| LA
JORNADA de México - 6 de Febrero de 2003
Querían
creerle,
pero
fue como algo de Beckett
Robert
Fisk*
Fuentes,
fuentes de inteligencia extranjeras, "nuestras fuentes", desertores, fuentes,
fuentes, fuentes. El pronunciamiento que hizo Colin Powell sobre el terror
ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones
Unidas el miércoles sonó como uno de esos reportes gubernamentalmente
inspirados que suelen estar en la primera plana del New York Times,
donde se les trata con toda la reverencia posible en la edición
matutina. Fue un poco como recalentar la sopa vieja. ¿No habíamos
escuchado antes casi todo eso? ¿Debemos confiar en ese hombre? Me
refiero a Powell, no a Saddam.
Desde luego no confiamos en Saddam,
pero la presentación del secretario de Estado fue una mezcla de
algunas grabaciones muy cómicas de llamadas telefónicas de
la Guardia Republicana iraquí que fueron interceptadas, intercaladas
al estilo del dramaturgo Samuel Beckett, que tal vez podrían ofrecer
una terrorífica pruebita de que Saddam realmente está engañando
nuevamente a los inspectores de la ONU.
También se incluyeron algunos
materiales antiguos sobre las ya conocidas y muy documentadas bestialidades
cometidas por el monstruo de Bagdad. Todavía estoy esperando
escuchar el original en árabe de una grabación que el Departamento
de Estado tradujo como: "Está bien, mi cuate". "Considérelo
hecho, señor". Estas declaraciones se atribuyeron al "capitán
Ibrahim" de la Guardia Republicana, ¡por Dios!
Había también unas
deslucidas ilustraciones de laboratorios biológicos móviles
en vagones de tren y contenedores que estaban en tan perfectas condiciones
que sugieren que el Pentágono no tiene mucha idea del decrépito
estado en que se encuentra el ejército de Saddam.
Pero cuando volvió a hablarse
de Halabja, de los abusos a los derechos humanos y todos los viejos pecados
de Saddam, tal y como los reportó el desacreditado equipo de la
Unscom, entonces fue cuando comenzamos a comernos la sopa recalentada.
Jack Straw afirmó que todo esto constituía "el motivo más
poderoso y lleno de autoridad', pero cuando se nos obligó a escuchar
a un oficial iraquí de alto rango diciendo por teléfono:"sí",
"sí", "¿sí?", "sí... ", era imposible no preguntarse
si Colin Powell en verdad sabía el efecto que esto tendría
en el mundo exterior.
De vez en cuando, las palabras "Irak
se niega a desarmarse. Negación y Engaño", aparecieron en
la pantalla de video gigante a espaldas del general Powell. Algunos nos
preguntamos si esto era un logotipo de CNN. Pero no, era del Departamento
de Estado, el canal hermano de CNN.
Dado que se supone que Colin Powell
es el policía bueno en contraposición con los policías
malos: Bush y Rumsfeld, uno quería creerle. La orden telefónica
del oficial iraquí a su subordinado -"retire los 'agentes nerviosos'
tan pronto como se le ordene"- en efecto, hizo creer que los estadunidenses
habían descubierto una malvada nueva mentirilla de los iraquíes.
Pero una dramática imagen de un avión iraquí sin piloto
capaz de rociar químicos venenosos resultó ser la obra imaginativa
de un artista del Pentágono.
Y cuando el general Powell empezó
a decir tonterías sobre "las décadas" durante las cuales
Saddam ha tenido contacto con Al Qaeda, de veras le fue mal al secretario
de Estado. Al Qaeda comenzó a existir hace cinco años, puesto
que "hace décadas" Bin Laden estaba trabajando contra Rusia bajo
órdenes de la CIA, cuyo actual director se encontraba sentado con
rostro solemne detrás de Powell.
Tampoco impresionó la nueva
versión que Powell presentó de la mentira aparecida en el
discurso del estado de la unión de su presidente, según la
cual los "científicos" entrevistados por los inspectores de la ONU
eran en realidad agentes de la inteligencia iraquí disfrazados.
La ONU habló con los científicos, según la nueva versión,
pero se estaban haciendo pasar por los verdaderos expertos en materia nucelear
y biológica a los que la ONU quería entrevistar.
El general Powell dijo que Estados
Unidos está compartiendo su información con los inspectores
de la ONU sobre el supuesto desarrollo de nuevo armamento, pero el miércoles
quedó claro que el organismo no había recibido mucha de la
información que se dio a conocer. Como ejemplo están el proceso
descontaminante al que se sometió un camión en la fábrica
de municiones químicas de Taji, o bien, la "limpieza" de la fábrica
de misiles de Ibn al Haythem el 25 de noviembre.
¿Por qué no se entregó
esta información de inteligencia a los inspectores hace meses? ¿No
era una exigencia de la resolución 1441, tan amada por Powell, el
entregar de inmediato toda esa información a Hans Blix y sus muchachos?
¿Será que los estadunidenses no han "cooperado" lo suficiente?
El peor momento llegó cuando
el general Powell empezó a hablar del ántrax y los ataques
con el carbunco que ocurrieron en Washington y Nueva York en 2001. Al tiempo
que mostraba patéticamente una cucharita con las esporas imaginarias,
Powell no dijo abiertamente, pero sí sugirió en forma tramposa,
que Saddam tiene algo que ver con dicho episodio.
Cuando el secretario de Estado enarboló
el apoyo de Irak a la organización palestina Hamas, que tiene una
oficina en Bagdad, como prueba de que Saddam respalda el "terror" (desde
luego no hubo mención al apoyo que da Estados Unidos a la ocupación
israelí de las tierras palestinas) el teatro se empezó a
derrumbar. Hay oficinas de Hamas en Beirut, Damasco e Irán. ¿Acaso
se supone que la 82 división aerotransportada va a machacar a Líbano,
Siria e Irán?
La obra teatral tuvo un inicio casi
macabro, cuando el general Powell llegó al Consejo de Seguridad
besando en la mejilla a los delegados a los que envolvía entre sus
enormes brazos. Jack Staw apenas y pudo responder a este gran abrazo estadunidense.
De hecho, hubo momentos en que cualquiera
pensaría que este recinto de sonrisas dientudas y constante estrechar
de manos estaba lleno de hombres que celebraban la paz y no la guerra.
Pero ¡Dios!, no era así. Estos hombres de Estado elegantemente
vestidos estaban construyendo la estructura que les permitirá matar
a muchísimas personas, tal vez también al monstruoso Saddam
y a sus cuates, pero también a un número considerable de
inocentes.
Uno recuerda, por supuesto, el mismo
recinto hace cuatro décadas, cuando el antecesor del general Powell,
Adlai Stevenson, mostró fotos de barcos que transportaban misiles
soviéticos a Cuba.
Ay, pero las fotos de hoy no tenían
tal autoridad. Y Colin Powell no es para nada Adlai Stevenson.
*Periodista
irlandés experto en Medio Oriente corresponsal de The Independent
©The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
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