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hospital público, ubicado en el barrio más copetudo de Río de
Janeiro, atendía a mil pacientes por día. Eran, casi todos, pobres o
pobrísimos.
Un médico de guardia contó a Juan Bedoian:
-La semana pasada, tuve que elegir entre dos nenas recién
nacidas. Aquí hay un solo respirador artificial. Ellas llegaron al
mismo tiempo, ya moribundas, y yo tuve que decidir cuál iba a vivir.
Yo no soy quién, pensó el médico: que decida Dios.
Pero Dios no dijo nada.
Eligiera a quien eligiera, el médico iba a cometer un crimen. Si
no hacía nada, cometía dos.
No había tiempo para la duda. Las nenas estaban en las últimas,
ya yéndose de este mundo.
El médico cerró los ojos. Una fue condenada a morir, y la otra
fue condenada a vivir.
Estos textos se publican con la autorización del
autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo”
(Ediciones del
Chanchito, año 2004)