendido sin un pretexto factible
como más adelante fue morosamente reconocido. Por tanto, el mensaje
de Bin Laden "se pregonó alrededor del mundo, entre decenas de millones
de gentes, sobre todo, entre la juventud y los desesperados", escribe Burke,
examinando el aumento en el terrorismo global y la creación "de
un nuevo tropel de terroristas" afiliados a lo que consideran una "lucha
entre el bien y el mal", visión que comparten Bin Laden y Bush.
Según lo observado, la invasión de Irak ha tenido el mismo
efecto.
Tras citar numerosos ejemplos, Burke
concluye que "cada vez que se hace uso de la fuerza se otorga otra pequeña
victoria a Bin Laden", quien "está ganando", ya sea vivo o muerto.
Muchos analistas comparten el criterio de Burke, incluyendo a varios previos
jefes de los Servicios Generales de Seguridad y de la inteligencia militar
israelí.
Existe también amplio consenso
sobre la acción indicada frente al terrorismo. Debe tener dos frentes:
dirigida tanto a los terroristas en sí como a las reservas de posible
apoyo. La respuesta adecuada a los embates terroristas es la el trabajo
policíaco que ha demostrado su eficacia en el mundo entero. Más
importante aún es el amplio electorado que los terroristas, quiénes
se consideran vanguardia, procuran movilizar, ya que no obstante que muchos
de ellos odian y temen a los terroristas, piensan que éstos luchan
por una causa justa. Podemos ayudar a que esta vanguardia movilice esta
reserva de apoyo por medio de la violencia, o podemos reconocer los "innumerables
agravios", muchos de ellos legítimos, que son "las causas medulares
de la militancia islámica moderna". Eso pudiera reducir de manera
perceptible la amenaza del terrorismo, y se debiera emprender al margen
de dicho objetivo.
La violencia puede tener éxito,
tal como los estadounidenses han demostrado con la conquista del territorio
nacional. Pero a qué precio. Puede también provocar violencia
en respuesta, y mucha. Enardecer el terrorismo no es el único recurso.
Existen otros aún más peligrosos.
En febrero de 2004, Rusia efectuó
los ejercicios militares más prominentes en dos decenios, luciendo
flamantes ADM bastante avanzadas. Los militares rusos y el ministro de
la Defensa Sergei Ivanov anunciaron que respondían a la estrategia
de Washington de "fabricar armas nucleares como instrumentos para resolver
tareas militares", incluyendo el desarrollo de novedosas armas nucleares
de "bajo rendimiento", a su juicio "una empresa peligrosa en demasía,
que está vulnerando la estabilidad global y regional..., aumentando
la posibilidad de su implementación en la práctica". El analista
estratégico Bruce Blair escribe que Rusia sabe de sobra que los
nuevos "rompebúnkers" estadounidenses están diseñados
para penetrar los "refugios antinucleares de comandos de alto nivel" que
controlan su arsenal nuclear. Ivanov y los generales rusos han divulgado
que, en respuesta a la escalada de los Estados Unidos, Rusia está
desplegando "el misil más avanzado del mundo", virtualmente imposible
de destruir, algo que "alarma mucho al Pentágono", dice el ex subsecretario
de la Defensa estadounidense Phil Coyle. Los analistas de los Estados Unidos
sospechan que Rusia está duplicando su proyecto de un vehículo
hipersónico que puede reentrar en la atmósfera desde el espacio
y lanzar ataques devastadores sin previo aviso; dicho vehículo forma
parte de sus planes para reducir la dependencia en bases de ultramar y
para evitar las enfadosas negociaciones de rutas aéreas.
Los analistas en Estados Unidos estiman
que los gastos militares rusos se han triplicado durante la gestión
de Putin, en gran medida como reacción a la militancia y a la agresividad
de la administración Bush. Putin e Ivanov citaron la doctrina de
Bush del "ataque preventivo" (la nueva doctrina "revolucionaria" de la
Estrategia de Seguridad Nacional) pero "agregaron un detalle decisivo,
al mencionar que la fuerza militar puede ser utilizada si existe una tentativa
de restringir el acceso de Rusia a las regiones que son esenciales para
su supervivencia", adaptando así para Rusia la doctrina de Clinton
que los Estados Unidos tienen derecho a recurrir al "uso unilateral de
la fuerza militar" para asegurarse "acceso ilimitado a los mercados vitales,
a las fuentes de energía, y a los recursos estratégicos".
El mundo "es un lugar mucho más inseguro" ahora que Rusia ha decidido
seguir el ejemplo de los Estados Unidos, dijo Fiona Hill, de Brookings
Institution, agregando que otros países "quizá seguirán
el ejemplo".
Se ha dado ya el caso en los sistemas
automáticos de emergencia rusos que han estado a minutos de lanzar
un ataque nuclear: se evitaron sólo por intervención humana.
Dichos sistemas se han deteriorado; y si bien los sistemas estadounidenses
son mucho más eficaces, también resultan más peligrosos,
ya que dan un plazo de tres minutos para el juicio humano después
de que las computadoras advierten sobre un ataque de misiles, como lo hacen
con frecuencia. El Pentágono también ha encontrado defectos
graves en sus sistemas de seguridad computacional que pueden permitir que
algún hacker terrorista tome control y simule un ataque; "un accidente
que sólo aguarda el momento para suceder", escribe Bruce Blair.
Estos peligros siguen aumentando debido a las amenazas y el uso de la violencia.
Y la preocupación sólo
aumenta ante el reciente descubrimiento de que los presidentes de los Estados
Unidos han estado "sistemáticamente" mal informados acerca de los
efectos de una guerra nuclear. El nivel de destrucción "se ha subestimado
de manera grave" debido a la carencia de investigación científica
por parte de las "burocracias aisladas" que proporcionan análisis
"sobre una guerra nuclear limitada y con posibilidades de triunfo, la miopía
institucional que predomina puede resultar catastrófica", mucho
más que la manipulación de datos sobre Irak.
La administración de Bush
programó el despliegue inicial de un sistema de defensa a base de
misiles para el verano de 2004, un acto criticado como "totalmente político",
ya que emplea tecnología aún no probada, a un alto costo.
Una crítica más a fondo revela que el sistema pudiera parecer
confiable, pero en la lógica de la guerra nuclear, lo que cuenta
es la opinión. Tanto los estrategas en Estados Unidos como sus objetivos
potenciales consideran la defensa con misiles como la primera línea
de ataque, ya que pudiera proporcionar mayor libertad para la agresión,
incluyendo un ataque nuclear. Y todos saben cómo Estados Unidos
respondió ante el despliegue ruso de un sistema muy elemental de
misiles antibalísticos (MAB) en 1968: apuntando al sistema con la
mirilla de armas nucleares para asegurarse de eliminarlo en un instante.
Los expertos advierten que los planes actuales de los Estados Unidos también
provocarían una reacción de China. La historia y la lógica
de la disuasión "nos recuerdan que los sistemas de defensa a base
de misiles conducen a la elaboración de programas de ofensiva nuclear":
la iniciativa de Bush despertará otra vez la amenaza contra su país
y el resto del mundo.
La reacción de China puede
ocasionar respuestas similares en India, Pakistán, y aun más
allá. En Asia Occidental, Washington está incrementando la
amenaza que suponen las armas nucleares de Israel y otras ADM, al dar a
Israel más de cien aviones bombarderos, anunciando que éstos
pueden llegar a Irán y regresar, ya que son una versión avanzada
de los que Israel utilizó para destruir un reactor iraquí
en 1981. La prensa israelí agrega que Estados Unidos está
proveyendo de armamento "especial" para la fuerza aérea israelí.
No hay razones para dudar que Irán y otros servicios de inteligencia
estén observando muy de cerca y quizás estén llegando
a la peor conclusión: que se trata de armas nucleares. Los subterfugios
y el envío de aviones se pudieran considerar un cebo para confundir
a la dirigencia iraní y quizás provocar una maniobra que
pudiera utilizarse como pretexto para un ataque.
En septiembre de 2002, inmediatamente
después de que se diera a conocer la ESN, Estados Unidos se aprestó
a cerrar negociaciones de un acuerdo ejecutivo sobre armas biológicas
y bloqueó esfuerzos internacionales para prohibir ataques biológicos
y la militarización del espacio. Un año más tarde,
en la Asamblea General de la ONU, los Estados Unidos votó, sin apoyo
alguno, contra la implantación del Tratado para la Prohibición
Completa de Ensayos Nucleares (TPCEN) y sólo con su nuevo aliado,
la India, votó contra los planes para la eliminación de armas
nucleares. Los Estados Unidos también fue el único en votar
en contra del "establecimiento de normas ambientales", en acuerdos de desarme
y del control de armamentos, y sólo con el apoyo de Israel y Micronesia
en contra de propuestas para evitar la proliferación nuclear en
el Oriente Medio: el pretexto para invadir Irak. La resolución para
evitar la militarización del espacio se aprobó con 174 votos
contra 0, con cuatro abstenciones: Estados Unidos, Israel, Micronesia,
y las islas Marshall. Como ya se ha dicho antes, un voto negativo o una
abstención de los Estados Unidos constituyen un doble veto: la resolución
se bloquea y se elimina de la agenda y de la historia.
Los estrategas de Bush saben tan
bien como cualquiera que al recurrir a la fuerza se aumenta la amenaza
terrorista, y que su postura y actos bélicos provocan reacciones
que aumentan el riesgo de una catástrofe. No aspiran a tales resultados,
sino que les asignan poca prioridad en comparación con los intereses
domésticos e internacionales que hacen tan poco esfuerzo en ocultar.
*
Noam Chomsky es profesor de Lingüística y Filosofía
en MIT. El presente artículo es una versión abreviada y ligeramente
adaptada del epílogo para la recién publicada edición
en rústica de su Hegemony or Survival, America's Quest for Global
Dominance (parte de The American Empire Project series, Metropolitan Books).
Las notas al pié de página para el "Epílogo" con referencias
han sido eliminadas en esta versión. La version completa del epílogo
se puede encontrar en an expanded e-book version of Hegemony or Survival.
Copyright (c)2004 Aviva Chomsky,
Diane Chomsky y Harry Chomsky. Reimpreso por acuerdo con Metropolitan Books,
una empresa de Henry Holt and Company, LLC .
[El presente artículo apareció
en Tomdispatch.com, una bitácora electrónica del Nation Institute,
el cual ofrece una continua fuente de recursos, noticias y opiniones alternativas
por parte de Tom Engelhardt, veterano editor y autor de The End of Victory
Culture y de The Last Days of Publishing.]
• Título original:
The Resort to Force
• Autor: Noam Chomsky
• Origen: Tomdispatch.com
• Traducido por Miguel Alvarado
y revisado por Margarita Esther González |