Juan Gelman - rodelu.net |
26 de marzo de 2007
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Página12
de Argentina - 25 de marzo de 2007
A 107 millones por hora
Juan
Gelman
El
billón es muy largo y sin duda impresionante: nombra la
cantidad de un millón de millones y la unidad va seguida de 12 ceros. A la
izquierda. Cuando se aplica a los años luz que separan el sistema solar de
alguna nebulosa, la cifra es inimaginable. Cuando se trata de dólares, también.
¿Cuánto pesará un billón de dólares? ¿Qué altura alcanzaría en billetes de un
dólar? Hay una forma ciertamente distinta y aun sangrienta de medir ese
guarismo: en el año fiscal 2005/2006 lo ha rozado el presupuesto de la llamada
“guerra antiterrorista” declarada por la Casa Blanca. Claro que no todo está a
la vista: la mitad se oculta en laberintos presupuestarios de diverso color.
El Pentágono gastó en las guerras de Irak y Afganistán 499.400 millones de
dólares en el año fiscal mencionado, pero el eminente economista estadounidense
Robert Higgs –profesor y directivo del Independent Institute de California–
exploró la selva de partidas no destinadas al Departamento de Defensa y encontró
el resto en otros ministerios y organismos (www.independent. org, 15-3-07). Al
Departamento de Energía fueron a parar 16.600 millones de dólares para programas
de desarrollo de armamento nuclear. El Departamento de Seguridad Interior,
dedicado a espiar a medio país, obtuvo 69.100 millones de dólares. El
Departamento de Justicia, 1900 millones, un tercio de los cuales financia al
FBI. La entidad de asuntos relativos a los veteranos de guerra, 69.800 millones.
Si se agregan las partidas que el Departamento de Estado, el Departamento del
Tesoro y otras instancias oficiales alimentan directa o indirectamente la
cruzada de W. Bush, se alcanza la astronómica cifra de 934.900 millones de
dólares gastados en un solo año, es decir, 107 millones de dólares por hora.
Pero, a no preocuparse: en el año fiscal 2007/2008 la cifra será mayor.
El presidente Bush subrayó que la seguridad nacional es la primera prioridad
de EE.UU. para sustentar el aumento de los fondos destinados al Pentágono, que
el 07/08 sumarán más de 583.000 millones de dólares. El 20 de marzo se
cumplieron cuatro años de la invasión y ocupación de Irak y W. y sus adláteres
se empecinan en lograr una victoria imposible, ignoran la pérdida de su mayoría
republicana en el Congreso y las manifestaciones contra la guerra cada vez más
nutridas que subrayan un vuelco de la sociedad civil norteamericana. Una
encuesta reciente dibuja cómo ha descendido en pendiente el apoyo al conflicto:
el 54 por ciento consideró que fue errónea la decisión de desatar la guerra,
contra un 40 por ciento que la estimó correcta. En marzo del 2003 las
proporciones fueron exactamente inversas: 20 y 75 por ciento, respectivamente
(The Christian Science Monitor, 20-3-07). El descenso más pronunciado se
registró en el electorado independiente: del 75 al 35 por ciento en el mismo
período. También hubo algunas bajas entre los republicanos neoconservadores: del
94 al 83 por ciento. Según un sondeo de la cadena CNN, un 65 por ciento de los
estadounidenses quieren la retirada de las tropas. W. Bush rebajó esa exigencia
a “tentación”.
Las realidades de la guerra incumplieron las profecías del entonces número 1
del Pentágono, Donald Rumsfeld, quien predijo que iba a durar “6 días o 6
semanas o 6 meses cuando mucho”. Los casi 3.300 efectivos muertos y más de
50.000 heridos estadounidenses no recibieron precisamente la lluvia de pétalos
de rosa que les auguró el número 2, Paul Wolfowitz. El conflicto desembocó en
una guerra civil que viene costando la vida de centenares de miles de civiles
iraquíes y la mayoría de los que siguen con vida no aprecia realmente la clase
de libertad y democracia que la Casa Blanca les impuso. La empresa D3 Systems,
especializada en encuestas de opinión en lugares incómodos como Afganistán o
Bosnia y Herzegovina, entrevistó a más de dos mil pobladores de 450 vecindarios
en 18 provincias iraquíes del 25 de febrero al 5 de marzo: el 78 por ciento de
los interrogados se opone a la presencia de las tropas de EE.UU. y sus acólitos.
Algo más: el 40 por ciento culpó de la violencia imperante a los efectivos
invasores y/o a W. Bush; el 18 por ciento, a Al Qaida y a los jihadistas de
otros países árabes; el 19 a las milicias chiítas o sunnitas y no más del 7 por
ciento a Irán (BBC, ABC, USA Today, ARD, 19-3-07). Parece claro.
Los cuatro años de la guerra petrolera han desgastado a las fuerzas armadas
estadounidenses. “Lo más perturbador es que tomará años para que el ejército y
el cuerpo de marines se recuperen de lo que algunos funcionarios denominan una
‘espiral de muerte’ producida por la rotación cada vez más rápida de efectivos
en las zonas de combate, que ha consumido el 40 por ciento del total de sus
pertrechos, agotado a las tropas e impedido contar con el tiempo necesario para
entrenar a quienes luchan contra las insurgencias actuales en el lugar” (The
Washington Post, 19-3-07). Habrá más gastos. Cuando un panel de la Cámara de
Representantes preguntó en febrero pasado al general Peter Pace, jefe del Estado
Mayor Conjunto, si se sentía conforme con el estado de preparación de las tropas
en EE.UU., respondió: “No, no me siento conforme”. En todo el mundo hay muchos,
pero muchos, que por razones contrarias lo acompañan en el
sentimiento.
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