Robert Fisk - rodelu.net |
20 de agosto de 2006
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Página12 de Argentina - 18 de agosto de 2006
Francia exige un mandato claro para desplegar sus tropas
Un desarme light, al estilo libanés
Los soldados libaneses cierran los ojos a las actividades de Hezbolá,
siempre que ninguno de sus milicianos sea tan maleducado como para conducir un
camión lleno de misiles a través de sus puestos de control.
Robert
Fisk* Desde Beirut
Ahora se las ve, ahora no. ¿Armas de Hezbolá? Ni una a la vista. Y ni
una para que recoja el ejército libanés. Porque cuando este augusto cuerpo de
hombres cruzó el río Litani ayer, sus oficiales dejaron muy en claro que
desarmar a Hezbolá no será tarea del ejército. Tampoco nadie estaba sorprendido
en el Líbano. Después de todo, la mayoría de las tropas libanesas aquí son
chiítas –como Hezbolá– y, en muchos casos, los soldados que cruzaron el Litani
ayer son de los mismos pueblos del sur que los guerrilleros a los que
supuestamente deben desarmar. En otras palabras, un típico acuerdo
libanés.
De manera que, ¿en que quedó la Resolución del Consejo de Seguridad de la
ONU? Es verdad, los franceses están en camino –o se supone que están–. Por lo
menos 1300 tropas francesas están en ruta por mar hacia Beirut, de acuerdo con
el gobierno francés, y son los franceses –cuyo general Allain Pelligrini ya
comanda la pequeña fuerza de la ONU aquí– quienes dirigirán el nuevo ejército
internacional en el Líbano. Pero, ¿se supone que deben desarmar a Hezbolá? ¿O
luchar contra ellos? ¿O sentarse en el sur del Líbano como una fuerza protectora
de Israel? Los franceses todavía están exigiendo –y muy sabiamente– un claro
mandato para su nuevo rol aquí. Pero el Líbano no brinda claros mandatos para
nadie, menos que nadie, para los franceses.
El Líbano les dio a sus soldados la tradicional bienvenida de arroz y agua de
rosas cuando pasaron sobre los puentes recientemente construidos por los
militares sobre el río Litani en la madrugada de ayer. Algunos de los mismos
habitantes del pueblo son los mismos que les dieron la tradicional bienvenida a
los israelíes en 1982 y a Hezbolá después. Pero el ejército libanés representaba
la paz en nuestro tiempo –por lo menos durante un tiempo– para aquellos que
están todavía excavando los cadáveres de sus familiares muertos en el sur del
Líbano.
Se veían bien en televisión; todos esos destartalados tanques T-54 del Pacto
de Varsovia y los antiguos transportadores de personal Panhard sobre camiones,
supuestamente regresando al lejano sur del Líbano por primera vez en 30 años.
Por supuesto, no era cierto. Aunque no están desplegados en la frontera, miles
de soldados libaneses han estado estacionados en las ciudades del sur desde la
guerra civil, obedientemente cerrando los ojos a las actividades de Hezbolá,
siempre y cuando ninguno de sus combatientes sea lo suficientemente maleducado
como para conducir un camión lleno de misiles a través de sus puestos de
control.
Entre esos soldados libaneses que estaban más familiarizados con el sur,
estaban los miembros de la fuerte guarnición de 1000 hombres en la ciudad
cristiana de Marjayoun, que huyó después de las pequeñas incursiones de Israel
hace una semana. Y aquí, como dicen, está el quid de la historia. Porque su
comandante, el ministro del Interior, brigadier general Adnan Daoud, acaba de
ser arrestado por traición después de que la televisión israelí lo mostró
tomando el té con un oficial israelí en las barracas de Marjayoun. Aun peor, la
estación de televisión Al Manar de Hezbolá –que estuvo en el aire a través de
esta última guerra a pesar de los mejores intentos de Israel de bombardearla y
sacarla de su existencia– levantó la grabación israelí y la reprodujo en todo el
Líbano.
Antes de su arresto, el general Daoud fue lo suficientemente osado como para
contarle sus pensamientos a Lauren Frayer, una reportera de la agencia de
noticias Associated Press que llegó a Marjayoun a tiempo para grabar las últimas
palabras del general antes de su arresto. Los israelíes, dijo, “vinieron
pacíficamente hasta nuestro portón, pidiendo hablar conmigo personalmente”. Un
oficial israelí, que se presentó como el coronel Ashaya, conversó con Daoud
sobre las futuras relaciones israelo-libanesas.
“Lo llevé a hacer una visita de nuestra base durante cuatro horas”, dijo el
general. “Probablemente estaba en una misión de inteligencia y quería saber si
teníamos a algún Hezbolá aquí adentro.” Pero una hora después de que el supuesto
amigo israelí se fuera, los tanques israelíes se abrieron camino con proyectiles
a través de los portones de la guarnición libanesa. Los soldados libaneses no
devolvieron el fuego. En cambio, huyeron de Marjayoun, sólo para descubrir que
su largo convoy, que incluía docenas de automóviles civiles, era atacado por
pilotos israelíes que mataron a siete civiles, incluyendo a la mujer del
alcalde.
En Beirut, todo esto quedó olvidado cuando el primer ministro libanés, Fouad
Siniora, repitió que no habría más “Estados dentro de un Estado” y que Hezbolá
dejaría el área al sur de Litani. Esta declaración cayó bajo la categoría de una
“historia probable”. La mayoría de los miembros de Hezbolá no sólo viven en
pueblos al sur del Litani sino que varios de sus oficiales dejaron en claro ayer
que le habían dicho al ejército libanés que no buscara armas.
* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.
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