Juan Gelman - rodelu.net |
17 de febrero de 2007
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Página12
de Argentina - 15 de febrero de 2007
Estados Unidos campeón
Juan
Gelman
Eric
Fair, lingüista que domina el árabe, sirvió en el ejército
de EE.UU. de 1995 al 2000 y en el 2004 fue contratado para interrogar a los
iraquíes detenidos en Fallujah por efectivos de la 82ª división aerotransportada
estadounidense. Lo convirtieron además en carcelero y contó al Washington Post
(9/2/07) lo que sueña desde que regresó a su casa: “Un hombre sin rostro me mira
fijo desde el rincón de un cuarto. Pide ayuda, pero tengo miedo de moverme.
Empieza a llorar. Es un sonido lastimero que me harta. Grita, me despierto y
compruebo que el que grita soy yo”.
El oficial al mando de los “interrogadores” le dio instrucciones precisas.
Durante su turno de doce horas, Fair debía impedir que el detenido durmiera,
abrirle la celda cada hora, obligarlo a permanecer de pie en un ángulo y dejarlo
sin ropa. “Tres años más tarde la situación se ha invertido. Rara vez puedo
dormir de noche sin que ese hombre me visite. Su recuerdo me atormenta como yo
lo atormentaba a él.” Los remordimientos acosan a quien es consciente de no
haber desobedecido órdenes indignas y que, en cambio –dice–, “intimidé, degradé
y humillé a un hombre indefenso. Comprometí mis valores y nunca me lo
perdonaré”. ¿Serán métodos necesarios para izar la bandera “de la libertad y la
democracia” inventada por W. Bush?
La Casa Blanca insiste en que las torturas en el penal de Abu Ghraib fueron
un incidente aislado. Fair presenció otras cosas y las detalla: detenidos
forzados a estar de pie desnudos la fría noche entera pidiendo ayuda, o
sometidos a largos períodos de aislamiento, o golpeados y pateados, y siempre
con hambre y sed. “Estas técnicas se utilizaban diariamente en Irak so pretexto
de obtener informaciones necesarias para terminar con la insurgencia. La
violencia hoy imperante allí prueba que esas tácticas nunca funcionaron.”
Abrumado por la conducta de sus amigos y colegas, Fair hoy se avergüenza cada
vez más de su miedo a desafiar tales prácticas, sabe que muchos dirán que no
tiene objeto insistir en el tema porque daña a EE.UU. y subraya que es preciso
encarar los hechos: “La historia de Abu Ghraib no ha terminado. En muchos
sentidos, ni siquiera hemos abierto el libro”.
El de Guantánamo tampoco. Los mandos de la base naval de EE.UU. en la bahía
de Guantánamo (Gitmo, por sus siglas en inglés) no se andan con chiquitas en
materia de torturas, sólo que no las ven, no las oyen y no existen. La sargento
de marines Heather Cerveny, en cambio, sí. En septiembre del 2006 pasó una
semana en Gitmo y escuchó: de uno de los soldados, que había estrellado la
cabeza de un prisionero contra la puerta de la celda. De otro, que el prisionero
lo irritaba y entonces le pegaba en el hígado. Escuchó conversaciones entre
soldados, descubrió que se trataba de una metodología corriente y cotidiana y
elevó un testimonio al inspector general del Pentágono. Este envió una misión
investigadora a la base que llegó a la siguiente conclusión: “No hay pruebas que
demuestren la veracidad de las acusaciones de maltrato y acoso”
(blogs.abcnews.com, 9/2/07). Y más: recomendó la adopción de medidas
disciplinarias contra la sargento Cerveny. A veces se paga el escuchar lo que
otros no quieren oír.
No todo está podrido en Dinamarca. El teniente coronel Colby Volkey,
coordinador de los marines estacionados en el oeste de EE.UU. y superior
inmediato de la sargento Cerveny, calificó de “ultrajante” el informe de la
misión y señaló que los investigadores sólo entrevistaron a los sospechosos de
torturar, “pero no conversaron con los detenidos o las posibles víctimas”. Así
se hace, claro, como el gato: cubre sus excrementos después de defecar. Y son
interesantes las reacciones de algunos lectores del blog que se recogen al pie
del artículo: “Sí, hubo encubrimiento en Gitmo. A los terroristas les cubrieron
la cabeza con calzones de mujer. ¡JAJAJA!”. O: “¡Sí, hubo abusos (en Gitmo)! ¡Y
debería haber más!”. Y también: “Dudo de que les hayan hecho realmente daño”. O
este comentario irónico: “¡Estoy de acuerdo! Por algo llaman terroristas a esa
gente. Como nos recuerda un cartel: ‘NO es fascismo cuando LO HACEMOS
NOSOTROS’”.
El viernes 9, una misión oficial norteamericana encabezada por Nicholas
Burns, subsecretario de Asuntos Políticos del Departamento de Estado, visitó
Buenos Aires y sostuvo entrevistas con altos funcionarios del gobierno argentino
(véase Página/12, 10/2/07). Burns ofreció luego una conferencia de prensa en la
que una periodista de este diario le preguntó: “Usted dijo que su gobierno
admira la política de derechos humanos del gobierno argentino, ¿esto implica una
autocrítica por la política de derechos humanos de su gobierno, sobre todo
teniendo en cuenta lo que está sucediendo en la prisión de Guantánamo?”. La
respuesta de Burns fue tajante: “Para nada. De ninguna forma o aspecto.
Nosotros, mi país, los Estados Unidos, somos campeones de los derechos humanos
en el mundo”. Si éstos son los campeones, cómo serán los últimos de la
tabla.
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