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mil años, dijo el Sultán de Persia:
-Qué rica.
Él nunca había probado la berenjena, y la estaba comiendo en
rodajas aderezadas con jengibre y hierbas del Nilo.
Entonces el poeta de la corte exaltó a la berenjena, que da
placer a la boca y en el lecho hace milagros, porque para las
proezas del amor es más poderosa que el polvo de diente de tigre o
el cuerno rallado de rinoceronte.
-Qué porquería.
Y entonces el poeta de la corte maldijo a la engañosa berenjena,
que castiga la digestión, llena la cabeza de malos pensamientos y
empuja a los hombres virtuosos al abismo del delirio y la locura.
-Recién llevaste a la berenjena al Paraíso, y ahora la estás
echando al infierno- comentó un insidioso.
Y el poeta, que era profeta de los medios masivos de
comunicación, puso las cosas en su lugar:
-Yo soy cortesano del sultán. No soy cortesano de la berenjena.
Estos textos se publican con la autorización del
autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo”
(Ediciones del
Chanchito, año 2004)