Juan Gelman - rodelu.net |
8 de octubre de 2006
|
Página12
de Argentina - 8 de octubre de 2006
¿Democracia? ¿Qué?
Juan
Gelman
El
presidente Bush aplaudió la aprobación por el Senado de la llamada
Military Comission Act de 2006 (MCA), ley que sancionó el Parlamento
estadounidense el 28 de septiembre. Está dirigida a reprimir a los “combatientes
enemigos ilegales” en cualquier parte del mundo, incluido EE.UU., y la
definición de esa categoría es ciertamente amplia. Tan amplia que confiere a la
Casa Blanca y al Pentágono un poder omnímodo, viola la Constitución del país y
fallos de su Corte Suprema de Justicia, deroga por voluntad propia los pactos de
Ginebra y numerosas convenciones internacionales. Un primor, vaya.
“El término de ‘combatiente enemigo ilegal’ –propina el articulado–
significa: i) una persona que ha emprendido hostilidades o que ha apoyado
deliberada y materialmente hostilidades contra Estados Unidos y sus
cobeligerantes (sic) que no es un combatiente enemigo legal (incluyendo a la
persona que forma parte de los talibanes, Al Qaida o fuerzas asociadas); o ii)
una persona que antes, durante o después de la promulgación de la MCA de 2006 ha
sido considerada un enemigo combatiente ilegal por un Tribunal Examinador del
Estatuto de Combatiente o por otro tribunal competente establecido bajo la
autoridad del presidente o del secretario de Defensa”
(frwebgatw.access.gpo.gov). No dice “terrorista” o “extranjero”, aunque señala a
talibanes y miembros de Al Qaida: dice “persona”. Cualquier persona, incluso de
nacionalidad estadounidense. Hasta el senador republicano Arlen Specter se
escandalizó: en el debate parlamentario, opinó que la ley retrotrae el concepto
de democracia a ocho siglos atrás porque niega el recurso de hábeas corpus que
la Carta Magna estableció en el año 1215. Pero hizo la venia y la votó (The
Christian Science Monitor, 2-10-06).
W. Bush ha dado un atisbo del alcance de esa definición. En su discurso ante
la Asociación de Oficiales de Reserva, aseveró que quienes “citan activamente”
el documento en el que 16 organismos de espionaje norteamericanos afirman que la
guerra contra Irak debilita la seguridad de EE.UU. (véase Página/12, 28-9-06)
“han comprado la propaganda enemiga de que los terroristas nos atacan porque los
estamos provocando” (AP, 29-9-06). Esto implica que estarían al borde de la
traición los nacionales estadounidenses que critican la guerra y se oponen a la
legalización de la tortura, incluyendo a los representantes demócratas que
votaron contra la MCA. Lo cierto es que cualquier persona, es decir, un
sospechado de actividades terroristas, puede ser detenido y torturado en
cualquier punto del globo –como ya hizo la CIA– sin derecho a juicio y puede
permanecer –como sucede ya en Guantánamo– largos años en prisión sin que su
culpabilidad se pruebe. Basta de Pactos de Ginebra: su artículo tercero común
establece, entre otras cosas, que un detenido debe recibir un trato humano “en
cualquier circunstancia”, no debe ser objeto de “torturas ni tratos crueles ni
ultrajes a su dignidad” y tiene derecho a un juicio justo con todas las
garantías “reconocidas como indispensables por los pueblos civilizados”. Para la
Casa Blanca, la civilización se detuvo en el siglo XIII.
En el discurso mencionado, W. Bush –temeroso por el resultado de las próximas
elecciones que el Partido Republicano podría perder– volvió a machacar el
argumento de que la invasión a Irak ha fortalecido la seguridad de EE.UU. y
también, desde luego, la MCA: “Luchar contra el terrorismo no crea terrorismo.
Si alguna vez esa postura es adoptada por quienes toman las decisiones políticas
en Washington, significará que hemos vuelto a los viejos días de esperar ser
atacados para responder”. No es lo que opina la comunidad de inteligencia del
país. Tampoco la mayoría de los ciudadanos norteamericanos: una encuesta que la
CNN realizó del 29 de septiembre al 2 de octubre registró que el 57 por ciento
de los interrogados piensa que la guerra ha tornado a EE.UU. más vulnerable al
terrorismo. El 58 por ciento declaró que el gobierno ha engañado a la opinión
pública acerca de la marcha de la guerra. El 66 por ciento desaprobó la forma en
que Bush la lleva a cabo (CNN, 3-10-06). La proporción de potenciales
“combatientes enemigos ilegales” es verdaderamente alta en EE.UU.
Cabe imaginar quién entrará en la categoría según las calificaciones del
Pentágono. Tribunales militares juzgarán eventualmente a los sospechosos de
terrorismo y esto “constituirá la transformación más radical, peligrosa y
desdichada del sistema de justicia penal estadounidense desde el nacimiento de
nuestra nación”, señaló Jacob G. Hornberger, presidente de la fundación El
Futuro de la Libertad (www.fff.org, 9-06). No es probable que lo escuchen. La
burbuja que envuelve a la Casa Blanca es de acero, no de espuma de
jabón.
|