oy función: Portugal celebró a lo grande los quinientos años del
desembarco de Bartalomé Dias en las costas del sur de África.
Convertido en un gran teatro de la nostalgia imperial, el país puso
en escena el osado navegante que había llegado al Cabo de Buena
Esperanza en 1487, en una época de alta gloria, cuando Dios había
regalado a Portugal la mitad del mundo.
Actores vestidos al modo de los tiempos, sedas y terciopelos,
finas espadas, sombreros de mucho plumaje, poblaron una copia exacta
del navío de Bartolomé Dias, que se hizo a la mar y puso proa al
África.
En la playa sudamericana, estaba previsto, habría una multitud de
negros, saltando de alegría y de gratitud ante los navegantes que
habían venido, cinco siglos antes, para hacerles el favor de
descubrirlos. Pero esa playa era, en 1987, exclusiva para blancos.
Los negros tenían prohibida la entrada, por esas cosas del
apartheid.
ONAS EN PARÍS
En 1889, París festejó, con una gran exposición internacional,
los cien años de la revolución francesa. Argentina envió una variada
muestra de frutos del país. Entre otros, mandó una familia de indios
de la Tierra del Fuego. Eran once indios onas, ejemplares raros, una
especie de extinción: los últimos onas estaban siendo aniquilados,
en esos años, a tiros de Winchester.
De los once onas enviados, dos murieron en el viaje. Los
sobrevivientes fueron exhibidos en una jaula de hierro. Antropófagos
sudamericanos, advertía un cartel. Durante los primeros días, no les
dieron nada de comer. Los indios aullaban de hambre. Entonces,
empezaron a arrojarles algunos pedacitos de carne cruda. Era carne
de vaca, pero nadie quería perderse aquel espectáculo horripilante.
El público, que había pagado entrada, se agolpaba en torno a la
jaula donde los salvajes caníbales disputaban a zarpazos la comida.
Así fueron celebrados los primeros cien años de la Declaración de
los Derechos del Hombre.
LA GEOGRAFÍA
En Chicago, no hay nadie que no sea negro. En pleno invierno, en
New York, el sol fríe las piedras. En Brooklyn, la gente que llega
viva los treinta años merecería una estatua. Las mejores casas de
Miami están hechas de basura. Perseguido por las ratas, Mickey huye
de Hollywood.
Estos textos se publican con la autorización del
autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo” (Ediciones del
Chanchito, año 2004)