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14 de diciembre de 2006
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La
Nación de Chile - 14 de diciembre de 2006
Envenado:
Un profesional
Eduardo
Galeano
Fue
cimiento de su hogar, bastón de su madre, escudo de sus
hermanas. Al fondo de la casa, al final del largo corredor, había un
altar consagrado a la Virgen. Allí recogía sus balas, sus balas
rezadas, sumergidas en la pila de agua bendita, y se ataba el
escapulario al pecho, antes de marcharse a cumplir un servicio. Y
allí quedaban, clavadas de rodillas ante el altar, la madre y las
hermanas. Durante horas y horas, desgranaban rosarios suplicando una
ayudita a la Milagrosa, para que el trabajo del muchacho saliera
bien.
Sus labores le ganaron fama y respeto en las calles de Corinto y
en otros pueblos y ciudades del valle del Cauca.
En toda Colombia no, porque la competencia era mucha.
Vivió emplomando gente, y emplomando murió.
Salvo los cuatro tiros a su mujer que fue cosa suya, siempre mató
por cuenta de otros. Metió bala por encargo de empresarios,
generales, herederos y maridos.
-Que nadie vaya a pensar mal- decía –. Yo lo hago por dinero.
Estos textos se publican con la autorización del
autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo” (Ediciones del
Chanchito, año 2004)
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