Robert Fisk - rodelu.net |
20 de enero de 2006
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Página12
de Argentina - 20 de enero de 2006
El líder de Al Qaida reapareció en audio, prometió más guerra y ofreció una tregua
Jugando en el bosque mientras Osama está
Quebrando un silencio que databa de diciembre del 2004, la voz de Osama bin
Laden, que fue autentificada por la CIA, reapareció ayer en la cadena Al Jazeera
prometiendo más guerra y ofreciendo una tregua, que la Casa Blanca
rechazó.
Robert
Fisk*
¿Es él? Casi seguro. ¿Entonces por qué sólo en audio? ¿Por qué no en
video? ¿Está enfermo? Sí, dicen las “fuentes de inteligencia” estadounidenses de
siempre. Es la misma historia. Osama bin Laden nos habla desde detrás de una
cueva, desde adentro de una cueva, desde un sótano quizá, desde una cinta
grabada a través de una línea telefónica lejana. El mensaje emitido ayer, como
siempre por la televisión de Al Jazeera, fue un recordatorio de que la
seguridad, no la enfermedad, decide su método de comunicación. Bombardeamos e
invadimos Afganistán para encontrar a Bin Laden, y luchamos y morimos en Irak
para matar a sus seguidores, y aun así nos elude, todavía nos amenaza, todavía
se burla de nosotros.
¿Cuánto más puede durar esta pavada? El
presidente Chirac advierte que Francia –¿Francia?– podría usar armas nucleares
si es atacada. ¿Contra quién, me pregunto? Estados Unidos hace estallar en
pedazos niños paquistaníes y declara que mató a cinco fugitivos, incluyendo un
fabricante de bombas. Pero no hay ninguna evidencia. Bin Laden dice que Estados
Unidos será atacado nuevamente, salvo que acepte una tregua en las guerras
contra Irak y Afganistán. ¿No era que estábamos ganando la “guerra contra el
terror”? Oh no, nos dicen los “expertos”, Bin Laden y Al Qaida están perdiendo,
por eso quieren una tregua. Ojalá. Es un juego, por supuesto. Bin Laden no tiene
la menor intención de ponerle fin a su propia guerra, y tampoco lo quieren
George W. Bush ni Tony Blair. El ofrecimiento de Bin Laden busca ser rechazado,
casi con seguridad. Quiere que Bush y Blair lo rechacen. Entonces, después del
próximo ataque vendrá la próxima grabación de audio. ¿Ven lo que sucede cuando
nos rechaza un cese de fuego? Les advertimos.
Y nosotros preguntaremos:
¿es él? ¿Por qué no en video? Nunca antes en la historia tantos fugitivos
enviaron imágenes y mensajes y grabaciones de video desde la oscuridad. Quizá
Tito fue la última figura de tiempos de guerra que caminó entre sus enemigos y
permaneció libre para hablar y para que le sacaran fotos. La ironía, por
supuesto, es que Bin Laden ahora es casi irrelevante. Creó Al Qaida. Su logro
–esa palabra debiera ser vista con contexto– es completo. ¿Por qué molestarse en
darle caza ahora? Es casi como arrestar a los científicos nucleares del mundo
después de la invención de la bomba atómica. El monstruo ha nacido. Es con Al
Qaida con los que debemos tratar.
Nos dicen que la seguridad de Estados
Unidos no evitó un ataque, que las “operaciones” llevan tiempo. “Es mejor no
luchar contra los musulmanes en su tierra”, dice Bin Laden. “No nos molestaría
ofrecerles una tregua que sea justa en el largo plazo, así podemos construir
Irak y Afganistán”, dice. Olviden por un momento el profundo cinismo detrás de
ese mensaje –desmantelar a los chiítas de Irak parece ser uno de los objetivos
de los insurgentes iraquíes–; también revela uno de los viejos temas de Bin
Laden: la idea de que estas guerras provocarán la bancarrota de Estados Unidos.
“No hay nada de vergonzoso en esta solución porque evita gastar miles de
millones de dólares en los mercaderes de la guerra.” Estas eran casi las mismas
palabras que Bin Laden usó conmigo la última vez que nos reunimos. “Los
estadounidenses se fundirán”, dijo entonces, sin darse cuenta de que la guerra
vigoriza la economía de una superpotencia. Es como si ambas “partes” de este
conflicto vivieran de ilusiones. Los señores Bush y Blair nos vienen diciendo
que las cosas en Irak están mejorando cuando todos sabemos que andan peor. La
anarquía se apoderó de ese país desde Mosul en el norte hasta Basora en el sur.
¿Los cuerpos estadounidenses que regresan a Estados Unidos? Que la prensa no les
saque fotos a los ataúdes. ¿Bombas en Londres? Nada que ver con Irak, nos dijo
Blair en julio pasado. Ahora hay un sitio web en español sobre Irak en las
pantallas de la Casa Blanca. ¿Por qué? ¿Porque los españoles están interesados
en la guerra que su ejército abandonó? Y ahora lo tenemos a Paul Bremer, el
desafortunado ex procónsul de Estados Unidos en Bagdad, diciéndonos que esas
mismas tropas españolas contribuyeron al levantamiento en Najaf porque no
estaban cumpliendo su tarea en Irak.
Más tonterías. Lo que comenzó el
levantamiento fue el enojo personal de Bremer por un ataque contra él en un
pequeño diario chiíta musulmán que ordenó que fuera cerrado (en un anuncio en
execrable árabe). Fue esto lo que instó a Muktada al Sadr a luchar contra los
estadounidenses. Y así seguimos. Culpen a los combatientes extranjeros –aun si
150 mil de ellos en Irak está usando uniformes estadounidenses–, culpen a Siria,
culpen a Irán. Y culpen a España, por supuesto. Culpen a cualquiera que no esté
“con nosotros”.
En verdad se necesitará de Irán y de Siria para ayudar a
Estados Unidos y a Gran Bretaña a salir de esta vergonzosa aventura. ¿Pero qué
hacemos? Subimos las apuestas en Irán, declarando que tiene intenciones de
fabricar armas nucleares. ¿Y por qué Irán? ¿Por qué no el infinitamente más
inestable Estado islámico llamado Pakistán, que realmente tiene armas nucleares?
Bueno, por supuesto, porque su dictador, el presidente general Musharraf, está
“de nuestro lado”. ¿Por qué no atacar a Corea del Norte, cuyo líder es más
inestable que cualquier clérigo iraní? Porque también tiene armas
nucleares.
En Afganistán, los talibanes están regresando lentamente.
Salvo en Kabul, todas las mujeres usan una burka. ¿No se suponía que se las
habían sacado? ¿No era que las mujeres ahora eran “libres” en Afganistán? ¿No se
suponía que habían ganado? Ahora, Canadá dividió sus tropas de mantenimiento de
la paz y envió un batallón a Kandahar para luchar contra los talibanes y Al
Qaida. ¿Qué están haciendo ahora los canadienses en operaciones de combate? ¿Qué
riesgos plantea esto para la nación canadiense que se mantuvo fuera de toda la
invasión y la ocupación de Irak?
Hace sólo unos pocos meses que Bin Laden
nos bombardeaba con sus explicaciones por los ataques de su movimiento. ¿Por qué
nadie preguntó, dijo, por qué Suecia no fue atacada? Supongo que sí, podemos
temer más ataques a Estados Unidos, más ataques con bombas, más capítulos en la
“guerra contra el terror”. Y todo el tiempo, nosotros no vemos la forma de
terminar esta “guerra” en Occidente. * De The Independent de Gran
Bretaña. Especial para Página/12. Traducción: Celita Doyhambéhère.
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