Robert Fisk - rodelu.net |
16 de julio de 2006
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Página12 de Argentina - 16 de junio de 2006
Hezbola se venía preparando para hacer estallar el polvorín
Esta guerra no puede tener un ganador
Robert
Fisk Desde Beirut
Será recordada como la masacre de Marwaheen. A todos los civiles
asesinados se les había ordenado abandonar sus hogares en el pueblo de la
frontera por los mismos israelíes unas horas antes. Váyanse, se les dijo a
través de un altoparlante; y se fueron, 20 de ellos en una caravana de
automóviles civiles. En ese momento fue que llegaron los aviones israelíes para
bombardearlos, matando a 20 libaneses, de los cuales por lo menos nueve eran
niños. La brigada de bomberos local no pudo extinguir el fuego, mientras todos
se quemaban vivos en el infierno. Otro “objetivo terrorista” había sido
eliminado.
Ayer, los israelíes incluso produjeron más objetivos terroristas: estaciones
de servicio desde el Valle Bekaa hasta la ciudad fronteriza de Hermel en el
norte de Líbano, y una serie de puentes en una de las pocas rutas de escape a
Damasco, esta vez entre Chtaura y el pueblo fronterizo de Masnaa. Líbano, como
de costumbre, estaba pagando el precio del conflicto entre Hezbolá e Israel, tal
como calculó Hezbolá que ocurriría cuando cruzaron la frontera israelí el
miércoles pasado y capturaron a dos soldados israelíes cerca de Marwaheen.
Pero, ¿quién está ganando la guerra realmente? No se puede decir que Líbano,
con sus más de 90 civiles muertos y su infraestructura destruida en cientos de
ataques aéreos israelíes. ¿Pero está ganando Israel? El ataque de misil contra
un buque de guerra israelí del viernes por la noche sugiere otra cosa. Murieron
cuatro marinos israelíes, dos de los cuales se lanzaron al mar cuando un misil
teledirigido fabricado en Irán impactó contra su barco tipo Hetz en las afueras
de Beirut al anochecer. Aquellos libaneses que han soportado el fuego de los
buques israelíes en la autopista costera por muchos años estaban eufóricos.
Puede no haberles gustado Hezbolá, pero odiaban a los israelíes.
Sólo que ahora, sin embargo, la imagen que emerge de la batalla por el sur
del Líbano es más real, y es una historia fascinante y aterradora. El original
cruce de frontera, la captura de dos soldados y el asesinato de otros tres
fueron planeados hace más de cinco meses, de acuerdo con Hassan Nasralá, el
líder de Hezbolá que escapó de la muerte a manos de los israelíes el viernes por
la noche. Y el ataque de misil del viernes contra el buque de guerra israelí no
provino de la inspiración de último momento de un miembro de Hezbolá que justo
vio el barco.
Ahora parece claro que los líderes de Hezbolá –Nasralá era el comandante
militar de la organización en el sur del Líbano– pensaron cuidadosamente los
efectos de su cruce de frontera, apoyándose en la crueldad de la respuesta de
Israel para acallar cualquier crítica de su acción dentro de Líbano. Estaban en
lo correcto. La represalia israelí fue incluso más cruel de lo que algunos
líderes de Hezbolá imaginaron, y los libaneses rápidamente silenciaron sus
críticas hacia el movimiento islámico.
El siguiente ataque fue dirigido al centro de control de tráfico de Merón,
una instalación militar ultrasecreta, denominado con el nombre en código
“Apollo”. Allí, científicos militares israelíes trabajan dentro de cuevas y
bunkers en la montañas en Merón, custodiados por torres de vigilancia, perros de
policía y alambre de púas, controlando todo el tráfico aéreo que entre y sale de
Beirut, Damasco, Amman y otras ciudades árabes. La montaña está coronada con una
serie de antenas, y Hezbolá rápidamente la identificó como un centro de rastreo
militar. Antes de lanzar cohetes a Haifa, enviaron una serie de misiles a Merón.
Las cuevas son impenetrables, pero el que Hezbolá pusiera como objetivo un sitio
secreto de esa magnitud conmocionó a los estrategas militares israelíes.
El “centro de terror mundial” –o lo que sea que imaginan que es Líbano– no
sólo pudo abrir una brecha en su frontera y capturar a sus soldados, sino
también atacar el centro del comando militar israelí en el norte. Los israelíes
anunciaron ayer que el misil fue fabricado en Irán, como prueba del
involucramiento de ese país en la guerra de Líbano. Este fue un razonamiento
extraño. Ya que casi todos los misiles utilizados para matar a los civiles en
Líbano en los últimos cuatro días fueron fabricados en Seattle, Duluth y Miami
en Estados Unidos, su uso ya sugiere a millones de libaneses que Estados Unidos
está detrás de los bombardeos a su país.
* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Virginia Scardamaglia.
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