Robert Fisk - rodelu.net |
24 de agosto de 2006
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Página12 de Argentina - 19 de agosto de 2006
Nadie quiere mandar tropas al Líbano hasta que alguien explique para qué
Israel está interesado en que se implementen las resoluciones 1559 y 1701 del
Consejo de Seguridad de la ONU, que exigen el desarme de Hezbolá –una
organización que Israel no logró desarmar durante las pasadas seis semanas
después de destrozar al Líbano y masacrar a más de mil civiles libaneses–. Y
debo decir que siento una cierta ironía al ver a los diplomáticos de Israel
prestándole tanta atención a la redacción de esas resoluciones y la necesidad de
cumplirlas, después de que pasaron años basureando a la misma fuerza de la ONU
en el Líbano que se supone que debe protegerlo en el futuro.
Robert
Fisk*
Unifil, la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en el Líbano, ha estado
asentada en el sur del país durante los últimos 28 años y ha sido el blanco de
las bromas y calumnias durante todo ese tiempo. Recuerdo cómo los israelíes
afirmaban que los del batallón irlandés –retirado desde entonces– estaban
borrachos o eran antisemitas, que los funcionarios de la ONU mentían, que un
comandante de Fiji estaba desparramando sífilis entre las mujeres de Qana, la
ciudad cuyos habitantes acaban de ser masacrados por las fuerzas israelíes por
segunda vez en una década.
Pero ahora, el nuevo Unifil reforzado, supuestamente debe brindar protección
a Israel –cuyo ejército fracasó tan estrepitosamente en proteger a su gente en
esta última guerra– para que se sienta seguro. Uno no puede sino desear que los
israelíes les hubieran prestado atención siempre a las resoluciones de la ONU.
Si sólo estuvieran tan interesados en adherir a la Resolución 242 del Consejo de
Seguridad de la ONU, por ejemplo, como están de ansiosos en asegurarse que
Hezbolá y el ejército libanés cumplan con las resolucines 1559 y 1701. Pocos
lectores necesitarán que se les recuerde que la 242 pide la retirada de las
tropas israelíes del territorio ocupado en la guerra de 1967 a cambio de la
seguridad de todos los estados (incluyendo a Israel) en la región.
Ahora, por supuesto, Hezbolá está jugando muy suelto de cuerpo con la ONU.
Cruzó ilegalmente la Línea Azul de la ONU en el sur del Líbano el 12 de julio
para matar a tres soldados israelíes y capturar a otros dos. Ya dejó en claro
que tiene intención de desarmarse y que sus miembros –“maestros de escuela,
obreros, estudiantes universitarios” (personalmente admiré la presunción de
estos últimos)– se quedarían al sur del rio Litani, las armas fuera de la vista,
pero no de la mente. Y si la 1701 es basura para Hezbolá, ¿entonces qué es la
242 para los palestinos? Pero hay algo más peligroso suelto en el sur del
Líbano, algo íntimamente relacionado con el desastre infernal en que hemos
convertido a Irak. Las famosas tres mil tropas francesas que se suponía que
debían llegar al Líbano para apoyar al ejército libanés, de pronto se redujeron
a 400 ingenieros franceses.
Y sucede que a los españoles y a los italianos les gustaría saber un poco más
sobre el misterioso mandato de la ONU para el cual sus tropas estarían operando,
antes de sacrificar la vida de sus jóvenes hombres en el Líbano. Los españoles
no han olvidado el precio que pagaron por apoyar la “coalición de los
dispuestos” –que tan pronto se convirtió en la “coalición de los no dispuestos”–
en Irak. No quieren más bombas en el sistema de trenes de Madrid. Y los
italianos están un poco cansados de los funerales de Estado por sus caídos en
Irak.
Es verdad, los franceses no han olvidado a sus 58 soldados asesinados en el
edificio Drakkar en Beirut el 23 de octubre de 1983, cuando unos terroristas
suicidas asociados con Hezbolá los atacaron como parte de la “Fuerza
Multilateral” en el Líbano, otra creación estadounidense. Pero Francia ha visto
colapsar el proyecto estadounidense en Irak y sospecha de sus soldados, a pesar
de la perspectiva de renovar en forma fantasmal el mandato francés de las
décadas de 1920 y 1930 en el Líbano, que terminó enel mismo aprieto que aquellos
ejércitos que decidieron seguir al de George Bush al sangriento pantano de
Irak. * De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.
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