Juan Gelman - rodelu.net |
30 de julio de 2006
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Página12
de Argentina - 30 de julio de 2006
Errores
Juan
Gelman
La
ONU advirtió 10 veces en el lapso de 6 horas al alto mando israelí sobre
el peligro que corría un puesto de cascos azules en la zona del sur del Líbano
que su fuerza aérea bombardeaba intensamente el miércoles 25 (El País, 27/7/06).
Los militares de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) prometieron cesar el
fuego, pero una cosa son palabras y otra, hechos: un misil de precisión made in
USA mató a 4 efectivos desarmados de la Finul (Fuerza Interina de la ONU en el
Líbano). ¿Serían terroristas? El puesto de observación estaba perfectamente
identificado y era perfectamente identificable. Kofi Annan, secretario general
de las Naciones Unidas, consideró que el ataque israelí fue “aparentemente
deliberado” y lo calificó de “trágico asesinato”. Para el primer ministro Ehud
Olmert, se trató de “un error”.
Claro que hay errores y errores. Unos días antes de esas muertes,
personalidades destacadas de Israel celebraron en Jerusalén el 60 aniversario
de... un acto terrorista: la voladura parcial del Hotel King David el 22 de
julio de 1946. Palestina era entonces un protectorado inglés, en un ala del
hotel residía el alto mando militar británico y el atentado fue obra de la
Irgun. Menahem Begin, jefe de esa organización judía, siempre adujo que era un
luchador por la libertad de su país, no un terrorista, porque, entre cosas,
nunca había perjudicado a civiles. Pero en ese atentado –aprobado por Ben
Gurion– murieron 28 británicos y 63 civiles, 41 árabes, 17 judíos y 5 de otras
nacionalidades. Ningún gobierno de Israel lo ha condenado hasta el presente.
Antes, por el contrario.
Los que homenajearon el atentado “asumen que un luchador por la libertad es
una buena persona y que un terrorista es una mala persona –señala Tom Segev en
el diario israelí Ha’aretz (23/7/06).
Casi todo terrorista se autodefine como un luchador por la libertad y
viceversa: los luchadores por la libertad son calificados de “terroristas”.
Agrega que el ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu afirmó en la
ceremonia que “la diferencia entre una operación terrorista y una acción militar
legítima se expresa en el hecho de que los terroristas tratan de dañar a los
civiles, mientras que los combatientes legítimos tratan de evitarlo”. La captura
de soldados israelíes por Hamas y Hezbolá sería entonces legítima. Y ni los
800.000 civiles libaneses obligados a huir de sus hogares ni, si pudieran
hacerlo, los 400 civiles libaneses muertos ni los palestinos que las FDI siguen
matando en la Franja de Gaza pensarán que los ataques israelíes contra la
población entran en la categoría “acciones militares legítimas”. La historia de
las FDI está plagada de “errores”.
El fusilamiento de 200 civiles palestinos contra los muros del cementerio de
Tantura el 15 de mayo de 1948, cuando una guerra aseguraba el establecimiento
del Estado de Israel, sería entonces un error. Otro, la matanza de más de 100
civiles palestinos en Deir Yassin, el 9 de abril de 1948. Otro más, la
demolición de la aldea de Qibya y la muerte de 70 civiles palestinos por
efectivos al mando del ex primer ministro Ariel Sharon el 14 de octubre de 1953.
O la matanza de 48 árabes –incluidos 6 mujeres y 23 menores de 8 a 17 años– en
la aldea árabe-israelí de Kafr Qasim el 29 de octubre de 1956. O la de 140
refugiados palestinos y 135 habitantes locales desarmados de Khan Yunis en Gaza
el 3 de noviembre de 1956. Y otro error, el asesinato inconcebible de 1500 a
3500 refugiados palestinos en Sabra y Chatila, perpetrado por milicias de
cristianos maronitas el 16 de septiembre de 1982 al amparo de las tropas
israelíes que habían rodeado los dos campos, ubicados en territorio libanés. Y
aun otro, el ataque de artillería del 18 de abril de 1996 contra la sede de los
Cascos Azules en Qana, al sur de Tiro, donde se habían refugiado unos 800
civiles libaneses de los que 106 dejaron de vivir.
La ocupación israelí del sur del Líbano de 1982 al 2000 dio nacimiento a la
guerrilla de Hezbolá, que combatió y echó al ocupante. Aplicando la teoría de
Netanyahu, Hezbolá, como el Irgun judío, podría considerarse una organización
que lucha por la libertad contra un Estado terrorista. Cabe aclarar que Hezbolá
es además un movimiento político y social que ocupa el 18 por ciento de las
bancas del Parlamento libanés y dos ministerios en su gobierno, que sostiene una
red de escuelas y hospitales y que desarrolla numerosos proyectos
microeconómicos y de infraestructura destinados a reconstruir el Líbano después
de esa primera ocupación. Los bombardeos han logrado que el 96 por ciento de
chiítas, el 73 por ciento de sunnitas, el 55 por ciento de cristianos y el 40
por ciento de drusos del Líbano aprueben el secuestro de soldados israelíes,
según una encuesta que el Centro de Investigaciones e Información llevó a cabo
en Beirut.
La muerte de civiles israelíes por atentados suicidas –a los que Israel supo
ponerles coto– y la muerte de decenas de civiles israelíes por los Katyushas de
imprecisión iraníes que arroja Hezbolá sobre Haifa y otras ciudades, son
absolutamente repudiables. Pero la desmesurada respuesta de Tel Aviv en Líbano y
Gaza tiene otras explicaciones. El profesor Gerald Steinberg, de la Universidad
israelí de Bar-Ilan, asegura que “en cierto sentido, la preparación (del ataque
al Líbano) comenzó en mayo del 2000, inmediatamente después de la retirada
israelí... En 2004 la campaña militar, cuya duración prevista era de tres
semanas y que estamos presenciando ahora, ya estaba diseñada y en el último año
o dos se simuló y ensayó al otro lado de la frontera (con Líbano)” (San
Francisco Chronicle, 21/7/06). Esto arroja ciertas dudas sobre cuál habría sido
el verdadero origen del enfrentamiento con Hezbolá que causó la muerte de ocho
efectivos israelíes y la captura de otros dos.
“La moral no está de nuestro lado” se titula la columna del profesor de la
Universidad de Tel Aviv Ze’ev Maoz que publicó Ha’aretz el 25/7/06. “Esta no es
una guerra justa –dice–; Israel usa una fuerza excesiva sin distinguir entre la
población civil y el enemigo, cuyo único propósito es la extorsión. Hezbolá
cruzó una frontera reconocida por la comunidad internacional. Esto es cierto.
Pero nos olvidamos que, desde que nos retiramos del Líbano, la fuerza aérea
israelí ha realizado misiones diarias de reconocimiento en el espacio aéreo
libanés. Estos vuelos no causaron víctimas, pero las violaciones de frontera son
violaciones de frontera. En esto tampoco la moral está de nuestro lado.” Yagil
Levy, profesor de la Universidad Ben Gurion del Néguev señala que el ataque al
Líbano es un intento de moldear su orden político a la fuerza. “Aunque
supongamos que el gabinete (israelí) tenía claro cuál iba a ser el precio que
pagaría el frente interno, ha expuesto a la ciudadanía (israelí) a un peligro
real por lo que ha sido presentado como una amenaza futura” (Ha’aretz,
24/7/06).
La Casa Blanca no quiere el cese del fuego que reclaman algunos –pocos–
gobiernos europeos, la ONU y la opinión pública internacional: desea “un nuevo
Medio Oriente” que dijo Bush, siempre en persecución de un planeta dominado por
EE.UU. “Nuestro corazón está con el pueblo israelí –certificó la secretaria de
Estado norteamericana Condoleezza Rice–, que sufre ataques terroristas y (el
lanzamiento de) cohetes; estos medios no son aceptables en una sociedad culta”
(Clarín, 25/7/06). Tiene razón: para las sociedades cultas del llamado Primer
Mundo sólo son medios aceptables las invasiones “preventivas” a países
soberanos, la ocupación de territorios ajenos, el asesinato de civiles “por
error”. Entre otras cosas.
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