Juan Gelman - rodelu.net |
2 de abril de 2007
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Página12
de Argentina - 29 de marzo de 2007
La que se viene
Juan
Gelman
El
Pentágono inició en febrero del 2003 –vísperas de la
invasión a Irak– el análisis de un plan de guerra en gran escala contra Irán. Su
código es Tirannt y no significa precisamente “tirano”, aunque la casi homofonía
no es casual: se trata del acrónimo de “Theater Iran Near Term” (Escenario iraní
a corto plazo), un plan de guerra en gran escala contra el régimen de Teherán
que incluye la posibilidad de utilizar bombas nucleares anti-bunker, esas que
llaman “limpias”, ya que sucias sólo serían las otras. Según el Arab Times de
Kuwait, el plan se llevaría a la práctica antes de que termine abril. Esta
afirmación, sin embargo, no toma en cuenta las inmersiones de EE.UU. en el
pantano iraquí. O será que los “halcones-gallina” aman también fugarse hacia
adelante.
Esta voluntad de extender la guerra a Irán no sorprende y ya empezaron a
oírse las “razones” para aplicarlo. Fue bajo el gobierno Clinton que el Comando
Central de las fuerzas armadas estadounidenses (Uscentcom, por sus siglas en
inglés) formuló en 1995 los “escenarios de guerra” a venir: primero Irak y luego
Irán, ejerciendo “una contención dual destinada a mantener el equilibrio de
poder en la región sin depender de Irán ni de Irak... con el propósito de
proteger los intereses vitales de EE.UU. en la región: el acceso seguro e
ininterrumpido de EE.UU. y sus aliados al petróleo del Golfo” (www.milnet.com/pentagon/centcom/chap1/stratgic.htm#USPolicy).
Claro como el cristal, dicen en esas tierras.
El reconocido periodista, escritor y catedrático William Arkin, que fuera
asesor de los servicios de inteligencia norteamericanos y tiene en ellos
contactos excelentes, había ya informado que el Tirannt es padre de un plan de
“grandes operaciones de combate” contra Irán, tanto a corto como a largo plazo,
que hasta contempla “operaciones estabilizadoras tras el cambio de régimen
iraní”: el llamado Conplan 8022 (The Washington Post, 16-4-06). El diseño del
plan está terminado y hace cuatro años que las fuerzas armadas de EE.UU.
“construyen bases y se entrenan para la ‘Operación Libertad Iraní’” (New
Statesman, 19-2-07). El operativo previsto comprende también la realización de
misiones que ejecutarían fuerzas de la OTAN y de Israel en caso de un ataque
“preventivo” a Irán. Y los blancos –ya elegidos– no son únicamente militares:
complejos industriales, infraestructuras de uso civil como caminos, sistemas
hidráulicos, puentes, plantas de energía, torres de telecomunicación y otros
figuran en la lista que, según el Arab Times, elenca 10.000 objetivos. Lo mismo
hizo Israel en el Líbano.
En junio del 2004 Donald Rumsfeld, entonces jefe del Pentágono, alertó a las
fuerzas armadas para que se aprestaran a llevar a cabo el Conplan 8022. Esto
entraña que “los bombardeos y misiles estén preparados para actuar en 12 horas
como máximo después de emitida la orden presidencial”, dice Arkin. Fue entonces
no más que un simulacro: es que W. Bush había emitido el mes anterior la
directiva presidencial NSPD 35 titulada Autorización para el despliegue de armas
nucleares (http://www.fas.org/) que, se presume, implica la instalación
de armas nucleares tácticas en los teatros de guerra del Medio Oriente en
cumplimiento del Conplan 8022. Las fuentes de Arkin le señalaron que para
concretar un ataque rápido contra ciertos objetivos iraníes en determinadas
circunstancias “la única opción sería la nuclear”. Con consecuencias
imprevisibles para el mundo entero, no sólo para Rusia, China y la región. Entre
paréntesis: en ningún capítulo del plan se indica explícitamente que las
operaciones contra Rusia y China están excluidas. Antes, por el contrario.
Un juego de guerra que el Pentágono desarrolló de septiembre a diciembre del
2006, titulado Escudo Vigilante 07, no se limitó al Medio Oriente: los enemigos
fueron Irmingahm (por Irán), Nemazee (Corea del Norte), Ruebek (Rusia) y Churya
(China), según reveló William Arkin, que dio a conocer las secuencias y los
detalles del juego asentados en un documento del Comando Norte de agosto del
2006 (The Washington Post, 10-2-07). De paso: el “área de responsabilidad” de
ese comando abarca a los territorios de EE.UU., Alaska, Canadá, México y hasta
500 millas náuticas –unos 800 kilómetros– de las aguas circundantes (http://www.northcom.mil/).
Algo es algo.
La Casa Blanca presiona para que el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas impongan sanciones cada vez más severas a Teherán si no detiene su
programa nuclear. En tanto, evalúa la posibilidad de un ataque masivo contra
Irán si las incumple. Otro motivo para una operación “preventiva” sería un nuevo
11/9 en territorio estadounidense, que –dice Arkin– “podría crear una
justificación y una oportunidad, de las que hoy se carece, para una represalia
contra ciertos objetivos conocidos, según ex funcionarios y agentes en activo
familiarizados con el plan” (The Washington Post, 23-4-06). El ex embajador de
EE.UU. ante la ONU John Bolton declaró que antes de que Irán desarrolle armas
nucleares –lo que, con suerte, puede ocurrir dentro de cinco años, según el
aparato completo de inteligencia estadounidense– “es preferible una acción
militar desagradable”. Tiene razón: las bombas nucleares son realmente
desagradables.
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