Eduardo Galeano - rodelu.net
17 de noviembre de 2005

La Nación de Chile - 16 de noviembre de 2005

Envenado:

El viento

Eduardo Galeano
Cuatro años cumplía Diego López y aquella mañana le brincaba en el pecho la alegría en el pecho de la alegría, la alegría era una pulga saltando sobre una rana saltando sobre un canguro saltando sobre un resorte, mientras las calles volaban al viento y el viento batía las ventanas. Y Diego abrazó a su abuela Gloria y en secreto, al oído, le ordenó:

-Vamos a entrar en el viento

Y la arrancó de la casa.


POBLACIÓN DE LA LUZ

Catalina tenía muchos amigos visibles, pero no eran portátiles.

En cambio, los invisibles la acompañaban a todas partes. Ella decía que eran veinte. Mas no sabía contar.

Fuera donde fuera, iba con ellos. Los sacaba del bolsillo, los ponía en la palma de la mano y con ellos conversaba.

Después les decía chau, hasta mañana, y los soplaba hacia el sol.

Los invisibles dormían en la luz.


COLORES

Los dioses y los diablos se mezclan con el gentío, y van y vienen metidos en el abigarrado subibaja de la muchedumbre. Aquí nadie tiene trabajo, pero todos están muy ocupados.

La luz grita, el aire baila. Cada persona es un color que camina. De los cuerpos, negros, bajan sombras verdes y camina. De los cuerpos, negros, bajan sombras verdes y azules, y tantos tonos tienen los fulgores del aire que el arcoiris prefiere no salir, para evitar el papelón.

De cara a la mar, derramada sobre las laderas de las montañas desolladas, Port-au-Prince se ofrece a los ojos como una estridencia de colores, donde la vida se aturde y olvida lo poco que dura y lo mucho que duele.

¿Será que la ciudad copia a los pintores que pintan la ciudad? ¿O es ella quien convierte, sin ayuda, su basura en hermosura?


DICCIONARIO DE LOS COLORES

Según los indios que sobreviven a orillas del río Paraguay, el plumaje da colores y poderes.

Las plumas verdes del loro no sólo regalan señorío al cuerpo que las luce: además, transmiten vida a las plantas moribundas.

Si no fuera por las plumas rosadas de un ave llamada espátula, la tuna no daría frutos.

Las plumas negras del pato son buenas contra el mal humor.

Las plumas blancas de la cigüeñas ahuyentan las plagas.

El guacamayo ofrece plumas rojas para llamar a la lluvia, y plumas amarillas para atraer las buenas noticias.

Y las plumas grises del avestruz, que tan tristes parecen, dan brío al canto humano.

Estos textos se publican con la autorización del autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo” (Ediciones del Chanchito, año 2004)

 
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