Bagdad, 15 de agosto. Como de costumbre en Irak, un grotesco fracaso político
fue disfrazado de semivictoria esta noche por un gobierno iraquí que controla
poco más de unos cuantos kilómetros cuadrados de Bagdad. Porque dentro de la
infame Zona Verde -el seudocastillo rodeado de barricadas de concreto donde la
mayoría de los principales políticos iraquíes se ven hoy obligados a vivir-, la
casi igualmente infame constitución, cuya redacción supuestamente debía estar
concluida este lunes, parecía venirse por tierra.
Infame, por supuesto, para los sunitas, que están escandalizados de que los
representantes musulmanes chiítas y kurdos quieran que sus estados federales se
incluyan en la nación y, más a propósito, en la constitución, la cual se suponía
que iba a ser enviada por la noche al Parlamento.
El presidente Bush dijo que se cumpliría el plazo; el premier británico Tony
Blair lo dijo también, al igual que Ibrahim Jaafari, el primer ministro iraquí
electo. Pero la noche de este lunes los funcionarios de Jaafari hablaban de una
segunda constitución provisional, que daría a los delegados de los comités
constitucionales por lo menos otras dos semanas para decidir si permitirían la
virtual independencia del sur y el centro del país, de predominio chiíta, y del
norte kurdo, zonas ricas en petróleo, a diferencia de las provincias centrales
sunitas.
Si todo esto parece una interesante pieza de artesanía política, también es
probablemente ilegal. Conforme a la primera constitución provisional, se suponía
que el gobierno de Jaafari renunciaría y disolvería el Parlamento si no cumplía
el plazo fijado. Habría que volver a realizar elecciones, como las del 30 de
enero, y luego el Parlamento tendría que comenzar de nuevo a redactar una
constitución.
La realidad, desde luego, es que mientras los gobiernos occidentales han
estado observando el proceso de redacción constitucional con interés académico,
la mayoría de los iraquíes lo consideran una distracción de la diaria rutina de
matanzas, robos, escasez de energía y corrupción. El mundo de las estructuras
políticas y la "democracia" está aquí separado del mundo de la acción política y
de la insurgencia armada por medio de murallas, tanto reales como simbólicas.
Occidente, en su mayor parte, y mediante un proceso de imaginación, vive dentro
de esas mismas murallas. Irak vive afuera.
Los estadunidenses son quizá los más temerosos de los resultados de cualquier
constitución federal. Si el Kurdistán se declara estado virtual -lo cual ya es
en realidad-, es probable que Turquía decidiera desplegar tropas en la frontera
con Irak para asegurarse de que la "estadidad" kurda nunca se materialice.
Y si los chiítas tienen su estado federal en el sur, es probable que el
presidente Bush tuviera que explicar por qué Irán ejerce tanta influencia sobre
las más ricas regiones petroleras iraquíes. Los que saben dijeron que pronto
tendrán que emplearse cuantiosas sumas de dólares para asegurar una constitución
libre de federalismo. Pero en tal caso los comités de la Zona Verde necesitarán
varias semanas más para calcular el precio.