Noam Chomsky - rodelu.net |
1 de octubre de 2006
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La
Nación Domingo de Chile - 1 de octubre de 2006
El cono sur se alza para derrocar el legado de dominación externa
Latinoamérica declara su independencia
El intelectual norteamericano, cuyo libro “Hegemonía y
supervivencia”, fue usado por Hugo Chávez para atacar a George Bush
en las Naciones Unidas, llegará a Chile en las próximas semanas.
Aquí teoriza sobre el fin de los mecanismos de control imperial en
países decididos a reconstruir su sueño original de libertad
política.
Noam Chomsky
Cinco siglos después de las conquistas europeas, Latinoamérica
reafirma su independencia. Especialmente en el cono sur, desde
Venezuela a Argentina, la región se alza para derrocar el legado de
dominación externa de los últimos siglos y las formas sociales
crueles y destructivas que ella ayudó a establecer. Los mecanismos
de control imperial (la violencia y la guerra económica, que en
Latinoamérica dificílmente serían recuerdos perdidos) están
perdiendo efectividad, señal del giro hacia la independencia.
Washington está ahora obligado a tolerar gobiernos que en el pasado
habrían provocado intervención o represalias. A través de la región,
un vibrante conjunto de movimientos populares brinda las bases de
una democracia con sentido. Como si volvieran a descubrir su
herencia precolombina, las poblaciones indígenas son mucho más
activas e influyentes, especialmente en Bolivia y Ecuador.
Estos sucesos son en parte el resultado de un fenómeno observado
durante algunos años en América Latina por especialistas y
organismos de investigación: a medida que los gobiernos electos se
hicieron más formalmente democráticos, los ciudadanos fueron
expresando una creciente desilusión por la forma en que funciona la
democracia, así como “poca fe” en las instituciones democráticas.
Han buscado construir sistemas democráticos basados en la
participación popular más que en la dominación de los extranjeros y
las elites. El cientista político argentino Atilio Borón ha brindado
una convincente explicación de la pérdida de fe en las actuales
instituciones democráticas. Borón observó que la nueva oleada
democratizadora en América Latina coincidía con “reformas”
económicas dictadas desde el exterior y que socavan una democracia
efectiva.
Los conceptos de democracia y desarrollo están estrechamente
ligados en muchos aspectos. Uno consiste en que tienen un “enemigo
común”: la pérdida de soberanía. En un mundo de naciones-estados, es
verdadero por definición que la pérdida de soberanía conlleva una
declinación en la democracia y una merma en la capacidad de llevar a
cabo políticas sociales y económicas. Eso perjudica a su vez al
desarrollo, una conclusión confirmada por siglos de historia
económica. El mismo registro histórico revela que la pérdida de
soberanía conduce consistentemente a la liberalización impuesta, a
favor por supuesto de los intereses de aquellos que tienen el poder
para imponer este régimen social y económico. En los últimos años,
al régimen impuesto se le llama habitualmente “neoliberalismo”. No
es un término muy bueno: el régimen socioeconómico no es nuevo ni es
liberal, al menos como entendían el concepto los liberales clásicos.
En Estados Unidos, la confianza en las instituciones también ha
estado declinando sostenidamente, y por buenas razones. Una gran
brecha se ha abierto entre la opinión pública y las políticas
públicas, de la que rara vez se informa, aunque las personas no
dejan de estar conscientes de que sus opciones políticas son
desdeñadas.
Resulta instructivo comparar las recientes elecciones
presidenciales en el país más rico del mundo y en el más pobre de
Sudamérica, Bolivia. En la elección presidencial estadounidense de
2004, los votantes debieron optar entre dos hombres nacidos entre
riquezas y privilegios, que asistieron a la misma universidad de
elite, que frecuentaron la misma sociedad secreta donde los jóvenes
privilegiados se entrenan para ingresar a la clase gobernante. Ambos
pudieron competir en la elección porque fueron apoyados por casi los
mismos conglomerados del poder privado. Sus programas eran similares
y consistentes con las necesidades de su constitución básica:
riqueza y privilegio. Estudios de opinión pública revelaron que en
un conjunto de temas importantes, ambos partidos están bastante más
a la derecha que la población en general... y la administración Bush
dramáticamente más. Debido en parte a estas razones, hay temas que
no figuran en la agenda electoral. Pocos votantes conocían la
posición de los candidatos ante los temas. Los candidatos son
envasados y vendidos como dentífricos, autos y drogas de moda, por
las mismas industrias consagradas a la decepción y al fraude. Como
contraste, considérese a Bolivia y la elección de Evo Morales en
diciembre último. Los votantes estaban familiarizados con los temas,
temas muy reales e importantes, como el control nacional sobre el
gas natural y otros recursos, que tiene abrumador apoyo popular. En
la agenda política figuran, entre otros, los derechos de los
indígenas y las mujeres, así como los derechos a la tierra y el
agua. La población eligió a uno de los suyos, no a un representante
de los reducidos sectores privilegiados. Hubo participación real, no
una agitación que se promueve por una vez cada ciertos años.
La comparación (y no es la única) plantea algunas interrogantes
acerca de si son necesarios programas de “promoción de la
democracia”. Dado su nuevo ascendiente, América Latina podría
encargarse de algunos de sus más graves problemas internos. La
región es notoria por la rapacidad de sus clases ricas, ajenas a la
responsabilidad social. Estudios comparativos entre el desarrollo
económico latinoamericano y del este asiático, muestran que en este
aspecto América Latina se acerca al peor índice del mundo en materia
de desigualdad y Asia del este al mejor. Lo mismo es válido en
general para la educación, la salud y el bienestar social. Las
importaciones latinoamericanas se han orientado fuertemente hacia el
consumo de los ricos; en el este de Asia se orienta a la inversión
productiva. La fuga de capitales desde América Latina se aproxima a
la escala de la deuda, lo que sugiere una manera de superar esta
carga aplastante. En el este asiático, la fuga de capitales ha sido
rigurosamente controlada. Las economías latinoamericanas han estado
también más abiertas a la inversión extranjera que el Asia. Según la
Unctad, desde los años 50 las multinacionales extranjeras han
controlado en América Latina porciones mucho mayores de la
producción industrial que en los capítulos exitosos del este
asiático. El Banco Mundial informó que la inversión extranjera y las
privatizaciones han tendido a sustituir otros flujos de capitales
hacia América Latina, transfiriendo el control y enviando afuera las
ganancias, al revés del Asia del este.
Mientras tanto, nuevos programas que se llevan a cabo en
Latinoamérica están revirtiendo los modelos que se remontan a la
conquista española y que se caracterizan por la vinculación entre
las elites latinoamericanas con los poderes imperiales, pero no
entre ellas mismas. Por supuesto, este giro no es para nada
bienvenido en Washington, por las razones tradicionales: Estados
Unidos esperaba contar con América Latina como una base segura de
recursos, mercados y oportunidades de inversión. Y, como los
planificadores lo han enfatizado por largo tiempo, si este
hemisferio se sale de control, ¿cómo puede esperar Estados Unidos
resistir desafíos en otras partes? LND
(The New York Times Syndicate)
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