| El
Periódico de Catalunya - 28 de Noviembre
de 2004
Verdad
simple, opción difícil
• Debemos recrear una cultura
democrática en EEUU y aplicar los principios que exigimos a otros
Noam
Chomsky *
Al discutir sobre relaciones internacionales,
el principio fundamental es: nosotros somos buenos. Nosotros es
el Gobierno, una aceptación del concepto totalitario de que el Estado
y el pueblo son uno solo. Nosotros somos benevolentes, buscamos
la paz y la justicia, aunque tal vez cometamos errores en la práctica.
Nosotros
somos engañados por villanos que no están al nivel de nuestros
elevados principios. Los hechos de las últimas semanas, entre ellos
las elecciones en EEUU, el ataque a Faluya, la muerte de Yasir Arafat
y los cambios en el Gobierno de George Bush dan pábulo al
principio enunciado y, a nivel humano, acrecientan el peligro de la guerra
y del terror.
La política militar de Washington
"conlleva un riesgo apreciable de catástrofe final", escriben los
expertos en estrategia John D. Steinbruner y Nancy Gallagher
en la última edición de Daedalus, una revista no muy
dada a la hipérbole. Los autores expresan la esperanza de que la
amenaza será contrarrestada por una coalición de países
amantes de la paz, encabezados por China. Realmente las cosas están
muy mal si debemos confiar en China. La democracia puede hacer algo mejor.
ES LO apremiante. En Irak, 100.000
civiles han muerto como consecuencia directa o indirecta de la invasión
encabezada por EEUU en marzo del 2003, según un estudio publicado
en The Lancet y efectuado por investigadores de la Universidad Johns
Hopkins, que Washington y Londres rechazaron. Y ello sin contar las muertes
recientes en Faluya. El ataque comenzó cuando fuerzas norteamericanas
e iraquís tomaron el Hospital General de Faluya, descrito por oficiales
del Ejército como "un centro de propaganda y arsenal de los resistentes"
desde el cual se habrían difundido "una serie de informes" falsos
"sobre bajas civiles", según informó The New York Times.
Otro artículo del diario señaló: "Pacientes y empleados
del hospital fueron sacados de las habitaciones y se les ordenó
estar sentados o acostados en el suelo mientras los soldados les ataban
las manos a la espalda".
El ataque al hospital es una explícita
violación de la Convención de Ginebra, parte de la "la ley
suprema de los territorios" y base de las modernas leyes humanitarias.
La ley contra crímenes de guerra de 1996 (aprobada por un Congreso
con mayoría republicana) impone la pena de muerte para los mandos
militares responsables de "graves violaciones" de la Convención
de Ginebra.
La ley de crímenes de guerra
también reapareció con la designación del consejero
de la Casa Blanca Alberto Gonzales como secretario de Justicia.
En enero del 2002, en un memorando al presidente acerca de nuevas medidas
en la lucha contra el terrorismo, Gonzales recomendó a Bush
dejar de lado la Convención de Ginebra, pues de esa forma se reducía
"de manera sustancial la amenaza de procesos penales internos bajo la ley
de crímenes de guerra".
Hacer caso omiso de la ley internacional
es un elemento de orgullo para la gente de Bush. Condoleezza Rice,
nombrada por Bush secretaria de Estado, expresó sus puntos
de vista en enero del 2000 en Foreign Affairs, donde criticó
"el atractivo, prácticamente similar a un reflejo condicionado,
de nociones sobre normas y leyes internacionales y la creencia de que el
respaldo de muchos países, o mejor aún, de instituciones
tales como las Naciones Unidas, es esencial para el legítimo ejercicio
del poder".
ACTUALMENTE,el propósito reconocido
de Washington es implantar la democracia en Oriente Próximo. La
muerte de Arafat ofrece otro instructivo caso de la práctica
de la democracia. "La era posterior a Arafat será la última
prueba de una convicción que representa el núcleo del pensamiento
político norteamericano: que las elecciones ofrecen legitimidad,
inclusive a las instituciones más frágiles", escribió
Steven
Erlanger en The New York Times. Pero el artículo plantea
una paradoja: "En el pasado, el Gobierno de Bush se resistió
a la convocatoria de elecciones nacionales palestinas. La idea era que
las elecciones mejorarían la imagen de Arafat y le darían
un renovado mandato, y eso podría dar credibilidad y autoridad a
Hamás".
En resumidas cuentas, la quintaesencia
del pensamiento político norteamericano se aplica si los resultados
son los deseados. De lo contrario, hay que bloquearlos.
La elección presidencial
estadounidense presenta problemas que van más allá de las
presuntas irregularidades en la votación. La elección vale
lo mismo que lanzar una moneda al aire para elegir un rey cuando una de
sus caras pesa más que la otra. Es injusto, pero ahora el asunto
principales es el déficit democrático que padecemos. La evidencia
demuestra que las opiniones de la mayoría de la población
simplemente fueron eliminadas de la campaña, ya fuese dentro de
los partidos o en los temas principales de discusión, con raras
excepciones. El pueblo terminó votando a partir de simples imágenes.
Bush
era el hombre que compartía los valores morales de la mayoría
y podía proteger a EEUU del terrorismo. Y el senador
John Kerry
era el hombre que se preocupaba por la economía y por la salud pública.
Sus campañas fueron lideradas por las mismas personas que venden
pasta de dientes y automóviles. ¿Cómo puede esperarse
de esa gente que diga la verdad?
El déficit democrático
se extiende a las Fuerzas Armadas de EEUU. En mi opinión, si hay
que tenerlas, que sean del pueblo. La jerarquía militar prefiere
un Ejército de voluntarios (con preponderancia de los sectores más
pobres). En Vietnam, el Ejército norteamericano de dió cuenta
de que había cometido un grave error al intentar que un Ejército
de reclutas luchara en una viciosa, brutal guerra colonial.
Tenemos una idea bastante clara
de lo que desean los asesores de Bush, pero lo que podemos esperar
depende de las circunstancias, incluidas aquellas que podemos promover.
Eso debe incluir la creación, y en parte la recreación, de
una cultura democrática que funcione, donde el pueblo participa
de los programas de manera efectiva, y donde aceptamos el principio moral
básico de que aplicamos a nuestro país los mismos estándares
que exigimos a los otros.
* Profesor de Lingüística
del Instituto de Tecnología de Massachusetts.
©Noam Chomsky.
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