Eduardo Galeano - rodelu.net
29 de diciembre de 2005

La Nación de Chile - 28 de diciembre de 2005

Envenado:

La trama del tiempo

Eduardo Galeano
Tenía cinco años cuando se fue.

Creció en otro país, habló otra lengua.

Cuando regresó, ya había vivido mucha vida.

Felisa Ortega llegó a la ciudad de Bilbao, subió a lo alto del monte Artaxanda y anduvo el camino, que no había olvidado, hacia la casa que había sido su casa.

Todo le parecía pequeño, encogido por los años; y le daba vergüenza que los vecinos escucharan los golpes de tambor que le sacudían el pecho.

No encontró su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa de la cocina donde su madre, que le leía cuentos, había cortado de un tijeretazo al lobo que la hacía llorar. Tampoco encontró el balcón, desde donde había visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.

Al rato, los vecinos se animaron a decírselo: no, esta casa no era su casa. Su casa había sido aniquilada. Ésta que ella estaba viendo se había construido sobre las ruinas.

Entonces, alguien apareció, desde el fondo del tiempo.

Alguien le dijo:

-Soy Elena.

Se gastaron abrazándose.

Mucho habían corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.

Y dijo Elena

-Tengo algo para ti.

Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.

Felisa la reconoció. Su madre ofrecía, en esa fuente, las galletitas de avellanas que hacía para todos.

Elena la había encontrado, intacta, entre los escombros, y se la había guardado durante cincuenta y ocho años


TRAJES DE ÉPOCA

El vestuario del nuevo siglo puede ser admirado en el centro de alta costura de Miguel Caballero, en Bogotá.

Esta joven empresa, especializada en la moda del tiempo, es la más exitosa del país. Vende mucho, aquí y en el extranjero; y da mucho dinero y envidia.

-En mi oficio, no hay derecho al error- explica el empresario, mientras prueba un nuevo modelo disparando una pistola al pecho de alguno de sus empleados.

El miedo ya no está desnudo. Al servicio de la seguridad pública y de la elegancia privada, Caballero produce ropa blindada.

Sus prendas, invulnerables, están protegidas por una fibra sintética cinco veces más resistente que el acero. Se ofrecen diversos pesos y diseños: hay camisetas de un kilo, impermeables de cuatro; abrigos de cuero o de pelo de camello; trajes de fiesta, ropa deportiva, chalecos decorados con corazones...

Estos textos se publican con la autorización del autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo” (Ediciones del Chanchito, año 2004)

 
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