eraldine
iba a trabajar en una película en alguna aldea metida
en las montañas de Turquía.
La primera tarde, salió a caminar. No había nadie, casi nadie, en
las calles. Pocos hombres y mujer ninguna. Pero a la vuelta de la
esquina, se topó, de sopetón, con un enjambre de muchachos.
Geraldine miró a los costados, miró hacia atrás: estaba cercada,
no tenía escapatoria. La garganta se negó a gritar. Sin palabras,
ofreció lo que tenía: el reloj, el dinero.
Los muchachos rieron. No, no era eso. Y hablando algo más o menos
parecido al inglés, le preguntaron si ella era la hija de Chaplin.
Geraldine, atónita, asintió. Y recién entonces advirtió que los
muchachos se habían pintado bigotitos negros y cada uno tenía una
rama a modo de bastón.
Y la función empezó.
Y todos fueron él.
Estos textos se publican con la autorización del
autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo”
(Ediciones del
Chanchito, año 2004)