Eduardo Galeano Eduardo Galeano - rodelu.net
22 de marzo de 2006

La Nación de Chile - 22 de marzo de 2006

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Esos aplausos

Eduardo Galeano
Desde que García Lorca había caído, acribillado a balazos, en los albores de la guerra española, La zapatera prodigiosa no aparecía en los escenarios de su país. Muchos años habían pasado cuando los teatreros del Uruguay llevaron esa obra a Madrid. Actuaron con alma y vida.

Al final, no recibieron aplausos. El público se puso a patear el suelo, a toda furia; y los actores no entendían nada.

China Zorrilla lo contó:

-Nos quedamos pasmados. Un desastre. Era para ponerse a llorar.

Pero después, estalló la ovación. Larga, agradecida. Y los actores seguían sin entender. Quizás aquel primer aplauso con los pies, aquel trueno sobre la tierra, había sido para el autor. Para el autor fusilado por rojo, por marica, por raro. Quizás había sido una manera de decirle: para que sepas, Federico, lo vivo que estás.


LA ACTRIZ

Hace más de medio siglo, la Comedia Nacional llevó “Bodas de Sangre” a los campos de Salto. Esta obra de García Lorca venía desde otros campos, lejanos campos de Andalucía. Era una tragedia de familias enemigas: una boda rota, una novia robada, dos hombres que se acuchillan por una mujer. La madre de uno de los muertos exigía a su vecina:

-¿Te quieres callar? No quiero llantos en esta casa. Tus lágrimas son lágrimas de los ojos, nada más.

Margarita Xirgu era, en escena, esa madre altiva y dolida.

Cuando se apagaron los aplausos, un peón de estancia se acercó a Margarita y le dijo, sombrero en mano, la cabeza gacha:

-Le acompaño el sentimiento. Yo también perdí un hijo.


UN CASO MUY COMÚN

A sus años, doña Chila Monti ya estaba en la frontera entre la tierra y el cielo, más cerca del arpa que de la guitarra. El hijo, Horacio, los sabía, pero se pegó un susto cuando la vio: le giraban los ojos, tenía el corazón en un sofoco y las manos tembleques. Con el poco aire que le quedaba, doña Chila pudo musitar:

-Me robaron.

Cuando Horacio preguntó qué cosas le habían robado, ella recuperó al instante la visión, la respiración y el pulso. Indignada, dijo:

-¿Cosas? Vos bien sabés que yo no tengo nada. ¿Qué se iban a llevar? Me iré con lo puesto, cuando Dios me llame.

Y puso los puntos sobre las íes:

-Cosas, no. Los ladrones me robaron las ideas.


Estos textos se publican con la autorización del autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo” (Ediciones del Chanchito, año 2004)

 
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