Juan Gelman - rodelu.net |
11 de marzo de 2007
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Página12
de Argentina - 11 de marzo de 2007
De cómo la Jihad llegó a Europa
Juan
Gelman
Es
el título del libro más reciente del escritor y periodista
alemán Jürgen Elsässer (Xenia, 2006) y su conclusión es perturbadora: Bin Laden
llegó a Europa de la mano de la CIA durante la guerra en lo que alguna vez fue
Yugoslavia (1992/95). El autor es un reconocido periodista que durante años
investigó la materia y recogió información y testimonios de fuentes diversas
–incluidos espías preocupados por la situación– en particular de la ex
Yugoslavia, los Países Bajos y Alemania. Concluye que los jihadistas reclutados
por la CIA en Afganistán para luchar contra la ocupación soviética fueron la
semilla de los atentados terroristas del 11/9 y de los que luego tuvieron lugar
en Londres y Madrid. Otros libros han registrado la presencia de Bin Laden en
los Balcanes durante la guerra, pero éste es el primero que establece tal
vinculación. Semejante desarrollo se produjo por etapas.
La primera es notoria, la que siguió, menos conocida. Una vez que Moscú
retiró sus tropas de Afganistán, los servicios estadounidenses y británicos
ayudaron a Osama bin Laden a reagrupar a los mujaidines que habían echado a los
soviéticos en lo que bautizaron “al Qaida” y a entrenarlos sobre el terreno en
el marco de la guerra civil en Bosnia y en Kosovo. Elsässer señala que EE.UU.
toleró –en realidad, fue más que eso– la relación con Bin Laden del entonces
primer presidente de Bosnia-Herzegovina, el fundamentalista musulmán Alija
Izetbegovic, y que en el 2004 comenzó a enviarle armas –muchas pasaron a manos
de Osama– mediante una operación clandestina y conjunta con Irán. Otra delicia
del pragmatismo en la política y la guerra.
En noviembre de 1995 se firmaron los acuerdo de Dayton (Ohio, EE.UU.) que
pusieron fin a la guerra civil. Una de sus cláusulas estipulaba que todos los ex
combatientes extranjeros debían abandonar el país. Mucha mano de obra terrorista
engrosó las filas de los desocupados. Los que debían irse no tenían adónde. Los
que se pudieron quedar gracias a que habían conseguido pasaportes bosnios,
tampoco tenían trabajo ni dinero. No es raro que muchos aceptaran el
ofrecimiento de ingresar en el ejército bosnio por tres mil dólares mensuales.
Sólo que los reclutaban emisarios de la CIA para servir a los intereses de
EE.UU. La red jihadista no fue desmantelada cuando terminó la guerra en la ex
Yugoslavia. Antes, por el contrario. Sus miembros siguieron “el trabajo” en
Chechenia.
Jürgen Elsässer investigó en particular la trayectoria de Aymán al Zawahiri,
el segundo de Bin Laden, que fuera su jefe de operaciones en los Balcanes y
luego en Irak: el llamado Doctor Muerte “viajó a comienzos de los ’90 por todo
EE.UU. en compañía de un agente del comando especial estadounidense para
recolectar fondos destinados a la Jihad. El sabía, desde luego, que EE.UU.
apoyaba esa actividad”. El resultado es que la red de terroristas establecida
durante la guerra en la ex Yugoslavia creó una reserva calificada de quienes
estuvieron luego involucrados en los atentados de Nueva York, Madrid y Londres.
El periodista alemán informa que, entre otros, integró esa red Mohammed Atta, el
terrorista suicida que estrelló el vuelo 11 de American Airlines contra las
Torres Gemelas. Precisa que la intervención de la OTAN en Bosnia-Herzegovina no
tenía, claro, el objetivo de preparar los atentados del 11/9: éstos fueron
consecuencia de la instalación, entrenamiento y actividad de jihadistas
organizados por bin Laden en la región.
Elsässer analiza el porqué de la intervención militar en la ex Yugoslavia
cuando era Yugoslavia, aparentemente incomprensible. El gobierno de Belgrado se
negaba sistemáticamente a formar parte de la OTAN y su territorio tiene
importancia estratégica para la ruta de energéticos procedentes de Asia Central.
“Occidente tenía un interés común, destruir a Yugoslavia, desmembrarla, porque
después del descalabro del bloque soviético habría sido un modelo de combinación
inteligente de elementos capitalistas y socialistas. Pero Occidente quería
imponer el modelo neoliberal a todos los países” del llamado socialismo real.
Los terroristas que formó Bin Laden con la ayuda de la CIA jugaron un buen papel
en esa empresa. Como ahora en Irak. Pareciera que la concepción de la libertad y
la democracia de la Casa Blanca consiste en el fomento de guerras civiles en el
extranjero.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas había prohibido la venta de
armas a cualquiera de los bandos enfrentados en Yugoslavia. EE.UU. violó ese
embargo financiando a los jihadistas. El gobierno democristiano de Alemania
proporcionó el fundamento ideológico de la intervención: se trataba de defender
la autodeterminación étnica en Yugoslavia, la misma argucia que usó Hitler para
anexar Checoslovaquia. “El terrorismo existe en Kosovo y Macedonia, pero Bin
Laden no controla a la mayoría (de los terroristas), su control está en manos de
los servicios secretos de EE.UU.”, se lee en el libro de Elsässer. En una
entrevista que concedió a la periodista suiza Silvia Cattori, ésta le preguntó:
“¿Duda usted de la existencia de Al Qaida?”. La respuesta: “Sí, es propaganda
que fabrica Occidente”.
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