Robert Fisk - rodelu.net |
15 de octubre de 2006
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La
Jornada de México - 13 de octubre de 2006
Los tratados de paz no son buenos viajeros
Robert
Fisk
Primero,
el mejor chiste salido de Belfast en años, cortesía de mi viejo
amigo David McKittrick, quien en 1972 trabajaba para The Irish Times, de
Irlanda del Norte, mientras que yo era el hombre del London Times en el
mismo lugar. El papá de David alguna vez trabajó en Harland y Wolff, el
astillero que construyó el Titanic. "Hay que darle a Harland y Wolff el
crédito que merece", decía David. "De no ser por ellos, el Titanic no
estaría donde está ahora".
Quizá fueron nuestros juegos de bar y las cervezas en medio de la decoración
fúnebre del hotel Malmaison, pero el chiste de David de alguna forma representa
al nuevo Belfast. Los norirlandeses siempre se han burlado de sí mismos, pero
siempre lo hicieron con algo de inseguridad en sí mismos durante los años de
violencia e incluso antes. Cuando se hizo la primera gran película sobre el
Titanic, en 1957 -aquella en que Kenneth More hacía el papel del segundo
oficial Lightoller-, Harland and Wolff, una fortaleza protestante, aún se
avergonzaba de su barco más famoso y rehusó dar a los realizadores de la
película cualquier ayuda, y ni siquiera les dieron acceso a los planes de
construcción de la nave.
Hoy en día, Belfast promueve al Titanic entre los turistas y Harland y
Wolff proclama con orgullo su extraordinario, aunque desdichado, logro. Belfast
es la ciudad del Titanic y el monumento original para los muertos, recién
restaurado, está afuera del ayuntamiento frente al Ulster Bank (en el cual mi
cuenta bancaria a veces debe causar tanta preocupación como el iceberg de 1912).
En una conferencia que di en Belfast la semana pasada, me sorprendió
particularmente el enorme conocimiento que los irlandeses del Norte poseen sobre
Medio Oriente. Las sociedades divididas muchas veces se atraen unas a otras. El
Comité del Domingo Sangriento de Derry, que conmemora a los 14 católicos muertos
por soldados británicos en 1972, quería adoptar como "hermana gemela" a la
ciudad iraquí de Fallujah después de que en 2003, 14 civiles iraquíes fueron
asesinados por la Unidad 82 Aerotransportada estadunidense, en un incidente que
provocó que la insurgencia convirtiera a todo Irak en una versión gigante de la
zona prohibida de Bogside*.
En 2000, John Hume, político norirlandés y premio Nobel de la Paz, escribió
un artículo para el diario Jerusalem Post en que dijo que los Acuerdos de
Viernes Santo podían ser aplicados al conflicto palestino-israelí. Yo difiero.
Los acuerdos de paz de otros pueblos no son buenos viajeros. Cisjordania, con
sus masivos asentamientos judíos, se parece más a la Irlanda del siglo XVII
después del despojo de los católicos, lo cual argumenté a mi público, a orillas
del río Lagan.
Preguntas de los presentes. ¿Se puede obligar a Israel a obedecer la
resolución 242 de la ONU? Respuesta: no. ¿Peligra más Líbano ahora que antes de
la reciente guerra? Respuesta: sí. ¿Realmente es Blair el perro faldero de Bush
en Medio Oriente? Respuesta: sí. ¿Cómo puede ayudar la "fe" a traer la paz entre
los pueblos de Medio Oriente y la "semilla de Abraham" (en referencia a la
iniciativa de Juan Pablo II)?
Y por supuesto me preguntaron cuál fue el efecto real de la cita que el papa
Benedicto XVI hizo del emperador medieval de Constantinopla. Respuesta:
Benedicto -quien no es mi Papa favorito- es demasiado inteligente para ignorar
el efecto que tendría esta desagradable, y en estos tiempos, provocadora
declaración sobre la violencia y el profeta Mahoma.
Todo esto, debo agregar, ocurrió sólo un par de días antes de que Benedicto
decidiera evacuar el limbo y enviar a sus ocupantes a instalaciones más
espaciosas en el cielo porque, sospecho, el lento colapso de la Iglesia
cristiana en Occidente significa que ésta misma deberá mudarse al limbo.
La pregunta sobre la "fe" surgió en una gran reunión compuesta
mayoritariamente por jóvenes en el monasterio Clonard, ubicado en Falls, una
organización redencionista cuya magnífica iglesia tiene la acústica del Royal
Albert Hall -ambos recintos deben haberse construido en la misma época--. La
obvia religiosidad del lugar debió haber intimidado a un "laico" como yo. Yo
había despotricado contra los horrores de la guerra y la inmoralidad de una
"intervención humanitaria armada", y la pregunta sobre la fe me la hizo el padre
Gerry Reynolds, quien es toda una institución en Belfast.
Me sentí tentado a recordar que mi papá, cuando estaba próximo a morir, me
aseguró que no temía "irse", pero que yo sí tenía miedo "porque no tienes fe".
En cambio, le comenté al público que, en buena parte, los occidentales (con
excepción del padre Reynolds) han perdido la fe, mientras que el mundo musulmán
no.
Recordé una conversación entre mi chofer libanés, Abed, un musulmán sunita y
mi intérprete de árabe clásico, Imad, un chiíta musulmán. En una ocasión en que
volvíamos los tres a casa, atravesando en automóvil las montañas libanesas, les
pregunté si había vida después de la muerte. Abed respondió que creía en Dios,
pero no en otra vida. "El mundo simplemente sigue sin nosotros", señaló. Imad
dijo que no sabía.
Yo le conté al padre Reynolds que ahí, entre las nieves del monte Sanine,
viendo las hojas de otoño desde el auto y hablando en el idioma de los ángeles,
no podía creer que todo esto ocurrió sólo porque dos enormes nubes de gas
chocaron una contra otra hace miles de millones de años. Pero eso, dije, es "el
final de la fe de Fisk".
Ante esto, el padre Reynolds -quien estoy seguro de que algún día se irá
directamente al cielo- me dio una palmadita en el brazo. ¿Es que entre los
redencionistas aún hay esperanza para Fisk?
En Belfast, la pregunta más frecuente fue: ¿Cómo podemos obligar a nuestros
líderes a detener las guerras? Para esto no tengo respuesta, pero me gusta lo
que dice en su última novela la muy original escritora canadiense Margaret
Atwood, sobre el Desorden Moral: "No se puede ser líder, si nadie te sigue". ¿Es
esa la forma de lidiar con lord Blair de Kut Al Amara y sus secuaces?
De hecho, si tan sólo Jack Straw hubiera dicho un poco antes en la semana eso
de que le gustaría que las mujeres musulmanas no utilizaran velo, pude haberlo
hecho objeto del puñal de mi fe en el monasterio. Solamente Dios sabe qué pedirá
después: que las monjas se quiten la toca o que las mujeres judías dejen de usar
peluca. Sin embargo, no puedo hacer a un lado la idea de que si no fuera por
Jack Straw, la islamofobia no sería lo que es hoy.
*Bogside es el barrio nacionalista de las afueras de Derry que ha sido
escenario de numerosos conflictos sectarios como el Domingo Sangriento y la
Batalla de Bogside, los que han sido inmortalizados en sus famosos murales
callejeros. (N. de la T)
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
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