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Fisk es uno de los periodistas más conocidos del mundo. Ha
sido corresponsal en Oriente Medio para el periódico británico The Independent
durante casi 30 años, durante los cuales ha informado de dos guerras
estadounidenses contra Irak, dos guerras en Afganistán, el conflicto
Israel/Palestina, la invasión del Líbano por parte de Israel y la guerra civil
en la antigua Yugoslavia.
Su nuevo libro, La gran guerra de la
civilización: La conquista de Oriente Próximo (The Great War for Civilization,
HarperCollins 2005) reúne sus reportajes en un único libro de 1300 páginas. Un
libro anterior, Lástima de nación (Pity the Nation, Nation Books 2002), cubría
la guerra civil libanesa.
Fisk es respetado por todos como un reportero
infatigable que lucha por conseguir información de primera mano y que transmite
en sus reportajes una sensación de justicia, conocimiento e historia. Su trabajo
se basa en un esquema moral que considera la guerra como “el fracaso total del
espíritu humano” y a los periodistas como responsables de informar desde la
perspectiva de las víctimas. Me encontré con él en Toronto el 24 de noviembre
para hablar de su libro y sus opiniones sobre el periodismo, la guerra e incluso
sobre Canadá.
Audiencias y periodismo
Podur: ¿Qué explicación le da a la cantidad de lectores que ha
conseguido usted?
Fisk: La versión de los hechos de la prensa
convencional –odio esa frase, por cierto-, el New York Times, Los Angeles Times,
el Washington Post, no satisface a millones de personas, así que cada vez más
gente intenta encontrar una explicación diferente y más realista de los
acontecimientos en Oriente Medio. Es un tributo a su inteligencia que en vez de
buscar en cualquier blog o lo que sea, examinen los periódicos “convencionales”
europeos, como The Independent, The Guardian, The Financial Times.
Una de
las razones por las que leen The Independent es que pueden escuchar cosas que ya
suponían pero no veían publicadas en ningún periódico importante. Yo no escribo
en un sitio cualquiera de internet; ésta es una gran firma, con corresponsales
extranjeros. Somos el equivalente británico de lo que debería ser el Washington
Post.
Más de la mitad del correo que recibo viene de EE.UU. Eso no
significa que no tengamos lectores británicos, sino que nos lee una gran
cantidad de norteamericanos. Igual que al Guardian. Resulta que gente de
Pakistán, India, Bangladesh, Sudáfrica, EE.UU., Canadá y muchos otros sitios se
encuentran con que un periodista británico escribe cosas que no pueden leer en
ningún otro sitio, pero que deben tener una considerable base en la realidad,
porque si no, no aparecerían en un importante periódico británico.
No soy
un lunático de extrema izquierda o de extrema derecha. Somos un periódico, eso
es lo que cuenta. Eso nos da una autoridad; la mayoría de gente está
acostumbrada a los periódicos. Internet es una cosa nueva, y también poco
fiable.
Podur: ¿Puedes explicar porqué odias la expresión “medios
convencionales”?
Fisk:La frase se ha convertido en un cliché. Pero también, en
las universidades, especialmente en EE.UU., hay mucha gente que se denomina
“activista”. No estoy seguro de lo que significa, todos somos “activistas” si
nos levantamos por la mañana, no sé. Somos activistas cuando bebemos café. Y los
“activistas” se pasan horas y horas enviándose mensajes unos a otros que para mí
no tienen ningún objetivo que no sea para decir “estamos perdiendo”.
Y
hablan y hablan de “medios convencionales” y “medios alternativos”. El problema
es que si soy un tipo normal que no está en la élite universitaria y tengo que
escoger entre un medio “convencional” y uno “alternativo”, escogeré el
“convencional”, ¿no?, porque suena mejor. ¿Por qué no llamáis “convencionales” a
vuestros medios y “alternativos” al New York Times?
Podur: También hablas de periodismo en tu libro. ¿Qué piensas de palabras
como objetividad, ecuanimidad, equilibrio y neutralidad en el
periodismo?
Fisk:Si examinas los periódicos de los EE.UU., el tratamiento
informativo de Oriente Medio es lamentable e incomprensible. Se introducen
conceptos semánticos que eviten la controversia, especialmente por parte de los
que apoyan a Israel. Las colonias se convierten en “barrios”, ocupado pasa a ser
“disputado”, un muro se convierte mágicamente en una “valla”. Bueno, espero que
mi casa no esté hecha de vallas.
Durante años el periodismo se ha ido
viendo encajonado, confinado en una camisa de fuerza hecha de reglas de los años
40 en las primeras escuelas de periodismo en los EE.UU. Estas escuelas estaban
pensadas para formar a periodistas para los periódicos locales. Si hablas de una
disputa sobre una autopista, o la propiedad privada o pública de un aeropuerto,
es básico dar a los manifestantes el mismo tiempo que a los que quieren abrir un
nuevo aeropuerto. En un caso judicial, es básico dar el mismo tiempo a la
defensa que a la acusación.
Si haces periodismo local de ese tipo (una
investigación pública, un caso legal, una lucha sobre un nuevo hospital), ambas
partes deben tener ese derecho porque no se trata de un tema moral. Es un tema
moral en tanto en cuanto la comunidad merece un buen hospital o que los
ciudadanos merecen tener su privacidad sin tener que preocuparse por proyectos
del gobierno, pero no hay un gran dilema moral de vidas humanas, la pérdida de
vidas, la guerra.
En esas circunstancias es correcto asegurarse que todo
el mundo esté igualmente representado. Pero en los asuntos exteriores, en una
parte del mundo rebosante de injusticia, donde miles de personas son destrozadas
y mutiladas cada año, eso es un mundo aparte. Uno en el que el estándar de
neutralidad para un caso judicial de una ciudad pequeña se va al garete porque
ya no es relevante.
Cuando ves a víctimas infantiles apiladas en el lugar
de una masacre no es el momento de dar el mismo tiempo periodístico a los
asesinos. Si estuvieras informando de la trata de esclavos en el siglo XIX no
darías el 50% del tiempo al capitán del barco de esclavos: te centrarías en los
esclavos que murieron y en los supervivientes. Si estuvieras presente en la
liberación de un campo de exterminio en la Alemania nazi, no buscarías a las SS
para que dieran el 50% de comentario.
Cuando estuve cerca de un bombardeo
a una pizzería en Jerusalén Oeste en el 2001, en que hubo 20 muertos, más de la
mitad niños, no di la mitad del tiempo a Hamas. En 1982, en Sabra y Shatila,
escribí sobre las víctimas, los muertos por los que tuve que pasar físicamente
por encima, y los supervivientes. No di el 50% a la milicia falangista
cristiano-libanesa que los masacró ni al ejército israelí que presenció los
asesinatos y no hizo nada.
En el mundo de la guerra, que representa el
fracaso total del espíritu humano, estás moralmente obligado como periodista a
mostrar una elocuente compasión hacia las víctimas, a no tener miedo de nombrar
a los asesinos, y tienes derecho a estar cabreado. La camarera que nos está
sirviendo café o el taxista que me trajo hasta aquí tienen sentimientos sobre
las atrocidades, ¿por qué no vamos a tenerlos nosotros?
¿Por qué un
periodista norteamericano en Beirut o en El Cairo o en Damasco que sabe lo que
ocurre y tiene sentimientos al respecto, en vez de decir lo que piensa ( y al
fin y al cabo los lectores quieren saber lo que piensa, pagan por el periódico
que le paga a él) llama a un idiota del Brookings-Institute, lo que yo llamo un
“equipo de manipulación” [juego de palabras intraducible sobre la expresión
“think tank” con la que se denominan a los institutos de expertos sobre diversos
temas] que nunca ha estado siquiera en esa ciudad, para que le dé su
opinión?
Esta misma mañana (24 de noviembre de 2005), el National Post
tiene un ejemplo de esto. En un artículo sobre Irak, el periodista cita a Lee
Edwards, un “experto sobre la presidencia estadounidense”, de la Fundación
Heritage. ¿Es que el periodista no sabe nada de la presidencia
estadounidense?
He aquí un artículo que uso en mis conferencias. Es del
Los Angeles Times del 16 de noviembre. Es un artículo sobre Zarqawi (si es que
existe) y cómo es “el cerebro pensante” de la insurgencia. ¿El origen de la
historia? Desconocidos “funcionarios estadounidenses”, frase que se usa 21 veces
en un artículo de dos columnas y media. Y esto lo acabo de pillar en un café de
Los Angeles. No tienes que buscar mucho para encontrar ejemplos así.
La Guerra
Podur: Si la guerra es el fracaso total del espíritu humano, si no va de
vencer o ser vencido sino de sufrimiento y muerte, ¿por qué lo hace tanta
gente?
Fisk:Porque no saben lo que es. La mayoría de soldados de la guerra de
Irak no han ido antes a la guerra. Les ha cambiado totalmente la personalidad.
No estaban en absoluto preparados para ello, sólo tenían Hollywood. Quiero
decir, Salvar al soldado Ryan es bastante cercana a lo que veo pero sólo lo ves
imaginativamente, no lo ves en la tele, no te lo muestran, porque mostrarlo
sería real, pornográfico, obsceno, no lo aguantarías con el desayuno,
¿verdad?
Yo tengo que verlo en el desayuno, comida y cena, pero tú no, tú
estás protegido por estos amables chicos de Londres, Nueva York y Washington:
los editores. No quieren deshonrar a los muertos. Parece que está bien matar a
iraquíes pero no mostrarlos luego, porque después estamos muy preocupados por su
honor. Tenemos tanta compasión cuando están muertos que no podemos mostrar sus
imágenes. Ahora bien, cuando están vivos, ¡vamos allá! “GUERRA DE IRAK, EPISODIO
NUMERO 5”, y así puedes sacarle partido y hacer una película de guerra, pero
después de matarlos les das compasión y honor.
Por supuesto también hay
políticos cómplices que quieren presentar la guerra como una trinchera incruenta
en que la gente, si muere (ya sabes que puedes mostrar la imagen de un soldado
iraquí muerto si ha sido lo bastante considerado como para morir entero), es “el
precio de la guerra: un soldado iraquí muerto yace en el desierto al sur de
Basora”. Pero no verás a ese tipo si le saltaron los ojos o si tiene moscas
revoloteando por encima.
No hay un solo miembro de la actual
administración Bush que haya ido jamás a la guerra. Colin Powell estuvo en
Vietnam, pero ya no está en este gobierno. No hay un solo miembro del gobierno
de Blair que haya ido a la guerra. Unos pocos diputados laboristas estuvieron en
Irlanda del Norte como soldados, pero no es lo mismo. Los políticos que
gobiernan el país no tienen ninguna experiencia de la guerra.
Podur: Si piensas así, que la guerra es un fracaso total del espíritu
humano, ¿no hace eso más difícil intentar explicar por qué ocurre, cosa que
según tú también deberían hacer los periodistas?
Fisk:¿Existe una guerra
justa? Cuando el arzobispo de Canterbury dijo que la liberación estadounidense
de Kuwait fue una guerra justa (algo que no dijo de Bosnia, quizá porque ahí no
había petróleo, no lo sé), pensé que iba a vomitar. O sea, ¿aún tenemos que
tener a líderes religiosos hablándonos de guerras justas? Venga ya.
La
guerra es un acto inmoral. Abro el capítulo 15 de mi libro con una cita de
Guerra y Paz, de Tolstoi:
“..y empezó la guerra, es decir, ocurrió un
hecho opuesto a la razón humana y a la naturaleza humana. Millones de hombres
perpetraron, unos contra otros, tan innumerables crímenes, fraudes, traiciones,
robos, incendios y asesinatos como en siglos enteros no se registran en los
anales de todos los tribunales del mundo, pero aquellos que los cometieron no
los veían en ese momento como crímenes”
¿Qué más puedo añadir?
La Gran Guerra de la Civilización
Podur: ¿Qué espera conseguir con este libro?
Fisk:No sabía la respuesta
cuando lo escribía, pero ahora la sé. Quiero que los lectores rechacen la
narración de la historia que les presentan sus presidentes, primeros ministros,
generales y periodistas. Desafiar la narración de la historia, o monitorizar los
centros de poder (por usar la frase de Amira Hass) significa que debemos
reformular nuestra propia visión del mundo sin clichés y palabras muertas como
“guerra al terror”, “terrorismo”, “terrorismo islamista”, ataque quirúrgico, el
bien y el mal, ellos y nosotros, “odian nuestras libertades”, “democracia” (la
"democracia" asestada con tanques Abrams y helicópteros Apache).
Siempre
estamos amenazando a Oriente Medio con la democracia. Y ya les gustaría a los
musulmanes árabes disfrutar de esta democracia, derechos humanos y libertad de
nuestro supermercado occidental. Pero hay otro tipo de libertad de la que les
gustaría disfrutar, y es liberarse DE nosotros. También les gustaría que hubiera
justicia y nadie habla de eso.
El libro cubre un terreno que no se ha
cubierto igual nunca antes, por alguien que ha sido testigo ocular durante largo
tiempo. Presenta toda la historia, incluyendo vastos temas épicos e históricos,
para llegar hasta la ocupación de Irak. Durante 100 años, nosotros, Occidente,
hemos controlado Oriente Medio, hemos aupado dictadores, y a no ser que echemos
un ojo a lo que hicimos en esa región no entenderemos el 11 de
septiembre.
Podur: Ya que ésta es una entrevista canadiense, déjeme preguntarle sobre
Canadá en Afganistán y el creciente alineamiento de Canadá con la política
exterior de los EE.UU.
Fisk:El problema de los canadienses en Afganistán es la
esquizofrenia. ISAF, la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad, es
vista por los afganos como, si no benevolente, al menos no malévola. La cuestión
es que ahí hay alemanes, turcos y canadienses ayudando a mantener la paz. Si no
estuvieran, habría robos masivos. Creo que les gusta que haya alemanes
patrullando de noche, y a mí también. Y mejor canadienses que estadounidenses.
Pero también está la otra cara de la cuestión. Los canadienses se han acercado
demasiado a los EE.UU. en el sur, en Kandahar, jugando un papel agresivo, y
están cada vez más identificados con los proyectos militares estadounidenses
relativos a Oriente Medio.
Así que Canadá actúa de una forma en Kabul, y
yo creo que deberían estar allí, no tengo nada contra ISAF, desearía que
existiera en mayor escala con el mismo mandato. Pero si unes tus tropas a las
estadounidenses, y los oficiales canadienses empiezan a hablar como los
estadounidenses, entonces te has pasado de bando, formas parte beligerante de
una guerra.
Después no puedes extrañarte y decir “¿por qué han querido
hacernos daño?”. No estoy prediciendo ataques contra Canadá pero una vez
empiezas a comportarte así, como hace Blair, como hizo España bajo Aznar, puedes
denunciar cualquier crimen contra la humanidad en tu territorio, y está bien que
lo hagas, pero no puede sorprenderte.
Estamos acostumbrados después de la
Segunda Guerra Mundial a pensar que las guerras ocurren lejos, en Kenya, Yemen,
Malasia, Palestina; puedes enviar soldados allí, puede incluso que vuelvan
algunos féretros, pero tú, tu granja, los trenes y aviones, están a salvo. Eso
se ha acabado. Debemos darnos cuenta de que si participamos en guerras por ahí
ya no estamos a salvo de sus consecuencias. Puedes decir que “nosotros
respetamos las reglas de la guerra y ellos no”, pero si vas a la guerra no
puedes sorprenderte o sugerir en vano que no hay ninguna conexión, como hizo
Blair después de los bombardeos del 7 de julio.
Otro argumento relevante
en Canadá es que las comunidades inmigrantes (aunque todos somos inmigrantes,
¿verdad?), las nuevas comunidades eran tan pequeñas en anteriores guerras que su
opinión no contaba. Bueno, había soldados en la batalla de Inglaterra que eran
negros, pero era una población tan pequeña que no importaba.
Ahora en
Alemania hay una importante comunidad musulmana, e igual en Francia, en Gran
Bretaña o aquí en Canadá, y no puedes ignorar a esa comunidad cuando decides
intervenir. Los musulmanes británicos están indignados por la guerra de Irak. Y
hay una conexión muy directa entre un ciudadano británico de origen paquistaní
que es musulmán y las imágenes de musulmanes iraquíes muertos o heridos que esa
persona ve en la tele. No puedes ignorar eso cuando vas a la guerra. Parte de tu
comunidad tiene conexiones religiosas emocionales con esa región, y aún no se ha
tenido eso en cuenta.
Podur: ¿Quizá eso sea algo bueno, que haga más difícil ir a la
guerra?
Fisk:Yo no me apostaría nada.
*Justin Podur es un escritor afincado en Toronto.
• Título original:
La
gran guerra de la civilización
• Autor: Justin Podur y Robert Fisk
• Origen: rabble.ca; Miércoles 07 de Diciembre, 2005
• Traducido por Alfred Sola y revisado por Genoveva Santiago