Robert Fisk - rodelu.net |
16 de agosto de 2006
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La
Jornada de México - 15 de agosto de 2006
Adquiere la milicia chiíta fama de proporciones grandiosas en el mundo árabe
Hezbollah celebra como victoria el retiro israelí y el cese del fuego
Robert
Fisk The Independent
Srifa, Sur de Libano, 14 de agosto. Hicieron un desierto y lo llamaron paz.
Sfria -o lo que alguna vez fue el poblado de ese nombre- es un lugar de casas
aplastadas, muros derruidos, escombros, gatos hambrientos y cadáveres atrapados.
Pero es también un lugar de victoria para Hezbollah, cuyos combatientes
caminaron este lunes entre la destrucción con aire de héroes conquistadores.
¿A quién culpar por este desierto? ¿A la milicia chiíta que provocó esta
guerra, o a la fuerza aérea y el ejército de Israel, que llevaron la ruina al
sur de Líbano y dieron muerte a tantos de sus pobladores? Para el mukhtar
-alcalde- de la ciudad no hay duda alguna. Cuando tres hombres de Hezbollah -uno
herido en un brazo, el otro llevando dos magazines de municiones y un
radiocomunicador- pasaron junto a nosotros entre los montones de fragmentos de
concreto, Hussei Kamelel-Din les gritó: "¡Adiós,héroes!" y se volvió hacia mí.
"¿Sabe por qué están furiosos? Porque Dios no les dio la oportunidad de morir."
Había que estar allí con los milicianos de Hezbollah, entre esta aterradora
destrucción -muy al sur del río Litani, en el territorio de donde alguna vez
Israel juró que los expulsaría- para percatarse de la naturaleza del pasado mes
de guerra y de su enorme significación política para Medio Oriente. El poderoso
ejército israelí se ha retirado de la aldea vecina de Ghandouriyeh después de
peder 40 hombres en poco más de 36 horas de combate. Ni siquiera ha logrado
penetrar en la devastada ciudad de Khiam, donde Hezbollah celebraba la tarde de
este lunes. En Srifa estuve mirando junto a los guerrilleros los caminos
desiertos que van al sur y podíamos divisar todo el trayecto hasta Israel y el
asentamiento de Mizgav Am, al otro lado de la frontera. No es el desenlace que
supuestamente iba a tener la guerra para Israel.
Lejos de humillar a Irán y Siria, como era el plan de Tel Aviv y Washington,
esos dos llamados estados parias han quedado intactos y la fama de Hezbollah
adquirió proporciones grandiosas en todo el mundo árabe. La "oportunidad" que en
apariencia el presidente George W.Bush y su secretaria de Estado, Condoleezza
Rice, entrevieron en la guerra en Líbano se volvió una oportunidad, pero para
que los enemigos de Estados Unidos exhibieran la debilidad del ejército israelí.
De hecho, la noche de este lunes apenas si se veía algún vehículo blindado
israelí en suelo libanés -si acaso un tanque solitario a las afueras de Bint
Jbeil-, y los invasores se habían alejado incluso de la población cristiana de
Marjayoun, que consideraban "segura". Ahora está claro que los 30 mil hombres
que según se decía avanzaban a marchas forzadas al norte del río Litani jamás
existieron. De hecho, es improbable que este lunes quedaran más de mil soldados
israelíes en todo el sur de Líbano, aunque sí se vieron envueltos en dos
tiroteos durante la mañana, horas después que el cese del fuego de la ONU entró
en vigor.
En tanto, por la carretera que va a Beirut desde la costa avanzaba un éxodo
de decenas de miles de familias chiítas, apiladas en los toldos de sus
vehículos, muchos de los cuales portaban en el parabrisas banderas de Hezbollah
y retratos de Sayed Hassan Nasrallah, el líder de la guerrilla. En los
gigantescos embotellamientos de tránsito en torno a los derruidos puentes de la
autopista y a los cráteres que tapizan el paisaje, gente de Hezbollah repartía
banderas verdes y amarillas de "victoria", junto con avisos oficiales en los que
se llama a los padres a no dejar que los niños jueguen con los miles de bombas
sin explotar que ahora yacen por todas partes. Por lo menos un niño libanés
pereció por una de esas bombas, y 15 resultaron heridos este jueves.
Pero, ¿qué encontrará esta gente a su regreso? Haj Ali Dakroub, de 42 años,
gerente de una constructora, perdió parte de su hogar en el bombardeo israelí de
Srifa, en 1996. Ahora toda su casa quedó aplastada. "¿Qué hay aquí para que
Israel destruyera todo?", pregunta. "No negamos que la resistencia estuviera en
Srifa: estuvo antes y estará en el futuro. Pero en esta casa sólo vivía mi
familia. ¿Por qué Israel la bombardeó?"
Bueno, la verdad sí me di cuenta de que algo parecido a un casco de misil
colgaba del balcón de una casa muy dañada frente a las ruinas del hogar de Alí
Dakroub. Y un grupo de milicianos de Hezbollah, uno de los cuales llevaba una
pistola metida en el pantalón, pasó junto a nosotros como si tal cosa y
desapareció en un huerto. ¿Sería allí donde guardaban algunos cohetes? Dakroub
no quiso decirlo.
"Mis dos hijos y yo vamos a reconstruir la casa", comentó. "Israel puede
volver dentro de 10 años y destruirla de nuevo, y entonces tendré que
reconstruirla otra vez. La victoria fue de Hezbollah. Los israelíes pudieron
vencer a todos los países árabes en seis días en 1967, pero aquí no pudieron
vencer a la resistencia en un mes. Los hombres de la resistencia salieron de la
tierra para devolver los disparos. Y aquí están todavía."
"Salir del suelo" es una expresión que he escuchado varias veces en estas
semanas y comienzo a sospechar que muchos de los miles de guerrilleros en
realidad se refugiaron en cavernas, sótanos y túneles, y sólo salían para lanzar
sus misiles o utilizar sus cohetes infrarrojos contra el ejército israelí cuando
éste cometió el error de enviar tropas de tierra hacia Líbano.
¿Alguien cree que Hezbollah va a someterse a ser desarmado por una nueva
fuerza internacional de la ONU y del ejército libanés cuando llegue... si es que
llega? Este lunes hubo un momento simbólico, cuando soldados libaneses asignados
al sur del país se unieron a milicianos en Srifa para remover los escombros de
una casa en la que se creía que estaban enterrados los cuerpos de toda una
familia. A la búsqueda se sumaron la Cruz Roja libanesa y personal de defensa
civil, representantes del poder civil que supuestamente recobrará su soberanía
de manos de Hezbollah. El mukhtar, que con tanto entusiasmo catalogó como
héroes a los guerrilleros, también es representante del gobierno. Y a la entrada
de esta aldea destrozada aún se ve un cartel de Nasrallah con el presidente
iraní Alí Jamenei.
Lejos de empujar a Hezbollah al norte, más allá del río Litani, Israel lo ha
arraigado en sus poblados como jamás lo había estado.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya
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