esde
que García Lorca había caído, acribillado a balazos, en los
albores de la guerra española, La zapatera prodigiosa no aparecía en
los escenarios de su país. Muchos años habían pasado cuando los
teatreros del Uruguay llevaron esa obra a Madrid. Actuaron con alma
y vida.
Al final, no recibieron aplausos. El público se puso a patear el
suelo, a toda furia; y los actores no entendían nada.
China Zorrilla lo contó:
-Nos quedamos pasmados. Un desastre. Era para ponerse a llorar.
Pero después, estalló la ovación. Larga, agradecida. Y los
actores seguían sin entender. Quizás aquel primer aplauso con los
pies, aquel trueno sobre la tierra, había sido para el autor. Para
el autor fusilado por rojo, por marica, por raro. Quizás había sido
una manera de decirle: para que sepas, Federico, lo vivo que estás.
LA ACTRIZ
Hace más de medio siglo, la Comedia Nacional llevó “Bodas de
Sangre” a los campos de Salto. Esta obra de García Lorca venía desde
otros campos, lejanos campos de Andalucía. Era una tragedia de
familias enemigas: una boda rota, una novia robada, dos hombres que
se acuchillan por una mujer. La madre de uno de los muertos exigía a
su vecina:
-¿Te quieres callar? No quiero llantos en esta casa. Tus lágrimas
son lágrimas de los ojos, nada más.
Margarita Xirgu era, en escena, esa madre altiva y dolida.
Cuando se apagaron los aplausos, un peón de estancia se acercó a
Margarita y le dijo, sombrero en mano, la cabeza gacha:
-Le acompaño el sentimiento. Yo también perdí un hijo.
UN CASO MUY COMÚN
A sus años, doña Chila Monti ya estaba en la frontera entre la
tierra y el cielo, más cerca del arpa que de la guitarra. El hijo,
Horacio, los sabía, pero se pegó un susto cuando la vio: le giraban
los ojos, tenía el corazón en un sofoco y las manos tembleques. Con
el poco aire que le quedaba, doña Chila pudo musitar:
-Me robaron.
Cuando Horacio preguntó qué cosas le habían robado, ella recuperó
al instante la visión, la respiración y el pulso. Indignada, dijo:
-¿Cosas? Vos bien sabés que yo no tengo nada. ¿Qué se iban a
llevar? Me iré con lo puesto, cuando Dios me llame.
Y puso los puntos sobre las íes:
-Cosas, no. Los ladrones me robaron las ideas.
Estos textos se publican con la autorización del
autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo” (Ediciones del
Chanchito, año 2004)