a
tía de Nicolasa le había enseñado a caminar y a cocinar.
Al pie del fogón, la tía le había revelado los secretos de los
manjares que, por herencia o invención, nacían de su mano. Así
Nicolasa creció descubriendo los antiguos misterios de la mesa
mexicana., y también aprendió a celebrar asombrosos matrimonios
entre sabores y picores que nunca antes había tenido el gusto de
conocerse.
Al tiempo de morir la tía, llegaron quejas del camposanto. Los
difuntos no podían dormir, por el ruido que metía su sepultura. Ella
no iba a descansar en paz, hasta que no se cocinaran sus recetas.
Nicolasa no tuvo más remedio que fundar una cantina. Allí ofrece
comidas que mucho deleite darían a los dioses, si ellos no tuvieran
la desgracia de vivir tan lejos.
Estos textos se publican con la autorización del
autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo” (Ediciones del
Chanchito, año 2004)