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31 de marzo de 2007
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Patria Grande
24 de marzo de 1977 - Buenos Aires
Walsh
Eduardo Galeano
Despacha
una carta y varias copias. La carta original, a la Junta militar que
gobierna la Argentina. Las copias, a las agencias extranjeras de prensa. Al
cumplirse un año del golpe de Estado, está enviando algo así como un memorial de
agravios, constancia de las infamias cometidas por un régimen que sólo puede
balbucear el discurso de la muerte. Al pie, estampa su firma y documento
(Rodolfo Walsh, C. I. 2845022). Sale de la oficina del Correo y a poco andar lo
derriban a balazos y se lo llevan herido, sin regreso.
Su desnuda palabra era escandalosa donde el miedo manda. Su desnudadora
palabra era peligrosa donde se baila el gran baile de disfraces.
Texto de la carta
De Memoria del fuego (1986)
un libro con infinitas lecturas que se presta, de manera especial, para
el hipertexto. Estas páginas recogen fragmentos del libro ordenados
en forma cronológica y enriquecidos, en algunos casos, con fotografías,
audio y textos adicionales tomados de las fuentes originales.
Agencia ISA - Setiembre de 2006
Entrevista a Eduardo Galeano
Walsh según Galeano
•Eduardo Galeano describe su amistad y admiración por aquel
militante, periodista, poeta y revolucionario Rodolfo Walsh. •Destaca su pluma y
su militancia, relata momentos compartidos y lo compara con Ernesto Che
Guevara.
Entrevista exclusiva de la agencia ISA
¿Cómo se conocieron?
Creo que la primera vez que estuvimos juntos, con tiempo para
conversar, para compartir; fue en Cuba. Coincidimos los dos como jurados de la
Casa de las Américas. Debe haber sido cerca del 70, y nos entendimos muy bien;
veníamos caminando caminos muy parecidos y a los dos se nos ocurrió la misma
idea: queríamos ir a ver una fábrica de tabacos, queríamos ver cómo se hacían
los habanos. Y entonces pedimos que nos lleven, éramos nosotros dos no más; al
resto no le interesaba.
¿Cómo fue esa visita?
Conocíamos ya las mentas, lo que se contaba del asunto, y ahí
fuimos a una planta de creación de habanos. Ahí estaban todos esos magos del
tabaco trabajando contra el mundo, y -para nuestra sorpresa- nos encontramos que
estaban leyendo Operación Masacre.
¿Los trabajadores?
Sí, porque hay una vieja tradición cubana -que no la he visto
en ninguna otra parte del mundo- que viene de los tiempos coloniales, según la
cual en las plantas de tabaco hay un lector. Un tipo que esta arriba, sentado en
un pupitre, leyendo.
¿Y justo estaban leyendo el texto más reconocido de Walsh?
Ellos nos decían que fue casualidad, pero yo no lo creo; yo
pienso que ellos sabían que iba Rodolfo. Recuerdo que entramos los dos a la
fábrica, y le digo: -Rodolfo, están leyendo Operación Masacre. Y él, que era muy
guardado en la prosa y en la vida, en lo escrito y lo vivido, se emocionó.
¿Este es el primer recuerdo que tenés de él?
Lo primero que recuerdo es un raro acto de emoción que lo
desbordó. Ese lector, en una planta de tabaco de Cuba, lo había desbordado.
¿Qué admirabas de él?
Rodolfo venía de distintas experiencias, que se juntaron en él
como arrollitos que se unen en un río. Era traductor, era un estudioso de la
literatura que consiguió trabajar con éxito en algo que a mí me gustaría ser
capaz de hacer: en cuestionar, romper, las fronteras entre los géneros. Con un
agregado, porque también peleó para que se reconociera el periodismo como un
género literario. Luchaba contra quienes encasillaban al periodismo como una
actividad subalterna; metida en los suburbios.
¿Su actividad marcó un antes y un después en el periodismo?
Sin dudas. Fue uno de los que mejor demostró la necesaria
valorización del periodismo. Otros lo habían hecho antes, habían demostrado
-como él- que el periodismo es y debe ser un género literario. Porque la
literatura es el conjunto de mensajes escritos que emite la sociedad, tengan la
forma que tengan.
Él tuvo la capacidad de adecuarse a varios géneros.
Fue un gran escritor tanto en sus obras de teatro como en sus
crónicas y sus artículos. Rodolfo trabajó por la verdad sabiendo que la verdad
no es una nunca, sino que hay tantas verdades posibles como las vidas que las
vivieron. Y sabiendo también que hay que separar la paja del grano, que nos han
mentido mucho y que es hora de empezar a recuperar las cosas como son o como por
lo menos hemos sentido que fueron; que seamos honestos a la hora de
transmitirlas.
Operación masacre revolucionó la manera de comunicar un hecho real
Por eso creo que Rodolfo fue un gran maestro. No sólo por el
coraje con el que supo ver lo que fue como fue, aunque doliera -y a veces por
cierto que duele mucho-, sino por su alto talento para transmitirlo, para
transmitir el horror con belleza; y eso si que suena paradójico. Por lo que supe
de él las veces que compartimos algunos cafecitos, algunos vinitos, algunas
palabritas, algunos silencitos; estoy seguro de que sí él estuviera acá se
podría muy incómodo, tragaría saliva y trataría de irse.
¿Qué lo distinguía?
Creo que en algo muy importante, Rodolfo y el Che se parecían:
en la identidad de la palabra y el acto. El Che se ha ganado el lugar que ocupa
en la cabeza y en el corazón de tanta gente joven porque en él se dio este raro
milagro del encuentro de la palabra y el acto. Dos cosas que, por lo menos en
América Latina -y sospecho que en el mundo entero- andan siempre divorciadas.
Entonces, cuando se encuentran por accidente, ni siquiera se saludan. Y en
algunos seres humanos en los que la palabra y el acto se encuentran, como pasó
con el Che, hacen que ese hombre sea capaz de seguir naciendo porque hizo lo que
decía y dijo lo que pensaba.
¿Veías lo mismo en Rodolfo?
Él también fue así, él siempre fue consecuente; consecuente
hasta con lo que probablemente fueron sus errores, aunque yo no soy quien para
juzgar a nadie y menos a mi amigo y maestro. Pero siempre fue consecuente. No
vivió ni mentido ni mintiendo, no usó ninguna mascarita para andar por ahí.
Rodolfo eligió, en las palabras que escribió y en la vida que vivió, un camino
difícil: el camino de la comunión entre la palabra y el acto, entre el
compromiso político y su tarea creadora.
Una estaba ligada a la otra.
Decidió que no había ninguna frontera y fue siempre el mismo,
hasta cuando participaba de la militancia activa. Y yo creo que pagó las
consecuencias. Lo valeroso es que él lo supo y no le importó nada.
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