Juan Gelman - rodelu.net |
5 de Noviembre de 2006
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Página12
de Argentina - 5 de Noviembre de 2006
Gane quien gane
Juan
Gelman
El
resultado de las elecciones de medio término que tendrán
lugar en EE.UU. el próximo martes 7 ya se conoce: triunfen los demócratas o
insista el voto republicano, quien saldrá victorioso es el partido de la guerra.
Es dominante en los unos y los otros, tiene mucho peso en los medios y los
círculos académicos y se asiste un espectáculo notorio: diversas encuestas de
opinión en torno de la guerra de Irak registran que más del 60 por ciento de los
estadounidenses piensa que fue un error y que ha llegado el momento de irse,
pero ninguno de los dos partidos tradicionales ha incluido esa aspiración en sus
respectivas plataformas electorales. Lo que los demócratas y aun ciertos
republicanos critican a W. Bush no es que esa guerra continúe, sino que hay que
hacerla mejor.
“Halcones-gallina” como William Kristol, fundador del Proyecto para el Nuevo
Siglo Estadounidense que quiere convertir a EE.UU. en dueño del mundo, exigen
que la Casa Blanca envíe más tropas para salir del pantano iraquí, no de Irak.
Los demócratas diseñan la propuesta sobre la guerra que presentarán en su
campaña electoral para las presidenciales del 2008: la elabora un nuevo sector,
autodenominado Demócratas por la Seguridad Nacional, que propugna más apertura
respecto de las intervenciones militares, incluso preventivas, y demanda que el
partido se distancie de “la ambivalencia post-Vietnam acerca de la proyección
del poder estadounidense”, reexamine su postura de oposición y aprenda a
reconocer el heroísmo de líderes republicanos como Ronald Reagan
(www.nypress.com, No 12, volumen 18, 2006). Lo cual no debería costarle mucho a
una “oposición” que en el Congreso y el Senado votó a favor de casi todas las
propuestas republicanas de los últimos seis años, incluyendo, claro está, la
intervención en Afganistán, la invasión y ocupación de Irak, la llamada Ley
Patriótica que recorta las libertades civiles locales, la anulación del habeas
corpus, el apoyo a Israel en la guerra contra Hezbolá/El Líbano e ainda
mais.
Esta ideología de buena parte del liderato demócrata ilumina su práctica.
Rahm Emanuel, representante por Illinois desde 2003, dirige el comité de campaña
en favor de los candidatos demócratas a las 45 bancas del Congreso en juego.
Fueron por él seleccionados y el 64 por ciento se opone a la retirada de tropas
de Irak y a establecer siquiera un posible calendario para su regreso. En las
internas demócratas para la elección de candidatos, Emanuel apoyó con gruesas
sumas de dinero a los que se identifican con los “halcones-gallina” –algunos
hasta son más radicales en el tema– y muy poco a los que preconizan el fin de la
guerra y de la ocupación de Irak (counterpunch.org, 14/15-10-06). Aunque los
demócratas obtengan la mayoría en el Congreso, poco y nada cambiará. La base
demócrata piensa de otra manera: sólo el 30 por ciento de quienes votan al
partido aprueban el curso actual de la guerra, mientras que el 63 por ciento
quiere la retirada inmediata o gradual de las tropas estadounidenses en Irak
(Gallup, 24-9-06).
Esa demanda no se traduce en un pujo pacifista de envergadura dentro del
partido demócrata. Crece la opinión contra la guerra en todo EE.UU., pero
dirigentes como Hillary Clinton son más agresivos que el propio W. Bush cuando
se trata de Irán. La esposa de Bill ha acusado a la Casa Blanca de
“apaciguamiento” frente a Irán y su presunto programa de desarrollo de armas
nucleares, que la CIA estima que sólo podrá culminar dentro de una década, si
existe: “Creo que hemos perdido un tiempo precioso negociando con Irán”, afirmó
en la conferencia que dictara en la Universidad de Princeton el 18 de marzo
pasado. Ella prefiere invadir Irán ya. Tiene antecedentes en la materia: urgió a
su vacilante marido presidente a bombardear Belgrado con OTAN o sin OTAN (Gail
Sheehy, Hillary’s Choice, Random House, 1999).
Hillary Clinton lleva ventaja en las preferencias de los demócratas para la
candidatura presidencial del partido en los comicios del 2008. Tiene más de 21
millones de dólares en el banco (The American Conservative, 27-3-06) que la
ayudarán considerablemente a concretar ese objetivo. Si la dirigencia demócrata
logra sofocar el pacifismo de la mayoría de su electorado, habrá dos aspirantes
al sillón de la Casa Blanca que sólo discutirán los medios, no los fines. Como
dijera el escritor y periodista norteamericano Garet Garret (1878-1954),
conservador al viejo estilo que supo criticar el New Deal rooseveltiano con
dureza, pero también la política exterior intervencionista que EE.UU. reiterara
al terminar la Segunda Guerra Mundial: “Entre el ideario republicano, es decir,
el de un gobierno constitucional, representativo y acotado, y el concepto de
Imperio, hay una enemistad mortal. Uno de los dos deberá contener al otro o uno
de los dos destruirá al otro. Lo sabemos. Pero esa disyuntiva nunca se sometió a
votación popular”.
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