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Haddock, obrera jubilada, caminó desde Los Ángeles hasta
Washington: una tortuga atravesó los Estados Unidos, de costa a
costa.
Ella se echó al camino para denunciar la venta de la democracia a
los millonarios que pagan las campañas de los políticos; y a su
paso, etapa por etapa, iba arengando a la gente.
Ya llevaba más de un año de caminata, frita por los soles,
congelada por los fríos, volada por los vientos, cuando la paralizó
la nieve. Una tremenda tormenta de nieve se descargó sobre las
montañas del oeste de Virginia.
En el pueblo de Cumberland, Doris festejó su cumpleaños. Noventa
velitas. Y siguió viaje en esquí.
Esquiando viajó, a través de la nieve, todo el último mes.
Mientras nacía el siglo veintiuno, llegó a la ciudad de
Washington. Una multitud la acompañó hasta el Capitolio.
Allí trabajan los legisladores, la mano de obra política de las
grandes empresas que retribuyen sus servicios.
Desde las gradas del Capitolio, Doris pronunció un lacónico
discurso. Señalando el pórtico del capitolio, dijo:
-Esto se está convirtiendo en una casa de putas.
Y se fue.
Estos textos se publican con la autorización del
autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo”
(Ediciones del
Chanchito, año 2004)