onocí
a Gareth Peirce hace más de seis años y aún me avergüenza nuestro
primer encuentro. Había acordado conocer a esta muy respetada y afamada abogada
-brillantemente interpretada por la actriz Emma Thompson en la película En el
nombre del padre-, en el hotel Sheraton Belgravia, el más pequeño, acogedor
y, seguramente, el más costoso de los Sheraton del mundo. Durante 15 minutos di
vueltas por el lobby buscando en vano a Gareth, hasta que una mujer de
baja estatura y cabello oscuro, algo alborotado, se me acercó y me preguntó si
yo era Robert Fisk. Me di cuenta de que todo ese tiempo estuve buscando a Emma
Thompson.
Así que cuando hace unos días entré en la cafetería del hotel Sham Palace, en
Damasco, yo buscaba a Saladino, el guerrero kurdo del siglo XII interpretado por
el actor sirio Ghassan Massoud en la película de Ridley Scott Las cruzadas,
el reino del cielo. Y ahí estaba él, idéntico a Saladino, con una barba que
empezaba a encanecer, sus enormes manos expresivas moviéndose en torno a su
cabeza, expresando su furia por la destrucción de Irak. Mostraba la misma ira
reprimida, la misma humanidad -y el mismo inglés titubeante- que se le vio en la
película.
Massoud es un actor muy popular en los filmes sirios, y los meseros de
Damasco mostraban deferencia hacia su celebridad en esta cafetería de esquina.
Esto se debe, entre otras cosas, a que sus visiones políticas son tan fieras
como las de Saladino, cuya tumba está a sólo un par de kilómetros de nosotros, a
un lado de la majestuosa mezquita de Ommayad.
"No puedo creer que lo que ocurre en Irak es real", dice. "No puedo creer que
la situación sea mejor que en tiempos de Saddam Hussein. Ese gran país. No es
justo ver esto. Tenemos que prepararnos para un futuro muy sangriento en Irak.
Ya hay una guerra civil. Muchas gracias, George W. Bush".
"¿Sabe?, los iraníes son unos genios. Saben que Bush los necesita (en Irak).
Así que ahora le están haciendo el juego. Creo que Bush quiere un acuerdo con
Irán. Sería muy estúpido atacar Irán. Si quiere destruir toda esa zona, y todo
ese petróleo que él quiere, entonces que ataque militarmente".
Massoud se reclina en su silla y recuerda a la "sociedad civil" y la buena
voluntad hacia Occidente del ex presidente iraní Mohamed Jatami. "Ah, qué error
cometió Bush al no entablar un diálogo con Jatami. Estados Unidos no tenía
interés en ese hombre, y la consecuencia fue (el nuevo presidente) Ahmadinejad.
¿Qué es lo que escuchamos ahora? 'Miren, los iraníes son unos fanáticos.
¡Eligieron a Ahmadinejad!'." A veces, Ghassan Massoud me recuerda al desafiante
periodista estadunidense Seymour Hersh.
Los pensamientos y la ira se desbordan cuando enciende su tercer cigarrillo.
Se nota que disfrutó encarnar al flagelo de los cruzados en la película de
Scott, donde insistió en montar él mismo su caballo y rechazó ser doblado.
Massoud proviene de la agreste zona en torno a Tartous, y aceptó el papel de
Saladino sólo cuando consideró que el guión de la película era respetuoso hacia
su cultura.
Esa es la razón por la que rechazó un papel en la película Syriana,
que trata sobre el petróleo, los engaños verbales de la CIA y los potentados
árabes.
"Hay tantos ataques de Occidente contra el Islam estos días. Me reuní con el
director Stephen Gaghan en Dubai para discutir Syriana* Le pregunté: '¿Por qué Syriana? Es uno de los nombres
históricos de mi país. ¿Por qué la CIA? ¿Por qué el petróleo?' Me dijo que era
un punto de vista. A mí me asustó. Cuando algo te asusta es mejor no hacerlo.
Nuestra profesión es muy, muy delicada. No se puede hacer una película si el
guión parece sospechoso. Pero cuando conocí a sir Ridley Scott en España, yo
confié en ese hombre. Es un hombre noble como un caballero de algún reino, así
que me incliné a hacer el filme".
El extraño inglés ceremonioso de Massoud -el parfit gentil knight de
Chaucer debe de haber hablado como él- va de la mano con una forma muy siria de
expresarse, lanzando hacia adelante las manos, con los pulgares hacia arriba
para manifestar su acuerdo. Esto es algo que hizo en la película, cuando el
cruzado Balian entrega Jerusalén a Saladino. "¿Cuánto vale la ciudad para el
comandante musulmán?", pregunta Balian. "Nada", responde Saladino. Luego, el
guerrero musulmán lanza las manos con los pulgares hacia arriba y exclama:
"Todo". Massoud sonríe cuando le recuerdo la escena. "Sí. Así es como hablamos y
nos expresamos. Yo soy un hombre de las calles."
Mira un congestionamiento de tráfico por la ventana de la cafetería. "Esta es
mi cultura y sin respeto uno no puede entablar un diálogo entre las comunidades.
Podemos decir: 'Está bien, no hay diálogo'. Podemos usar tanques, bombas,
misiles, y no habrá diálogo. Nadie puede decirme que Bush busca el diálogo. Los
medios estadunidenses que 'dominan' el mundo convierten a Siria en una imagen de
'Estado terrorista', de 'pueblo terrorista'.
"Para nosotros, Siria significa 10 mil años de civilización, lo cual no es un
accidente de la historia. Es muy difícil para Bush decirnos lo que esto
significa y enseñarnos sobre la democracia. Vemos su idea de la democracia ante
Hamas, en Palestina. Pero la gente de las calles, de los restaurantes, de los
cafés... estoy seguro que todos ellos no le creen a este hombre".
Según Massoud, Ridley Scott "quería hacer la película que había visto en sus
sueños". "Para él, era una novela con Balian, Ricardo Corazón de León, Saladino.
Puedo entender la película desde esa visión. Esto no significa que no me remita
al Irak actual. Hacia el final de la cinta hay una escena en la que los cruzados
y los soldados musulmanes están combatiendo y sus movimientos se presentan en
cámara lenta hasta que se congelan en la pantalla. Es de esta forma que vemos a
Balian y a Saladino cara a cara, y pueden entablar un diálogo.
"Creo que lo que Scott quería decir es que las guerras no nos dan soluciones
satisfactorias. Mi única contribución al guión fue la escena en que Saladino
está en Jerusalén y coloca de nuevo en su lugar un crucifijo que se ha caído del
altar de una iglesia. Scott dijo: 'Ok, vamos a hacerlo'. Yo quería mostrar ese
parte del personaje de Saladino."
Se dice que esta escena fue muy aplaudida en el mundo musulmán.
"Hace tres semanas estuve por última vez que estuve en la tumba de Saladino",
dice Massoud. "Antes de hacer la película, leí todo sobre él. Luego fui muchas
veces a su tumba; quería adueñarme del 'espíritu' de ese hombre".
* Según notas de producción de la película, Syriana es además un
término real usado en los think-tanks de Washington para referirse a una
reconfiguración hipotética de Medio Oriente. El director de la cinta, Stephen
Gaghan, sostiene que Syriana es "una gran palabra que define la perpetua
esperanza del hombre para rehacer una región geográfica con el fin de servir a
sus propias necesidades" (N de la T).
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca