Eduardo Galeano
13 de April de 2003
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VENTANAS - LA JORNADA de México

Gracias

Mil, mil gracias, a los lectores de La Jornada y a este diario entrañable que desde hace años viene ofreciendo lugar a mis ventanas en sus ediciones de cada domingo. 

Hoy, ellas les dicen adiós. 

Se marchan para formar parte de un libro en elaboración. Ese libro, largo trabajo ya hecho y por hacer, reúne muchas ventanas publicadas y otras muchas inéditas. Las páginas sueltas están formando parte de un largo relato único, pedacitos de un todo, y ya no me dan permiso para difundirlas de a una. 

Las ventanas andan queriendo ser casa. Y yo obedezco

13 de April de 2003


La berenjena 

HACE MIL AÑOS, dijo el sultán de Persia:

-Qué rica.

El nunca había probado la berenjena, y la estaba comiendo en rodajas aderezadas con jengibre y hierbas del Nilo.

Entonces el poeta de la corte exaltó a la berenjena, que da placer a la boca y en el lecho hace milagros, y para las proezas del amor es más poderosa que el polvo de diente de tigre o el cuerno rallado de rinoceronte.

Un par de bocados después, el sultán dijo:

-Qué porquería.

Y entonces el poeta de la corte maldijo a la engañosa berenjena, que castiga la digestión, llena la cabeza de malos pensamientos y empuja a los hombres virtuosos al abismo del delirio y la locura.

-Recién llevaste a la berenjena al Paraíso, y ahora la estás echando al infierno -comentó un insidioso.

Y el poeta, que era un profeta de las ciencias de la comunicación, puso las cosas en su lugar:

-Yo soy cortesano del sultán. No soy cortesano de la berenjena.

 6 de April de 2003


Receta del asado 

EN LA CUMBRE del cerro de Montevideo, el escribano Nelson Rodríguez escuchó la voz del Cielo, y de sus dichos dio fe. Y así fueron dictados los mandamientos del buen parrillero: 

No usarás leña de los árboles altos, ni de los petizos. Tampoco es digna del fuego la leña de los árboles medianos, que da asados mediocres. 

No aceptarás carne del costado derecho, que es dura, trabajosa para el diente, porque sabido es que del lado derecho duermen todos los bichos que van a parar al asador. 

No darás vuelta a ningún trozo de carne, antes de que haya derramado noventa y nueve gotas de grasa sobre las brasas ardientes. 

No dejarás tu cuchillo al alcance de nadie, porque con los envidiosos nunca se sabe. 

No permitirás que tus invitados anden deambulando por ahí. Los ubicarás al modo de las plateas de los teatros, ante el escenario del fogón, para que ellos aplaudan tu obra paso a paso. 

No usarás sal, que cualquiera la compra. La carne a la lágrima es el más alto deleite. Con lágrimas de emoción regarás la carne del animal asado. 

Y con abundante vino tinto regarás tu carne de maestro asador, mientras se va cumpliendo la noble faena.

30 de Marzo de 2003


Accidente de tránsito

HASTA BIEN ENTRADO el siglo XX, los camellos se ocupaban del transporte de gentes y cosas en la isla de Lanzarote. 

La estación, el Echadero de los Camellos, estaba en pleno centro del puerto de Arrecife. Leandro Perdomo pasaba siempre por allí, en su infancia, camino de la escuela. Veía muchos camellos, echados o de pie. Una mañana contó cuarenta, pero él no era bueno en matemática. De algo está seguro Leandro: 

-En aquellos años, nadie tenía prisa.

La isla flotaba fuera del tiempo, mundo antes del mundo, y la gente tenía tiempo para perder el tiempo. 

Los camellos iban y venían, a paso lento, a través de las inmensidades del desierto de lava negra. No tenían horario, ni hora de salida ni hora de llegada, pero salían y llegaban. Y nunca hubo accidentes. Nunca, hasta que un camello sufrió un súbito ataque de nervios y arrojó por los aires a su pasajera. La infortunada se partió la cabeza contra una piedra. 

Ese camello se enloqueció cuando se le cruzó en el camino una rara cosa que tosía y echaba humo, pero no era volcán, y corría pero no tenía patas. 

El primer automóvil había llegado a la isla.

23 de Marzo de 2003


La historia oficial

EN 1921, los peones de la Patagonia se alzaron en huelga. Entonces los estancieros llamaron al embajador británico que llamó al presidente argentino que llamó al ejército.

A tiros de máuser, el ejército acabó con la huelga y con los peones también. Los huelguistas fueron arrojados a las fosas comunes abiertas en las estancias; y para la zafra siguiente no quedaba vivo nadie que pudiera esquilar las ovejas.

El capitán Pedro Viñas Ibarra comandó las operaciones en una de las estancias. Medio siglo después, cuando el capitán era coronel jubilado, Osvaldo Bayer habló con él.

-Ah, sí -evocó el militar-. La estancia Anita. Aquel combate.

Bayer quería saber por qué aquel combate había dejado 600 obreros muertos y ningún soldado muerto, ni herido, ni lastimado.

Y el brazo armado del orden, amablemente, explicó:

-El viento. Nosotros nos poníamos del lado del viento. Por eso las balas nuestras no se desviaban. Las balas de ellos, a contraviento, se perdían.

16 de Marzo de 2003


Los pescadores

EN LAS ARENAS de la barra de Guaratiba, las barcas descargan peces y sucedidos. 

Uno de los pescadores, Claudionor da Silva, se estruja la cabeza, y arrepentido gime. Había atrapado un pargo de buen tamaño, pero el pez señaló hacia atrás con una aleta, y dijo: "Ahí viene otro, mucho más grande que yo". Y él le creyó, y lo dejó escapar. 

Nivaldo Rogério Filho paga cerveza para todos. El pescador jinete celebra su buena faena. Frente a la playa de Ipanema, en el archipiélago de las Cagarras, montó una orca de media cuadra de largo. La orca le tiraba tarascones a las piernas, pero él le había clavado las espuelas y la cabalgó hasta que la consideró domada. 

Jorge Antunes muestra su ropa nueva: llevaba varios días perdido en la mar, y un oleaje violento lo dejó desnudo y se llevó su bidón de agua dulce. Ya se había resignado a morir de sol y de sed, cuando la red le trajo un tiburón que tenía, en la barriga, una lata de Coca-Cola bien fría, un pantalón y una camisa. 

Reinaldo Alves ríe con todos sus dientes postizos. No es por despreciar, dice, pero buena fortuna, lo que se dice buena fortuna, tuvo él. Es de no creer, dice, con tanta mar que hay, y tantos peces. En plena navegación, estornudó y la dentadura voló al agua. Se zambulló, la buscó, no la encontró. Y un par de días después, tuvo la suerte de atrapar la brótola que la estaba usando.

9 de marzo de 2003


La inflación

Había sido un viviente flaco, pero fue un globo en la muerte.

Para clavar la tapa del ataúd, toda la familia tuvo que sentarse encima. Y toda la familia opinó sobre la inflación del difunto:

-Parece sapo.

-La muerte hincha.

-Es el gas carbónico.

-Es la mala leche.

-Es el alma -sollozó la viuda. El alma quiere salirse del traje.

El traje, un tweed inglés de alta categoría, color gris perla, había sido el único lujo en toda la vida del finado. Él se lo había mandado hacer, de medida, cuando ya le volaban cerca las lechuzas y vio que estaba por llegar al finalmente.

Herencia, no dejó. Ni una lira. Y muchos años después, cuando se abrió el ataúd, estaba en jirones el traje que había vestido su muerte.

Nicola Di Sábato contó el desentierro de su tío. Nicola, que descargaba arena en un muelle de Avellaneda, había llegado a la Argentina huyendo de los perros del hambre. A él le gustaba reír, cocinar y compartir historias de su lejana infancia, en su lejana Italia.

Esas cosas del tiempo: Nicola contó que el tiempo se había comido al tío y había deshecho su traje relleno de dinero. Los billetes, miles de billetes, un poco desteñidos, habían durado más. Pero ya no valían nada.

2 de Marzo de 2003


El músculo secreto

UNA TORTUGA atravesó los Estados Unidos, de costa a costa. 

Doris Haddock, obrera jubilada, caminó desde Los Ángeles hasta Washington. 

Se echó al camino para denunciar la democracia comprada por las grandes fortunas que pagan las campañas de los políticos. A su paso, etapa por etapa, iba arengando a la gente que fluía hacia ella. 

-Esa vieja es un río -decían los entusiastas. 

-Esa vieja es un manicomio -decían los escépticos. 

Pero todos iban. 

Ya llevaba más de un año de caminata, casi volada por los vientos, casi frita por los soles, casi rota por los achaques, cuando la paralizó la nieve. Una tremenda tormenta de nieve se descargó sobre las montañas del oeste de Virginia. Doris festejó su cumpleaños, noventa velitas, y siguió viaje en esquí. 

Esquiando viajó, a través de la nieve, todo el último mes. Mientras nacía el siglo veintiuno, llegó a la ciudad de Washington. 

Una multitud la acompañó hasta el Capitolio. Allí trabajan los congresistas, la mano de obra política de las grandes empresas que destinan cien millones de dólares mensuales al pago de sus servicios. 

Desde las gradas, ella pronunció un lacónico discurso sobre la democracia traicionada. Y señaló el pórtico del Capitolio, y dijo: 

-Esto se está convirtiendo en una casa de putas. 

Y se fue. 

16 de Febrero de 2003


El libertador 

EN ALGUNOS CASERIOS perdidos en los Andes, los memoriosos se acuerdan de cuando el cielo estaba montado sobre el mundo. 

Teníamos al cielo tan encima que la gente caminaba agachada, y no podía enderezarse sin darse un cocazo. Las aves se echaban a volar y en el primer aleteo se chocaban contra el techo. El cóndor y el águila arremetían con toda su fuerza, pero el cielo ni se enteraba. 

El tiempo del aplastamiento del mundo terminó cuando un relampaguito bailandero se abrió paso en el poco aire que había. El colibrí, el más pequeño de los pájaros, pinchó el culo del cielo con su pico de aguja y a los pinchazos lo obligó a subir hasta las alturas donde ahora está. 

Desde entonces, el colibrí merece mucho respeto. Quien fue capaz de levantar el cielo, en cualquier momento podría derrumbarlo.

9 de Febrero de 2003


El albatros

VIVE EN EL VIENTO. Vuela siempre, volando duerme.

El viento no lo cansa ni lo gasta. A los sesenta años, sigue dando vueltas y más vueltas alrededor del mundo.

El viento le anuncia de dónde vendrá la tempestad y le dice dónde está la costa. Él nunca se pierde, ni olvida el lugar donde nació; pero la tierra no es lo suyo, ni la mar tampoco. Sus patas cortas caminan mal, y flotando se aburre.

Cuando el viento lo abandona, espera. A veces el viento demora, pero siempre vuelve: lo busca, lo llama, y se lo lleva. Y él se deja llevar, se deja volar, con sus alas enormes planeando en el aire.

2 de Febrero de 2003


Subsuelos de la noche

Porque esta mujer no se callaba nunca, porque para ella no había una estupidez que no fuera un problema, porque estaba harto de trabajar como un burro de carga, porque no aguantaba más dormir con una estatua con ruleros, por las malas ondas, por la falta de respeto, porque ella le dolía demasiado y porque la vio con otro, él se vio obligado a retorcerle el pescuezo, como si fuera gallina. 

Porque este hombre no escuchaba nunca, porque para él no había un problema que no fuera una estupidez, porque estaba harta de trabajar como una mula, porque no aguantaba más dormir con una estatua que roncaba, por los malos tratos, por las burlas, porque él le dolía demasiado y porque lo vio con otra, ella no tuvo más remedio que empujarlo desde un décimo piso, como si fuera bulto. 

Al fin de esa noche, desayunaron juntos, como todos los días. Leyeron el diario, ninguna noticia les llamó la atención. Los sueños no salen en los diarios.

26 de Enero de 2003


La otra guerra 

EN LA PRIMAVERA del 99, mientras los misiles eran sufridos por Yugoslavia, exhibidos por la televisión y vendidos por las jugueterías del mundo, dos muchachos de Denver, Colorado, realizaron el sueño de la guerra propia. 

Eric Harris y Dylan Klebold eligieron el día del cumpleaños de Hitler para su carnicería: acribillaron a doce alumnos y a un profesor en el colegio donde estudiaban. No usaron misiles. A balazos hicieron su tarea; y después de matar, enamorados de la muerte, se mataron. 

La prensa informó que habían colocado, además, algunas bombas caseras, para volar el colegio con todos sus ocupantes, pero las bombas no estallaron. 

Pero la prensa no mencionó otro plan que tenían, por lo absurdo que era: los muchachos pensaban secuestrar un avión y estrellarlo contra las torres gemelas de Nueva York.

19 de Enero de 2003


Hagiografía 

Ya es santo, casi ángel, José María Escrivá de Balaguer, que por nosotros vela desde el Cielo. 

En vida, este piadoso siervo de Dios predicó el amor a la guerra, denunció a los rojos y a los libertinos, odió a los homosexuales y a los judíos y despreció a las mujeres. 

Mucho antes de que el Papa lo hiciera santo, el generalísimo Francisco Franco lo había hecho marqués: él le cantaba himnos de alabanza y custodiaba la paz de su espíritu mientras Franco exterminaba la república española y aniquilaba a los herejes. 

En el camino de la gracia divina, Escrivá fundó el Opus Dei, para que los banqueros virtuosos practicaran la caridad prodigando cheques al Vaticano. 

Según sus devotos, produjo varios hechos milagrosos. Su milagro más extraordinario ocurrió cuando un creyente desesperado, víctima de la inseguridad ciudadana, oró implorando su protección. Escrivá, que todavía no era santo pero ya estaba en eso, escuchó la plegaria. Entonces la estrella de la fe iluminó la puerta de la casa de aquel buen hombre y allí apareció, intacto, el automóvil que le habían robado.

12 de Enero de 2003


El descubrimiento

ERNESTO GALEANO, un ciudadano recién llegado al mundo, estaba durmiendo, desnudo, en la cuna.

La hermana, Ivonne, lo miró y salió corriendo. Golpeó las puertas de sus vecinas, y con un dedo en los labios las invitó al espectáculo. Ellas abandonaron sus muñecas, a medio vestir, a medio peinar, y en puntas de pie, tomadas de las manos, se asomaron a la cuna. No se pusieron coloradas de envidia, ni palidecieron por el complejo de castración. Aguantándose la risa, comentaron:

-¡Mirá lo que se trajo este loco para hacer pipí!

5 de Enero de 2003


El arquero

Al mediodía, frente a los muelles de Hamburgo, dos hombres bebían y charlaban en una cervecería. Uno era Philip Agee, que había sido jefe de la CIA en el Uruguay. El otro era yo.

El sol, no muy frecuente en aquellas latitudes, bañaba de luz la mesa.

Entre cerveza y cerveza, pregunté por el incendio. Años antes, el diario donde yo trabajaba, Época, había ardido en llamas. Yo quería saber si aquella había sido una gentileza de la CIA.

No, me dijo Agee. El incendio había sido un regalo de la Divina Providencia. Y me contó:

-Recibimos una tinta estupenda para achicharrar rotativas, pero no pudimos utilizarla.

La CIA no había conseguido meter a ningún agente en el taller del diario, ni había podido reclutar a ninguno de nuestros obreros gráficos. Nuestro jefe de taller, reconoció Agee, era un gran arquero, a great goalkeeper.

Sí, le dije.

Y entonces lo vi: Gerardo Gatti, con esa cara de bondad crónica y sin remedio, era un gran arquero. Y también sabía jugar al ataque. Cuando Agee y yo nos encontramos en Hamburgo, hacía ya algunos años que Gerardo había sido secuestrado, torturado, asesinado y desaparecido.

29 de diciembre de 2002


La cerveza

ESTE DORADO ELIXIR da consuelo a las desventuras de la vida, pero conduce a la perdición. A la perdición de los caracoles.

Cuando oscurece, ellos salen de sus escondrijos y a ritmo de caracol avanzan dispuestos a devorar la carne verde de las plantas.

En medio de la huerta, un vaso de cerveza monta guardia. Llamados por el aroma de su bebida predilecta, los caracoles trepan a lo alto del vaso. Desde el filo del abismo, se asoman a la sabrosa espuma y cuesta abajo resbalan, dejándose caer. Y en la mar de cerveza, borrachitos, mueren ahogados.

22 de Diciembre de 2002


Sopa de letras

Por el tamaño y el brillo, parece una lágrima. Los científicos lo llaman lepisma saccharina, pero él responde al nombre de pescadito de plata, aunque de pez no tiene nada y no conoce el agua. 

Se dedica a devorar libros, aunque tampoco tiene nada de polilla. Come lo que encuentra, novelas, poemas, enciclopedias, poquito a poco, engullendo palabra por palabra, en cualquier idioma. 

Se pasa la vida en la oscuridad de las bibliotecas. De lo demás, ni se entera. La luz del día lo mata.

Sería erudito, si no fuera insecto. 

15 de Diciembre de 2002


Adioses 

COMO SI FUERA cumpleaños, pero no era. Serpentinas de colores alegraban los sombreros y luces de colores celebraban la noche, mientras brotaban manjares de maíz de las ollas humeantes, se derramaba a chorros el diablo embotellado y los pies levantaban polvareda al son de las guitarras y las quenas. 

Cuando el sol asomó entre las montañas, unos cuantos invitados roncaban en los rincones. 

Los despiertos despidieron al que se iba. El se iba con lo puesto, y con un pasaporte de la República del Ecuador. Le regalaron una manta, para engalanar el viaje. Se fue a lomo de mula. Después, iba a seguir en lancha, autobús y avión. No era el primero. Otros se habían ido, antes. En el pueblo sólo quedaban los niños y los viejos. Desde lejos, los idos mandaban noticias y dineritos. Ninguno volvió. 

Los invitados se quedaron a comentar la fiesta:

-Pasamos liiiiiiindo. ¡Lo que hemos llorado!

8 de Diciembre de 2002


La luz 

EN LAS MONTAÑAS más altas de Cajamarca, las que más demoraron en despertar y levantarse cuando el mundo nació, hay imágenes de la tierra y signos del cielo. Son figuras pintadas, hace unos cuantos miles de años, por los artistas sin nombre. Esos tatuajes de colores en las laderas de piedra han sobrevivido a la intemperie, a pesar de los golpes de la lluvia y los mordiscones del tiempo. 

Las pinturas son y no son, según la hora. Algunas se abren cuando se abre el día, y al mediodía desaparecen; muchas van cambiando de forma y de color a lo largo del camino del sol, desde el alba hacia la noche; y otras sólo se dejan ver cuando el crepúsculo llega. Porque las pinturas han nacido de la mano humana, pero también son obra de la luz, y están a su mandar. Ella, la luz, la otra artista, reina y señora, las esconde y las muestra como quiere y cuando quiere. 

1 de Diciembre de 2002


Receta de la sopa

EL MENDIGO LLAMÓ a la puerta. 

-Yo no pido -dijo-. Vengo a ofrecer.

Ofreció la sopa más sabrosa de la historia de la gastronomía, y lo dejaron entrar. 

Puso una olla en el fuego. Cuando el agua rompió a hervir, echó en la olla una piedra que traía en el bolsillo. Probó, se chupó los dedos. 

-Perfecto -dijo. 

Para perfeccionar la perfección, fue pidiendo algunos complementos: un manojo de espinacas, una cebolla picada y dorada en manteca, sémola, fideos, un chorro de vino blanco, mucho queso rallado, un toque de pimienta y un puñado de sal. 

El mendigo se comió casi toda la sopa, pero tuvo la gentileza de convidar alguna cucharada a los dueños de casa. Y les dejó la piedra. 

Parece una piedra cualquiera, sin sabor a nada. 

La sopa se sigue cocinando a las orillas del lago Léeman, al pie de los Alpes. Con esa piedra. 

24 de Noviembre de 2002


Los aplausos

DESDE QUE FEDERICO García Lorca había caído, acribillado a balazos, La zapatera prodigiosa no aparecía en los escenarios españoles. Los teatreros del Uruguay llevaron la obra a Madrid. 

Actuaron con alma y vida. Al final, no recibieron aplausos. El público se puso a patear el suelo, a toda furia; y los actores no entendían nada. 

China Zorrilla lo contó: 

-Nos quedamos pasmados. Un desastre. Era para ponerse a llorar.

Pero después, estalló la ovación. Larga, agradecida. Y los actores seguían sin entender. 

Quizá los españoles habían aplaudido con los pies. Quizás aquel trueno sobre la tierra había sido para el autor, fusilado por rojo, por marica, por raro, como una manera de decirle: para que sepas, Federico, lo vivo que estás.

17 de Noviembre de 2002


Historia de la música

Apolo, sol de los griegos, era el dios de la música. 

El había inventado la lira, que humillaba a las flautas, y pulsando la lira transmitía a los mortales los secretos de la vida y de la muerte. 

Uno de sus hijos descubrió que las cuerdas de tripa de buey sonaban mejor que las cuerdas de lino. Cambió el cordaje de la lira de Apolo, y le ofreció esa sorpresa. 

A solas con su lira, Apolo acarició el regalo de su hijo. Hizo vibrar las nuevas cuerdas y confirmó que eran más melodiosas. 

Entonces, el dios celebró el progreso. Se regaló la boca con néctar de ambrosía, alzó su arco de guerra, salió a los prados del Olimpo, apuntó al hijo y desde lejos le partió el pecho de un flechazo. 

10 de Noviembre de 2002


Favores

FICO VOGELIUS ATENDIO la llamada. Del teléfono brotó un chorro incesante de insultos. 

Él no colgó. Dejó el tubo sobre el escritorio, y continuó trabajando. 

Mientras el teléfono seguía gritando, truenos que se escuchaban en toda la oficina, Fico, inmutable, comentó: 

-Yo no sé por qué me odia tanto, si nunca le hice ningún favor. 

3 de Noviembre de 2002


El encapuchado 

La dictadura militar de Chile había convertido en cárcel el estadio de fútbol, el Estadio Nacional. Miles de presos eran el público de un partido invisible. Sentados en las tribunas, esperaban que se decidiera su destino. 

Un encapuchado recorría las gradas. Nadie le veía la cara; él veía las caras de todos. Esa mirada disparaba balas: el encapuchado, un socialista arrepentido, caminaba, se detenía y señalaba con el dedo. Los hombres por él marcados, que habían sido sus compañeros, marchaban a la tortura o iban al muere. 

Los soldados lo llevaban atado, con una soga al cuello. 

-Ese encapuchado parece perro -decían los presos. 

-Pero no es -decían los perros.

20 de octubre de 2002


El ginkgo

EL GINKGO, EL más antiguo de los árboles, está en el mundo desde la época de los dinosaurios. 

Dicen que sus hojas de abanico alivian el asma, el dolor de cabeza y los achaques de la vejez. 

Y está probado que esas hojas son, también, el mejor remedio contra la mala memoria. Cuando la bomba atómica convirtió a la ciudad de Hiroshima en un desierto de negrura, un viejo ginkgo cayó fulminado cerca del centro de la explosión. El árbol quedó tan calcinado como el templo budista que el árbol protegía. Tres años después, alguien descubrió que una lucecita verde asomaba en el carbón. El ginkgo muerto había dado un brote. El árbol renació, abrió sus brazos, floreció. Ese sobreviviente de la matanza sigue estando ahí.

13 de octubre de 2002


El salame 

Sarah Tarler Bergholz era muy bajita. Ella no tenía que sentarse para que sus nietos le cepillaran la melena, que en caracoles caía desde la cara simpática hasta el ombligo. 

Sarah estaba tan gorda que ya ni podía respirar. En un hospital de Chicago, el médico le dijo lo que era evidente: para recuperar la proporción entre la estatura y el volumen, debía hacer una dieta rigurosa y eliminar las grasas. 

Ella tenía voz de seda. Sus más enérgicas afirmaciones parecían confidencias. Hablando como en secreto, miró fijo al médico, y dijo: 

-Yo no estoy segura de que la vida valga la pena sin salame. 

Murió, abrazada a su perdición, el año siguiente. Le falló el corazón. Para la ciencia, el caso estaba claro; pero nunca se sabrá si el corazón estaba harto de salame, o cansado de darse.

6 de octubre de 2002


El Cuco

JUGANDO SIN PARAR, todos mezclados con todos, los chiquilines vivían en alegre revoltijo con los bichos y las plantas. 

Pero un mal día, alguien, algún caminante de paso, llegó hasta aquel resto de estancia en los campos de Paysandú, y trajo el susto: 

-¡Cuidado, que viene el Cuco! 

-¡Viene el Cuco y te lleva! 

-¡Viene el Cuco y te come! 

Olga Hughes advirtió los primeros síntomas de la peste del miedo. La enfermedad que no tiene farmacia había atacado a sus hijos numerosos. Y entonces eligió, entre sus numerosos perros, al más raquítico, al más inofensivo y querendón, y lo bautizó Cuco. 

29 de Septiembre de 2002


Anatomía

AHORA LE PONE los pelos de punta pensar que estuvo metida hasta los pelos con ese crápula, cómo pudo perder la cabeza en esa historia que nunca tuvo pies ni cabeza, cómo fue, se pregunta, cómo pudo echarle el ojo a ese jodido, por qué no fue capaz de ver más allá de sus narices, si yo a este farsante nunca lo pude tragar, este hijo de puta que me ha dejado con el corazón en la boca, pero haciendo de tripas corazón dice basta, basta de hacerme mala sangre, ya bastante bilis me ha hecho tragar este crápula jodido farsante hijo de puta, este tipo que ella quiso hasta la médula, este hombre que la ha dejado en carne viva, y con el alma en los pies jura que sí, ahora sí, ahora por fin pondrá los pies en la tierra, aunque en el fondo sabe que volverá a meter la pata una vez más, y dos, y siempre. 

22 de Septiembre de 2002


El conjuro 

MIENTRAS NACIA EL nuevo milenio, el ejército abrió paso a la empresa petrolera Oxy hacia las tierras de los indios u´wa, en las lomas de Samoré. 

Los taladros comenzaron su trabajo y los expertos anunciaron que la perforación iba a rendir mil cuatrocientos millones de barriles. 

Al amanecer y al atardecer de cada día, los indios se juntaban para cantar en la espesura del monte. 

Al cabo de un año, la empresa había gastado sesenta millones de dólares y ni una sola gota de petróleo había aparecido. 

Entonces los indios u'wa dijeron que la tierra los había escuchado y había escondido su sangre, para que no murieran los árboles, ni se secaran las praderas, ni dieran veneno los manantiales. 

La empresa no dijo nada.

15 de Septiembre de 2002


El cine

GERALDINE ESTABA EMPEZANDO a trabajar en una película, en una aldea perdida en las montañas de Turquía. 

La primera tarde, salió a caminar. No había nadie, casi nadie, en las calles. Pocos hombres, mujer ninguna. Pero a la vuelta de una esquina se topó, de sopetón, con un enjambre de muchachos. 

Geraldine miró a los costados, miró hacia atrás: estaba cercada, no tenía escapatoria. La garganta se negó a gritar. Sin palabras, ofreció lo que tenía: el reloj, el dinero. 

Con gestos, los muchachos le dijeron que no, que no era eso. Y hablando en algo más o menos parecido al inglés, le preguntaron si de veras ella era la hija de Chaplin. 

Geraldine, atónita, asintió. Y recién entonces advirtió que los muchachos se habían pintado bigotitos de carbón. 

Y empezó la función. 

Y todos fueron él.

8 de Septiembre de 2002


El susto 

CASI LA TRAGA el río. Eufrosina Martínez estaba lavando ropa, cuando la atrapó la correntada y la arrastró. Ella salvó la vida, después de mucho manotear entre las rocas; pero perdió el alma. El susto se la llevó: el alma, espantada, se fue en el agua. 

Desde entonces, el cuerpo desalmado de Eufrosina ya no pudo moverse, dejó de comer, no consiguió dormir, y ya no supo distinguir la noche del día. 

La sanó un curandero de la sierra de Puebla. Cuando el alma le volvió al cuerpo, ella nació de nuevo. El cuerpo y el alma volvieron a encontrarse, fueron cuerpalma, fueron almuerpo, y Eufrosina se levantó y volvió a caminar sobre este mundo que a veces te voltea como un río furioso bajo los pies. 

El ritual de la sanación fue largo y secreto. Nunca se supo. Pero el curandero dijo: 

-Para que vuelva el alma perdida, hay que perder el miedo.

1 de Septiembre de 2002


El oído secreto

DESDE QUE ERA muy niño, Heitor Villa-Lobos supo que tenía un oído de adentro. El oído de adentro, que sólo se abría cuando quería, escuchaba las voces de adentro, que él no compartía con nadie. El oído de afuera, en cambio, estaba siempre abierto a la estridencia de Río de Janeiro, y por ahí se metían, sin pedir permiso, los clamores de las calles bullangueras. 

En sus años mozos, cuando vivía en un burdel del barrio de Lapa, Villa-Lobos tocaba el piano, en las madrugadas, para entretener a los clientes que esperaban a las putas. Gracias a su oído de adentro, podía componer sus obras maestras, como si tal cosa, en medio de aquella barahúnda de carcajadas y bebederas. 

Después, en sus años maduros, ese oído secreto fue el refugio de Villa-Lobos contra las voces enemigas que querían condenarlo al arrepentimiento o al aburrimiento: los insultos del público, los venenos de los críticos y los zumbidos de los mosquitos humanos que le jodían la paciencia. 

El oído de afuera pertenecía al ruido, pero el oído de adentro era el silencioso reino donde nacía la música. La música que deliraba, libre, vagabunda, como el Brasil que ella quería.

25 de agosto de 2002


Verderías

CUANDO LA MAR ya era mar, la tierra no era más que roca desnuda. 

Los líquenes, venidos de la mar, hicieron las praderas. Ellos invadieron, conquistaron y verdearon el reino de la piedra. 

Eso ocurrió en el ayer de los ayeres, y sigue ocurriendo todavía. Donde nada vive, los líquenes viven: en las estepas heladas, en los desiertos ardientes, en lo más alto de las más altas montañas. 

Los líquenes viven mientras dura el matrimonio entre las algas y sus hijos, los hongos. Si el matrimonio se deshace, se deshacen los líquenes. 

A veces, las algas y los hongos se divorcian, por riñas y disputas. Según ellas, ellos las tienen encerradas y no las dejan ver la luz. Según ellos, ellas los empalagan de tanto darles azúcar noche y día.

18 de agosto de 2002


El diálogo verde 

PARECEN QUIETOS, PERO respiran y se mueven, buscando luz. Y parecen mudos, pero hablan. 

Poco se sabe. Está probado, al menos, que cuando un árbol sufre golpes o lastimaduras, se defiende transpirando veneno y lanza una señal de alerta a los árboles cercanos. Por el aire viajan palabras que en idioma arbolés dicen: peligro, y dicen: cuidado. Y entonces también los árboles cercanos se defienden transpirando veneno. 

Quizás ha sido así desde que los primeros árboles se irguieron sobre la tierra, y se multiplicaron, y tan inmensos fueron los bosques que una ardilla podía recorrer el mundo de rama en rama. 

Ahora, entre desierto y desierto, los árboles sobrevivientes mantienen viva esta antigua costumbre de buenos vecinos.

11 de agosto de 2002


Historia clínica 

Informó que sufría taquicardia cada vez que la veía, aunque fuera de lejos. 

Declaró que se le trababa la lengua y no lograba articular sonidos cuando ella lo miraba, aunque fuera de refilón. 

Admitió una hipersecreción de la glándula sudorípara cada vez que ella le hablaba, aunque fuera para contestarle el saludo. 

Reconoció que padecía graves desequilibrios en la presión sanguínea cuando ella lo tocaba, aunque fuera por error. 

Confesó que por ella padecía mareos, que se le nublaba la visión, que se le aflojaban las rodillas, que lo desvelaba el insomnio. 

-Fue hace mucho tiempo, doctor -dijo-. Yo nunca más sentí nada de eso. 

El médico arqueó las cejas: 

-¿Nunca más sintió nada de eso? 

Y diagnosticó: 

-Su caso es grave. 

4 de Agosto de 2002


El sombrero y él

Cuando se ponía su sombrero, el poeta Manuel Zequeira se miraba al espejo y no veía nada más que el sombrero puesto. 

Con el sombrero puesto, el poeta invisible se metía en cualquier casa y besaba mujeres ajenas, y en las tabernas comía de todos los platos y vaciaba todos los vasos de ron. Y en los días de julio, cuando La Habana hervía de calor, se echaba a caminar por las calles, sin más ropa que el sombrero, y no prestaba la menor atención a la gente que lo apedreaba. Mientras no tocaran el sombrero, no le importaba. 

Aquel sombrero, que deambulaba en el aire, era la única parte de él que no iba a morir cuando él muriera 

28 de julio de 2002


El cortejo 

A los muertos se les da por quedarse. 

En Haití, donde hay mucha gente y poco sitio, una antigua costumbre manda que el cortejo de los dolientes no lleve el ataúd en línea recta al cementerio. Para que el muerto no se haga el vivo, el cortejo da muchas vueltas, por aquí, por allá, y así despista al difunto, que no podrá encontrar el camino de regreso a casa

21 de julio de 2002


El alma al aire 

Según dicen algunas antiguas tradiciones, el árbol de la vida crece al revés. El tronco y las ramas hacia abajo, las raíces hacia arriba. La copa se hunde en la tierra, las raíces miran al cielo. No ofrece sus frutos, sino su origen. No esconde bajo tierra lo más entrañable, lo más vulnerable, sino que lo arriesga a la intemperie: entrega sus raíces, en carne viva, a los vientos del mundo. 

-Son cosas de la vida -dice el árbol de la vida.

14 de julio de 2002


El emperador del mundo

No había nacido en ella, pero en sus calles dormía y reinaba.

Por impresionar a su reina y señora, se había hecho rey de reyes y señor de señores. Por ella, por promesa de amor, no se había cortado nunca la barba ni el pelo, que le llegaba a los pies. Y por deber de obediencia, cada dos por tres cambiaba de castillo: llevándose a cuestas todo su reino, que cabía en un par de cajas de cartón, se mudaba desde algún banco del Parque del Cristo hasta las escalinatas de la iglesia del Sagrado Corazón, o hasta algún recoveco del muelle de Caballería. 

Al servicio de ella, y de sus muchos merecimientos, solía convocar su flota de buques cañoneros y sus ejércitos del alba, del mediodía, del atardecer y de la medianoche. Y por ella inspirado, declaraba guerras, firmaba paces y redactaba proclamas, ante los leones del Paseo del Prado, rodeado por su guardia de alabarderos y algunos súbditos que eran curiosos de paso. Allí, por complacer a la señora de sus desvelos, perdonó públicamente a los guerrilleros de la Sierra Maestra, que le habían copiado la barba. 

El Caballero de París, gallego venido de Lugo, nunca aceptó limosnas. Para alimentarse, tenía de sobra con el sol que ella le daba. Y en ella yace, ahora, bajo el suelo del convento de San Francisco, junto a los obispos, los arzobispos, los comendadores y los conquistadores. En ella duerme: en esa dama destartalada y altiva, llamada La Habana, que vela su sueño. 

07 de julio de 2002


Crónica

Tertuliana Queiroz mora, ora y labora en algún lugar de Ceará.
Esperando, se duerme.
Esperando, se despierta.
Ella espera, sus hijos esperan.
En mejores tiempos, hablaba de corrido. Ahora le cuesta.
Los hijos eran quince.
Me quedan siete, dice. No, dice: seis.
Los otros murieron, de muerte morida o de muerte matada.
Mira al cielo. Tiene ojos de sonámbula.
Dios los llamó, dice.
Ella tiene costumbre.

30 de junio de 2002


Irse

Esta mujer quiere trabajar, que es por necesidad y no por tendencia al vicio, y no tiene más remedio que irse. Se marcha al norte, a riesgo de morir de bala o sed en la travesía de la frontera, y dice adiós a sus hijos, queriendo decirles hasta luego.
Ya yéndose de Oaxaca, se arrodilla ante la Virgen de Guadalupe, en un altarcito de paso, y le ruega el milagro:
-No te pido que me des. Te pido que me pongas donde hay.

23 de junio de 2002

 
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