Juan Gelman - rodelu.net |
7 de Diciembre de 2006
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Página12
de Argentina - 7 de Diciembre de 2006
Pelando la cebolla
Juan
Gelman
El
asesinato con polonio 210 del ex espía Alexander Litvinenko
sería tema de varias novelas según el cristal con que lo miren. La hipótesis
inicial, dominante en los titulares de la prensa estadounidense, era obvia:
había actuado la mano negra de Putin porque Litvinenko estaba indagando la
muerte de la periodista Anna Politovskaia, opositora del Kremlin asesinada de un
tiro en octubre pasado, crimen también atribuido al jerarca ruso. Es notorio que
el partido de la guerra de EE.UU. ha incluido al gobierno Putin en el “Eje del
Mal” –Rusia posee las reservas de gas natural más grandes del planeta–, pero esa
acusación no resultó muy convincente: ¿de qué le serviría tal escándalo en
vísperas de la importante reunión que los miembros de la OTAN sostuvieron en
Lituania el 28-29 de noviembre “para analizar los desafíos a la democracia en el
siglo XXI”? El asesinato de Litvinenko acentuó las duras críticas a Putin de los
“halcones-gallina”, que lo califica de “Stalin reencarnado”, y esto pareciera el
primer acto de un melodrama o de una tragedia. Se verá.
El transcurrir de los días trajo explicaciones más complejas que
entusiasmarían a John Le Carré: las muertes de Politovskaia y de Litvinenko
serían consecuencia de luchas internas con vistas a la sucesión de Putin en el
2008. Una fracción dura de sus enemigos, compuesta por agentes de los servicios
secretos –hoy FSB, antes KGB–, estaría procurando abrir una brecha entre Rusia y
Occidente a fin de excitar sentimientos nacionalistas en el pueblo para
favorecer la llegada al poder de alguno de sus miembros. Quienes postulan esta
hipótesis subrayan que la periodista fue baleada el día del cumpleaños de Putin
y que el ex espía fue envenenado en vísperas de la reunión de la OTAN. Poco
tiempo bastó para quitar otra capa de este enigma: se ha convertido en algo
todavía más sórdido y en tema para un Dashiell Hammet. Ojalá aparezca alguno con
su talento.
Sucede que Litvinenko planeaba hacer mucho dinero. Afirmaba que importantes
fuentes del FSB le proporcionaban documentos comprometedores que le traerían
riqueza a cambio de su silencio. Empezaba el mes de mayo cuando propuso el
negocio a Julia Svetlichnaia, candidata a un doctorado de la Universidad de
Westminster que lo consultó a comienzos de año sobre la cuestión de Chechenia.
La académica declaró a The Observer (3-12-06): “(Litvinenko) me dijo que iba a
chantajear o a vender información delicada a toda clase de gente poderosa,
incluyendo oligarcas (sic), funcionarios corruptos y del Kremlin. Mencionó la
cifra de 10.000 libras esterlinas que le pagaría cada uno para evitar que
filtrara esos documentos del FSB. Andaba escaso de fondos y estaba seguro de que
iba a obtener todos los expedientes que quisiera”. Según el diario The
Australian, que la empresa Murdoch edita en Sidney, el ex KGB habría sido
asesinado por el fracaso de algún trato con “actores del mundo despiadado de los
negocios rusos”, involucrados en el sector energético y el de la seguridad
privada (4-12-06). Una forma elegante de calificar a la mafia.
Uno de esos personajes sería el primer multimillonario de Rusia, Boris
Berezovsky, conectado con la mafia de Chechenia, que habría incurrido en los
delitos de fraude, corrupción de políticos y aun asesinato y que en el 2001 se
asiló en Gran Bretaña cuando tocaba fondo la investigación ordenada por Putin,
su ex protegido hasta que llegó al gobierno. Berezovsky empleaba a Litvinenko en
vida y tiene sus buenas razones para utilizarlo muerto contra el jefe del
Kremlin. Los mafiosos norteamericanos podrían aprender un par de cosas de
Berezovsky, hoy que Rusia se ha convertido en una suerte de Sicilia en gran
escala: el asesinato es una herramienta más en el mundo empresarial, su tasa
anual en la ex URSS triplica la de Nueva York y el crimen organizado brilla por
su presencia. El naufragio del “socialismo real” abrió la puerta a un
capitalismo salvaje en el que pronto se destacó Berezovsky. Curiosa paradoja:
hizo su primer millón de dólares en una ciudad del Volga que lleva el nombre de
quien fuera un notorio dirigente comunista italiano, Togliatti.
Berezovsky poseía –entre muchas otras empresas– la cadena nacional de
televisión más grande del país. Su control se consolidó luego de que el primer
director de la cadena fuera asesinado a lo gangster. La policía lo consideraba
el principal sospechoso del crimen, pero las investigaciones no llegaron al río:
el multimillonario gozaba de la amistad y protección de su tocayo Yeltsin,
entonces presidente de Rusia. La revista Forbes, ésa que enlista a los más ricos
del mundo, investigó en diciembre del ’96 el caso Berezovsky in situ, se
preguntó si no sería “el Padrino del Kremlin” y recogió la observación de un
empresario norteamericano que hacía negocios con Avtovaz, una fábrica de
automóviles del ruso: “Estas gentes son delincuentes atroces. Es como si Lucky
Luciano fuera presidente del directorio de Chrysler”. Pobre Lucky, siempre lo
difaman.
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