Noam Chomsky - rodelu.net |
7 de agosto de 2006
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El Periódico
de Catalunya - 7 de agosto de 2005
El legado de Hiroshima
• La
amenaza militar de Estados Unidos está logrando fomentar la
proliferación nuclear
Noam Chomsky
El aniversario de los bombardeos de Hiroshima
y Nagasaki provoca una sombría reflexión y la más ferviente
esperanza de que el horror no se repita jamás. Durante 60
años, esos bombardeos han afligido la imaginación mundial,
pero no tanto como para frenar el desarrollo y la propagación
de armas de destrucción masiva infinitamente más
letales. Un problema relacionado es que las armas nucleares
pueden caer, más temprano o más tarde, en manos de grupos
terroristas. Los recientes atentados de Londres son otro
recordatorio de que el ciclo de ataque y respuesta puede
escalar, de manera impredecible, hasta superar en horror a
Hiroshima o Nagasaki. Se han realizado esfuerzos para
fortalecer la delgada cuerda de la que pende la supervivencia.
El más importante es el Tratado de No Proliferación Nuclear
(TNPN), de 1970. El TNPN está amenazado de colapso porque los
estados nucleares incumplen sus obligaciones, especialmente
con respecto del Artículo VI. Dicho artículo les apremia a
realizar esfuerzos de "buena fe" para eliminar las armas
nucleares. EEUU es líder en el rechazo a
acatarlo. Mohamed el Baradei, jefe de la Agencia
Internacional de la Energía Atómica, ha dicho que la
"renuencia de una de las partes a cumplir con sus obligaciones
alienta la renuencia de los otros". El expresidente Jimmy
Carter consideró a EEUU "el mayor culpable en esta erosión
del TNPN". Mientras aseguran que están protegiendo al mundo de
la proliferación de amenazas de Irak, Libia, Irán y Corea del
Norte, los líderes norteamericanos no sólo han abandonado las
restricciones existentes en el tratado, sino que también han
reafirmado planes para poner a prueba y desarrollar nuevas
armas, incluyendo misiles antibalísticos, las llamadas bombas
bunker buster, que destruyen construcciones
subterráneas, y tal vez algunas nuevas bombas pequeñas.
También han abandonado las promesas pasadas y ahora amenazan
con un primer uso de armas nucleares contra estados no
nucleares.
LA AMENAZA estuvo a punto de convertirse en
realidad en varias ocasiones en los años que siguieron a
Hiroshima. El caso más conocido fue la crisis de los misiles
en Cuba, en octubre de 1962, "el momento más peligroso de la
historia humana", tal como señaló Arthur Schlesinger,
historiador y exconsejero del presidente John F.
Kennedy, durante una conferencia efectuada en la Habana en
octubre del 2002. El mundo "se salvó por un pelo de un
desastre nuclear", recuerda Robert McNamara, el
secretario de Defensa de Kennedy, quien también asistió
a esa conferencia. En el número de mayo-junio de la revista
Foreign Policy, McNamara acompaña este recuerdo
con una renovada advertencia de un "próximo apocalipsis".
McNamara considera la "actual política de EEUU en armas
nucleares, inmoral, ilegal, innecesaria militarmente y
temiblemente peligrosa", por crear "riesgos inaceptables para
otras naciones y para la nuestra", tanto respecto de "un
lanzamiento nuclear accidental o inadvertido" como de un
ataque nuclear por terroristas. McNamara comparte el
juicio de William Perry, el secretario de defensa del
expresidente Bill Clinton, de que "hay una posibilidad
incluso mayor del 50% de un ataque nuclear contra objetivos de
Estados Unidos dentro de una década". Juicios similares son
también expresados por prominentes analistas estratégicos. En
su libro Nuclear Terrorism, el especialista en
relaciones internacionales de Harvard Graham Allison
informa de que hay consenso en que un ataque con una "bomba
sucia" es "inevitable" y un ataque con un arma nuclear,
altamente posible, si no se considera garantizar la seguridad
de los materiales fisibles el elemento
esencial. Allison describe los éxitos parciales para
lograr este objetivo desde comienzos de 1990, siguiendo las
iniciativas de los senadores Sam Nunn y Richard
Lugar, y el retroceso de estos programas desde los
primeros días del Gobierno de Bush, paralizado por lo
que el senador Joseph Biden llamó "estupidez
ideológica". Los líderes de Washington han dejado de lado
los programas de no proliferación y han dedicado sus energías
y recursos a llevar al país a la guerra por medio de un
extraordinario engaño, tratando luego de manejar la catástrofe
que han creado en Irak. La amenaza y el uso de la violencia
están estimulando la proliferación nuclear, así como el
terrorismo islámico. Un análisis de alto nivel de la
"guerra contra el terrorismo", dos años después de la invasión
de Irak, se ha concentrado en "cómo lidiar con el aumento de
una nueva generación de terroristas, entrenada en Irak durante
los dos años pasados", informó Susan B. Glasser en
The Washington Post. "Altos funcionarios del Gobierno
vuelcan de manera progresiva su atención en anticipar lo que
uno denominó derrame de cientos o miles de
yihadistas adiestrados en Irak, y que luego retornan a
sus países de origen en todo el Oriente Próximo y la Europa
Occidental". Un exfuncionario del Gobierno de Bush dijo
que "es una nueva pieza en una nueva ecuación. Si usted no
sabe quiénes son los miembros de esas fuerzas en Irak, ¿cómo
los va a localizar en Estambul o en Londres?"
EL
ESPECIALISTA en terrorismo Peter Bergen señala en
The Boston Globe que "el presidente tiene razón al
decir que Irak es el principal frente de la guerra al
terrorismo, pero es un frente que nosotros mismos hemos
creado". La probabilidad de un apocalipsis es seguramente
demasiado alta para que cualquier persona en su sano juicio la
contemple impasible. Reaccionar ante la amenaza de otro
Hiroshima es urgente. Particularmente en EEUU.
*
Profesor de Lingüística del Instituto Tecnológico de
Massachusetts y autor de Hegemonía o supervivencia. La
estrategia imperialista de EEUU (Ediciones B).
© Noam
Chomsky. Distribuido por The New York Times Syndicate.
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