Eduardo Galeano - rodelu.net
19 de octubre de 2005

La Nación de Chile - 19 de octubre de 2005

Envenado:

Moscas

Eduardo Galeano
J osé Miguel Corchado tiene el cuerpo lleno de preguntas. Hace años que ha perdido la cuenta de la cantidad de preguntas que lo acosan sin tregua; pero recuerda la tarde en que la primera pregunta entró.

Fue en la ciudad de Sevilla, una tarde de sol y aroma de azahares, según manda la costumbre: una tarde como cualquier otra, al cabo de una jornada de trabajo como cualquier otra. Él iba caminando hacia su casa, a través del gentío, solo de una soledad como cualquier otra soledad, cuando la primera pregunta llegó, volando como mosca. Él quiso espantarla, pero la pregunta se quedó dando vueltas a su alrededor, hasta que se le metió adentro y ya no salió.

Y no lo dejó dormir en toda la noche.

Al día siguiente, José Miguel se sentó en una silla y anunció:

-Yo de aquí no me levanto, hasta que no sepa quién soy.


LA DIFUNTA MILAGROSA

Vivir es una costumbre mortal, contra eso no hay quien pueda, y también doña Asunción Gutiérrez murió, al cabo de un largo siglo de vida.

Parientes y vecinos la velaron en su casa, en Managua. Ya hacía rato que habían pasado del llanto a la fiesta, ya las lágrimas habían abierto paso a los tragos y a las risas, cuando en lo mejor de la noche, doña Asunción se alzó en el ataúd.

-Sáquenme de aquí, babosos -mandó.

Y se sentó a comer un tamalito, sin hacer el menor caso de nadie.

En silencio, los deudos se fueron retirando. Ya los cuentos no tenían quién los contara, ni los naipes quién los jugara, y los tragos habían perdido su pretexto. Velorio sin muerto, no tiene gracia. La gente se perdió por las calles de tierra, sin saber qué hacer con lo que quedaba de la noche.

Uno de los bisnietos comentó, indignado:

-Es la tercera vez que la vieja nos hace esto.


LA GUERRA INFINITA

Como era su costumbre, el presidente del planeta razonó.

Razonó así:

Para acabar con los incendios forestales, hay que talar los bosques;

para acabar con el dolor de cabeza, hay que decapitar al sufriente;

para liberar a los iraquíes, vamos a bombardearlos hasta hacerlos puré.

Y así, después de Afganistán, fue el turno de Irak.

Otra vez Irak.

La palabra petróleo no fue mencionada.

 
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