Eduardo Galeano - rodelu.net |
5 de agosto de 2007
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Patria Grande
6 de agosto de 1945 Hiroshima y Nagasaki
Un sol de fuego,
Eduardo Galeano
violenta
luz jamás vista en el mundo, se eleva lentamente, rompe el cielo y
se derrumba. Tres días después, otro sol de soles revienta sobre el Japón.
Debajo quedan las cenizas de dos ciudades, un desierto de herrumbre, muchos
miles de muertos y más miles de condenados a morir de a pedazos a lo largo de
los años que vienen.
Estaba la guerra casi acabada, ya liquidados Hitler y Mussolini, cuando el
presidente Harry Truman dio la orden de arrojar las bombas atómicas sobre las
poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki. En los Estados Unidos, un clamor
nacional exigía la pronta aniquilación del Peligro Amarillo. Ya era hora de
acabar de una buena vez con los humos imperiales de este arrogante país asiático
jamás colonizado por nadie. Ni muertos son buenos, decía la prensa, estos
monitos traicioneros.
Ahora no caben dudas. Hay un gran vencedor entre los vencedores. Los Estados
Unidos emergen de la guerra mundial intactos y más poderosos que nunca. Actúan
como si todo el planeta fuera su trofeo.
De Memoria del fuego (1986)
un libro con infinitas lecturas que se presta, de manera especial, para
el hipertexto. Estas páginas recogen fragmentos del libro ordenados
en forma cronológica y enriquecidos, en algunos casos, con fotografías,
audio y textos adicionales tomados de las fuentes originales.
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