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27 de enero de 2006
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Brecha de Uruguay - 27 de enero de 2006
La segunda fundación de Bolivia
Eduardo
Galeano
El 22 de enero del año 2002, Evo fue expulsado del Paraíso.
O sea: el diputado
Morales fue echado del Parlamento. El 22 de enero del año
2006, en ese mismo lugar de pomposo aspecto, Evo Morales fue
consagrado presidente de Bolivia. O sea: Bolivia empieza a
enterarse de que es un país de mayoría indígena. Cuando la
expulsión, un diputado indio era más raro que perro
verde. Cuatro años después, son muchos los legisladores que
mascan coca, milenaria costumbre que estaba prohibida en el
sagrado recinto parlamentario. Mucho antes de la expulsión
de Evo, ya los suyos, los indígenas, habían sido expulsados de
la nación oficial. No eran hijos de Bolivia: eran no más que
su mano de obra. Hasta hace poco más de medio siglo, los
indios no podían votar ni caminar por las veredas de las
ciudades. Con toda razón, Evo ha dicho, en su primer
discurso presidencial, que los indios no fueron invitados, en
1825, a la fundación de Bolivia. Ésa es también la historia
de toda América, incluyendo a Estados Unidos. Nuestras
naciones nacieron mentidas. La independencia de los países
americanos fue desde el principio usurpada por una muy
minoritaria minoría. Todas las primeras constituciones, sin
excepción, dejaron afuera a las mujeres, a los indios, a los
negros y a los pobres en general. La elección de Evo
Morales es, al menos en este sentido, equivalente a la
elección de Michelle Bachelet. Evo y Eva. Por primera vez un
indígena presidente en Bolivia, por primera vez una mujer
presidente en Chile. Y lo mismo se podría decir de Brasil,
donde por primera vez es negro el ministro de Cultura. ¿Acaso
no tiene raíces africanas la cultura que ha salvado a Brasil
de la tristeza? En estas tierras, enfermas de racismo y de
machismo, no faltará quien crea que todo esto es un
escándalo. Escandaloso es que no haya ocurrido
antes. Cae la máscara, la cara asoma, y la tormenta
arrecia. El único lenguaje digno de fe es el nacido de la
necesidad de decir. El más grave defecto de Evo consiste en
que la gente le cree, porque trasmite autenticidad hasta
cuando hablando castellano, que no es su lengua de origen,
comete algún errorcito. Lo acusan de ignorancia los doctores
que ejercen la maestría de ser ecos de voces ajenas. Los
vendedores de promesas lo acusan de demagogia. Lo acusan de
caudillismo los que en América impusieron un Dios único, un
rey único y una verdad única. Y tiemblan de pánico los
asesinos de indios, temerosos de que sus víctimas sean como
ellos. Bolivia parecía ser no más que el seudónimo de los
que en Bolivia mandaban, y que la exprimían mientras cantaban
el himno. Y la humillación de los indios, hecha costumbre,
parecía un destino. Pero en los últimos tiempos, meses,
años, este país vivía en perpetuo estado de insurrección
popular. Ese proceso de continuos alzamientos, que dejó un
reguero de muertos, culminó con la guerra del gas, pero venía
de antes. Venía de antes y siguió después, hasta la elección
de Evo contra viento y marea. Con el gas boliviano se
estaba repitiendo una antigua historia de tesoros robados a lo
largo de más de cuatro siglos, desde mediados del siglo
XVI: la plata de Potosí dejó una montaña vacía, el salitre
de la costa del Pacífico dejó un mapa sin mar, el estaño de
Oruro dejó una multitud de viudas. Eso, y sólo eso,
dejaron. Las puebladas de estos últimos años fueron
acribilladas a balazos, pero evitaron que el gas se evaporara
en manos ajenas, desprivatizaron el agua en Cochabamba y La
Paz, voltearon gobiernos gobernados desde afuera, y dijeron no
al impuesto al salario y a otras sabias órdenes del Fondo
Monetario Internacional. Desde el punto de vista de los
medios civilizados de comunicación, esas explosiones de
dignidad popular fueron actos de barbarie. Mil veces lo he
visto, leído, escuchado: Bolivia es un país incomprensible,
ingobernable, intratable, inviable. Los periodistas que lo
dicen y lo repiten se equivocan de in: deberían confesar que
Bolivia es, para ellos, un país invisible. Nada tiene de
raro. Esa ceguera no es solamente una mala costumbre de
extranjeros arrogantes. Bolivia nació ciega de sí, porque el
racismo echa telarañas en los ojos, y por cierto que no faltan
los bolivianos que prefieren verse con los ojos que los
desprecian. Pero por algo será que la bandera indígena de
los Andes rinde homenaje a la diversidad del mundo. Según la
tradición, es una bandera nacida del encuentro del arco iris
hembra con el arco iris macho. Y este arco iris de la tierra,
que en lengua nativa se llama tejido de la sangre que flamea,
tiene más colores que el arco iris del cielo. (En Uruguay
exclusivo para BRECHA.)
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