Robert Fisk - rodelu.net |
29 de agosto de 2006
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Página12 de Argentina - 20 de agosto de 2006
La guerra fue funcional a Damasco y Teherán
Irán pudo probar sus misiles
En los casi vacíos salones baasistas de Damasco, a menudo la realidad
parece muy alejada. Pero fue un indicio de los tiempos que corren que el
presidente Bashar al Assad fuera capaz de que las vacas sagradas de Damasco se
pusieran de pie por el simple hecho de decir la verdad –algo que ningún otro
líder árabe quiso hacer en las últimas cinco semanas–: que el grupo guerrillero
libanés Hezbolá había efectivamente ganado este round de su guerra con
Israel.
Robert
Fisk* Desde Beirut
Había mucha exageración en el discurso de Assad. Un conflicto que costó más
de mil vidas de libaneses civiles no puede llamarse una “batalla gloriosa”
–según las propias palabras de Assad–, pero por lo menos reflejaba más realidad
que su contracara en Washington, George Bush, quien, llevado por una falsa
ilusión o su amor por Israel, declaró que Hezbolá había sido derrotado en el
Líbano. La “victoria” de Israel en el Líbano debe sumarse presumiblemente a
nuestras famosas “victorias” en Irak y en Afganistán. Siria e Irán, según Bush,
fueron responsables del “sufrimiento” del Líbano –que contiene las semillas de
la verdad ya que Hezbolá provocó esta guerra al capturar a dos soldados
israelíes y al matar a otros tres el 12 de julio– aunque no eran la fuerza aérea
siria ni la iraní las que estaban masacrando convoyes de refugiados civiles
inocentes en el Líbano estas últimas cinco semanas. De manera que el presidente
Assad debe haber disfrutado de su pequeña perorata ayer en Damasco.
“Esta es una administración (Estados Unidos) que adopta el principio de
guerra preventiva que es absolutamente contradictorio con el principio de paz”,
dijo. “Consecuentemente, no aceptamos la paz pronto o en un futuro predecible.”
Assad puede decir eso otra vez. En realidad, no hay señales de que Hezbolá tenga
la intención de “desarmarse” bajo los términos de las Resoluciones 1559 y 1701
del Consejo de Seguridad de la ONU, como tampoco Israel está dispuesto a acatar
la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU y retirarse de los
territorios árabes que ocupó en 1967. Sin embargo, está claro que el presidente
Assad se ve a sí mismo nuevamente en el centro del poder árabe después de la
retirada humillante de su ejército del Líbano el año pasado. No hay más
necesidad de derrotismo entre los árabes, dijo –un sentimiento que es
ampliamente compartido en el mundo árabe real, pero bastante ausente de la
fantasía del presidente Bush de Medio Oriente–. Que sea Siria, de todas las
naciones, la que puede declarar esto y recibir tanto aplauso probablmente dice
más sobre Washington que sobre Damasco. Y es, por supuesto, el regreso a los
Altos del Golán sirios ocupados por israel –ver Resolución 242 de la ONU– lo que
está detrás de esta desastrosa guerra.
La verdad es que Israel abrió su ataque al Líbano afirmando que el gobierno
libanés era responsable del ataque de Hezbolá –y claramente no lo era– y que sus
acciones militares podrían lograr la liberación de los dos soldados capturados.
En esto, los israelíes fracasaron rotundamente. La pérdida de 40 soldados
israelíes en sólo 36 horas –y los exitosos ataques de Hezbolá contra los
blindados israelíes dentro del Líbano– fueron un desastre para el ejército
israelí. El hecho de que Siria pudiera gritar a todo pulmón los “logros” de
Hezbolá mientras evitaba la destrucción de una brizna de pasto dentro de Siria
–sólo los libaneses y los israelíes tuvieron que pagar el precio de esta guerra
sucia– sugiere un cinismo que el mundo árabe todavía debe entender. Pero, por
ahora, Siria ganó.
Irán, como el principal partidario de Hezbolá, claramente también piensa eso.
El presidente Mohmoud Ahmedinejad, que generalmene habla mucho más de lo que
piensa, condenó a los Estados Unidos por proveer a Israel con las armas que usó
sobre los civiles libaneses –una declaración perfectamente cierta–. Pero no dijo
que los misiles de Hezbolá venían de una nuevageneración del arsenal iraní y que
ni siquiera existían durante la guerra entre Irán e Irak de 1980-88. Mientras
los estadounidenses sin duda estarán interesados en evaluar la efectividad de
sus armas en esta guerra –a pesar de que fueron utilizadas mayormente sobre
civiles–, nadie debe dudar de que los iraníes estarán evaluando la capacidad de
sus nuevos misiles Fajr y su efecto en el ejército israelí. * De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.
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