Robert Fisk - rodelu.net |
10 de noviembre de 2007
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La
Jornada de México - 9 de noviembre de 2007
¿Quién será el ejecutado?
Todas las guerras, como los caminos al corazón humano, son misterios.
Ni siquiera A J P Taylor pudo explicar los orígenes de la Primera Guerra
Mundial en su libro del mismo nombre. Tampoco mi padre, que participó en
ella. Pero existe un misterio en torno al hombre a quien el teniente
segundo Bill Fisk, del regimiento Liverpool del rey, tenía órdenes de
ejecutar por el asesinato de un policía militar británico en París.
Robert
Fisk
Bill lo conocía como Frank Wills. He visto la firma de Wills al pie de
su última apelación al consejo de guerra que lo sentenció a muerte. No
sirvió de nada: fue fusilado en Le Havre en mayo de 1919, pero no por mi
padre, quien, en el acto más noble de su vida se negó a comandar el
escuadrón de fusilamiento y tal vez destruyó así su carrera militar. Frank
Oswald Wills yace en el cementerio de Sainte Marie (tumba 64. VI. F. 5),
cerca del lugar donde se le ejecutó al amanecer. Pero es posible que el
hombre sepultado allí no sea Frank. Es probable que Frank Willis jamás
haya existido.
Tengo que agradecer el trabajo incansable del Foro de la Gran Guerra y
a los investigadores militares Bob Doneley y Beppo Sapone, así como a
Sandra, Tim y otros remitentes de e-mails, la mayoría al parecer
australianos (las impresiones de sus textos me fueron enviadas por Gerald
Houluigue, pues sigo siendo un luddista que no escribe e-mails).
Los investigadores de la Gran Guerra pueden enviar sus propias
conclusiones de este relato.
Empezaré por mi propia copia de las últimas palabras de Willis,
escritas en vano al tribunal que ordenó su ejecución. “Tengo 20 años de
edad. Me alisté en el ejército australiano en 1915, cuando tenía 16. Fui a
Egipto y a los Dardanelos, donde tuve un número considerable de
asignaciones, y a Francia. Entré en el ejército británico en abril de 1918
y llegué a Francia en junio de 1918. Fui dado de baja del ejército
australiano a causa de una fiebre que me afectó la cabeza y que contraje
en Egipto. Mis amigos me convencieron de dejar mi unidad y anduve en malas
compañías. Comencé a beber y a jugar fuertes sumas. No tenía intención de
cometer los delitos por los que ahora comparezco ante el tribunal. Pido
que se tome en consideración mi juventud y se me dé oportunidad de llevar
una vida honesta y decente en el futuro”. La apelación de Willis puede
encontrarse en la Oficina del Registro Público (o Archivo Nacional, como
se llama ahora). Su firma, de rasgos levemente temblorosos, se encuentra
al pie.
Veamos ahora el primer párrafo del documento de 18 páginas que me envió
Holuigue: “El soldado 1709 Richard Mellor salió de Australia (en 1915)
como refuerzo para el primer regimiento de caballería ligera. Su madre
declaró que se alistó con el nombre de su hermano y falseó su edad. Luego
de hacer servicio sanitario en Egipto y Francia, desertó en mayo de 1918 y
jamás fue aprehendido. En 1939 su madre, Elizabeth, seguía escribiendo al
Ministerio de Defensa australiano para saber de su paradero.” La hoja de
servicios de Mellor, de 213 páginas, se encuentra en los Archivos
Nacionales de Australia.
Aquí viene lo pasmoso. “En mayo de 1919, el artillero 253617 Frank O.
Wills, de la Real Artillería de Campo, aguardaba la ejecución por haber
asesinado a un policía militar cuando lo aprehendieron por desertor. Pidió
hablar con un oficial australiano antes que lo fusilaran. El mayor Burford
Sampson, oficial al mando de la fuerza australiana de infantería en París,
visitó a Wills en prisión. Allí éste le dijo que en realidad era Richard
Mellor, desertor australiano. Fue aprehendido durante una redada y se unió
al ejército británico con el nombre de Wills. Le hizo un recuento de su
pasado a Sampson y le pidió que le escribiera a su madre para decirle lo
que le había ocurrido. El 27 de mayo fue fusilado y enterrado en el
cementerio Sainte Marie, en Le Havre.”
Aunque el expediente de Mellor contiene la declaración de Sampson, que
coincide punto por punto con el historial de Richard Mellor y con las
órdenes de la fuerza expedicionaria británica que registran la ejecución
de Wills, la madre de Mellor nunca fue informada oficialmente del destino
de su hijo. Tampoco el ejército australiano registró oficialmente que
Mellor y Wills eran el mismo hombre. De hecho, todavía hoy los
australianos tienen a Mellor registrado como desertor, con paradero
desconocido. En 1933 se puso el sello de “secreto” a ciertas partes de su
expediente oficial. Una, de fecha 26 de agosto de 1920, contiene la
pregunta de si ha sido aprehendido… más de un año después de su ejecución.
Sin embargo, el relato que hizo Wills a Sampson parece auténtico, porque
dio al mayor australiano detalles importantes de Mellor con gran exactitud
–lugar de nacimiento, detalles sobre su madre, dirección de su casa en
Wigram Road, en la zona de Sydney llamada Forest Lodge, fecha de
alistamiento– y era al parecer de la misma edad que Mellor, quien
oficialmente se alistó en 1915 a los 21 años, aunque Elizabeth dice que
utilizó el nombre de su hermano Richard y que sólo tenía 16.
Si eso es cierto, entonces Richard era en realidad el hermano menor,
que se llamaba Samuel. Pero, ¿por qué Mellor –sacando las conclusiones
obvias de la declaración de Wills– se reiventó a sí mismo? ¿Se unió al
ejército británico en 1918 para evitar ir a la cárcel en Australia por
desertor? ¿Por qué no reveló su verdadera identidad al consejo de guerra?
¿Y por qué a la pobre señora Mellor no le informaron de la ejecución de su
hijo? Sampson menciona la conversación con Wills en su diario, que más
tarde fue publicado por su hijo en edición privada. Sandra, en uno de sus
e-mails, se pregunta si Mellor se casó en Gran Bretaña y fue
obligado a alistarse en el ejército de ese país. ¿Confesó Wills la verdad
por creer que así evitaría el fusilamiento?
Elizabeth Mellor comenzó sus averiguaciones del destino de su hijo en
1920, y todavía en 1939 escribía a las autoridades australianas, aduciendo
que era anciana y quería saber lo ocurrido antes de morir. Sus
conmovedoras demandas de información dan testimonio de la crueldad
oficial. “La desesperación mostrada por la madre merece respuesta”,
expresa hoy uno de los investigadores del Foro de la Gran Guerra, y tiene
razón. Pero el verdadero destino de Frank Wills –si existió– sigue siendo
un misterio. Sospecho que Bill Fisk se levantaría de la tumba (si la
tuviera; fue cremado) para exigir una explicación a las autoridades por
toda esta confusión. Pero, por desgracia, las autoridades –como Richard
Mellor y Bill Fisk– han muerto.
¿Debe la Comisión de Tumbas de Guerra de la comunidad considerar un
cambio de nombre en la tumba 64/VI/F/5 en Le Havre? Una última pista
inquietante: hay un W. Mellor enlistado en el directorio telefónico de
Sydney, que vive a corta distancia de Wigram Road, en Forest Lodge. Si
viviera, Hill se sentiría tentado a llamar a su puerta.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya
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