| La
Jornada de México - 31 de Octubre de 2004
Una democracia
aislada
Noam
Chomsky *
Las elecciones
presidenciales de Estados Unidos, apasionantes casi hasta el punto de la
histeria, apenas si representan los impulsos democráticos más
saludables.
Los estadunidenses son alentados
a votar, pero no a participar de manera más significativa en la
política. Esencialmente las elecciones son un método de marginar
a la población. Se organiza una gran campaña de propaganda
para concentrarse en esas personalizadas extravagancias cuatrienales y
para hacer creer que "esto es política". Pero no lo es. Es apenas
una pequeña parte de la política.
La población ha sido cuidadosamente
excluida de la actividad política, y no por accidente. Una enorme
cantidad de tiempo y dinero se ha dedicado a privar a muchos del derecho
de representación. Durante los años 60, la explosión
de participación popular en la democracia aterrorizó a las
fuerzas de la convención, que organizaron una feroz campaña
en contra. Hay demostraciones en la izquierda y en la derecha de que se
intenta empujar a la democracia nuevamente al agujero al cual se cree pertenece.
George W. Bush y John Kerry pueden
postularse porque están financiados básicamente por las mismas
concentraciones de poder que se hallan en manos privadas. Ambos candidatos
entienden que la elección tiene como propósito mantenerse
alejados de temas candentes. Ellos son criaturas de la industria de relaciones
públicas, que mantiene al pueblo fuera del proceso electoral. Todos
se concentran en lo que se define como "cualidades" de los candidatos,
no en su estrategia para gobernar. ¿Es el candidato un líder?
¿Un tipo agradable? Los votantes terminan respaldando una imagen,
no una plataforma.
El mes pasado una encuesta de Gallup
preguntó a entrevistados por qué pensaban votar por Bush
o por Kerry. De una lista de múltiples opciones, apenas 6 por ciento
de los partidarios del candidato republicano y 13 por ciento de los simpatizantes
del demócrata eligieron las agendas/ideas/plataformas/objetivos".
Y eso es lo que prefiere el sistema político. Con frecuencia los
temas que más preocupan a la población no entran con claridad
en el debate.
Un nuevo informe del Consejo de Relaciones
Exteriores de Chicago, que monitorea de manera regular las actitudes estadunidenses
en temas internacionales, ilustra esa desconexión.
Una considerable mayoría de
estadunidenses está en favor de "trabajar con Naciones Unidas, inclusive
si adopta pautas políticas que disgustan a Estados Unidos". La mayoría
de los consultados también creen que "los países deben tener
el derecho de ir a la guerra por su cuenta sólo si tienen fuertes
evidencias de que están en inminente peligro de ser atacados". De
esa manera, rechazan el consenso bipartidista de una "guerra preventiva".
En relación con Irak, las
encuestas del Programa de Actitudes en Materia de Política Internacional
muestran que la mayoría de los estadunidenses están en favor
de permitir a Naciones Unidas asumir el liderazgo en torno a la seguridad,
la reconstrucción y la transición política. En marzo
pasado, los votantes españoles realmente votaron sobre esos asuntos.
Es notable que los estadunidenses
mantengan esos puntos de vista similares (digamos, en la Corte Internacional
de Justicia, o sobre el Protocolo de Kyoto) en virtual aislamiento. Ellos
raramente escuchan esos temas en discursos de campaña, y posiblemente
los considera idiosincráticos. Al mismo tiempo el nivel de activismo
por cambios sociales podría ser mayor que nunca en Estados Unidos.
Pero está desorganizado. Nadie sabe lo que ocurre en el otro lado
de la ciudad.
En contraste, veamos lo que ocurre
con los fundamentalistas cristianos. A comienzos de mes, en Jerusalén,
el líder de la derecha religiosa Pat Robertson aseveró que
pensaba crear un tercer partido si Bush y los republicanos vacilaban en
su respaldo a Israel. Esa es una amenaza grave, pues Robertson está
en condiciones de movilizar a decenas de millones de cristianos evangélicos
que ya forman una significativa fuerza política, gracias a una extensa
labor a lo largo de décadas en numerosos asuntos, y la formación
de candidatos en los niveles que van desde consejos electorales hasta la
presidencia.
Las elecciones presidenciales no
carecen de activismo orientado hacia temas candentes. Durante los comicios
primarios, antes de comenzar la campaña principal, los candidatos
pueden plantear problemas y ayudar a organizar respaldo popular por ellos.
Eso podría influir hasta cierto punto en la campaña. Luego
de las primarias, simples declaraciones tienen un mínimo impacto
si se carece de una organización significativa.
Existe la necesidad de que grupos
progresistas populares crezcan y se hagan lo bastante fuertes como para
que no puedan ser ignorados por los centros de poder. Las fuerzas de cambio
que han surgido de las bases y estremecido la sociedad hasta sus cimientos
incluyen a los movimientos sindical, por los derechos civiles, por la paz,
feminista y a otros, consagrados a una tarea firme, dedicada, a todos los
niveles, cada día, no apenas una vez cada cuatro años.
Pero no se pueden ignorar las elecciones.
Hay que admitir que uno de los dos grupos que está compitiendo por
el poder es extremista y peligroso, ha causado ya muchas dificultades,
y podría causar muchas más. En cuanto a mí, he adoptado
la misma posición que en 2000. Si el lector se halla en un estado
en el cual las encuestas muestran una lucha cabeza a cabeza, debe votar
para impedir que los peores sean elegidos. Si es otro estado, haga lo que
crea mejor. Hay muchas consideraciones a tomar en cuenta.
Bush y su gobierno están comprometidos
de manera pública a desmantelar y
destruir toda legislación
progresista y toda protección a las minorías, algo obtenido
mediante la lucha popular durante el último siglo.
A escala internacional, tratan de
dominar el mundo mediante la fuerza militar, incluida la "propiedad de
espacio" para expandir su vigilancia y para atacar de manera preventiva.
Por tanto, en los próximos
comicios, hay que elegir opciones sensatas. Pero esas son secundarias en
relación con la seria acción política.
La principal tarea es crear una cultura
democrática genuinamente responsable, y el esfuerzo debe concretarse
antes y después de las extravagancias electorales, sin importar
cual sea el resultado.
* Profesor de lingüística
en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge y autor
del libro Hegemony or Survival: America's Quest for Global Dominance,
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