Juan Gelman - rodelu.net |
19 de abril de 2007
|
Página12
de Argentina - 12 de abril de 2007
De incredulidades
La Casa Blanca compró algo de tiempo, después del triunfo
demócrata en las elecciones de noviembre pasado, al anunciar que enviaría más
tropas a Irak para rellenar semejante pantano. Ese tiempo terminó: no cesan los
combates en Bagdad –donde el Pentágono concentró miles de efectivos “para
terminar el trabajo”– y continúan los enfrentamientos y los atentados suicidas
en otras zonas del país. W. Bush insiste en que Irak es el frente principal de
la lucha “antiterrorista”, pero la opinión pública estadounidense le cree cada
vez menos. Tampoco cree mucho en los medios. El pueblo norteamericano adquiere
con lentitud una claridad de ideas que no tuvo cuando la invasión y ocupación de
Irak comenzó hace cuatro años. El lapso no es largo en la vida corriente. En la
guerra es otra cosa.
Juan
Gelman
La prestigiosa revista Foreign Affairs publica un índice sobre la política
exterior de EE.UU. que no deja lugar a dudas: su encuesta revela que el 61 por
ciento de los interrogados opinó que la seguridad de EE.UU. respecto del
terrorismo no depende del éxito en Irak, contra el 34 por ciento que afirmó lo
contrario. Y no sólo: un 70 por ciento, más de dos de cada tres encuestados,
desea la retirada inmediata (19 por ciento) o gradual de las tropas
norteamericanas en los próximos 12 meses (51 por ciento) (www.angus-reid.com,
10/4/07). El 23 de marzo, la Cámara de Representantes autorizó un financiamiento
complementario para la guerra en Irak y Afganistán con la condición de que se le
pusiera fin el 31 de agosto del 2008 a más tardar. El 29, el Senado aprobó otra
ley que demanda la vuelta a casa de todos los efectivos estadounidenses antes
del 31 de marzo del 2008. Pero Bush insiste: el 7 de abril, en su habitual
emisión por radio de los sábados, reiteró que vetaría ambas leyes “si llegan a
mi escritorio”. Si W. es democrático, la pirámide de Keops es el Jardín
Zoológico.
Los grandes medios estadounidenses –prensa, radio, televisión– en general
acompañaron puntualmente la política bélica de la Casa Blanca, difundieron con
alarmismo sus mentiras sobre la existencia de armas de destrucción masiva en
poder de Saddam Hussein, su presunta relación con Al Qaida, la compra iraquí de
uranio a Nigeria y un etc. para no alargar la lista. La confianza de la
audiencia del país en sus informaciones sobre Irak y en las evaluaciones
militares del conflicto ha descendido abruptamente en los últimos cuatro años:
en marzo del 2003, mes de la invasión, el 85 por ciento creía absolutamente o no
poco en los comunicados militares y el 81 por ciento en la cobertura de los
medios. En marzo de 2007 esos índices bajaron a 46 y 38, respectivamente. Estos
resultados reflejan el cambio de la percepción pública norteamericana de la
marcha de la guerra: en el 2003, el 90 por ciento estaba convencido de que el
conflicto iba muy bien o bien para sus fuerzas armadas. Hoy lo cree no más de un
40 por ciento (pewresearch.org, 5/4/07).
Los investigadores independientes del Pew Research Center (PRC) –que llevaron
a cabo esta última encuesta– no opinan en sus sondeos, se limitan a registrar
las respuestas que obtienen. Asentaron datos curiosos: la confianza de los
republicanos en los medios descendió del 81 por ciento en el 2003 al 29 en el
2007, la de los demócratas, del 82 al 51, respectivamente. Los partidarios de la
oposición parecen más crédulos que los seguidores de la Casa Blanca. San Agustín
decía que la fe precede a la inteligencia.
La Casa Blanca y los medios subrayaron “el éxito” que entraña el envío de más
tropas a Irak, eje de la “nueva” estrategia de W. Bush que comenzó a ejecutarse
en febrero. Pero la realidad es muy terca: el New York Times (9/4/07) tuvo que
informar que “Bagdad se ha convertido en el campo de batalla más mortífero para
las tropas estadounidenses, pues han entrado en la capital para enfrentar a las
milicias sunnitas y chiítas en las calles que éstos dominan. La tasa de
estadounidenses muertos en la ciudad en las primeras siete semanas de aplicación
del (nuevo) plan de seguridad casi duplica la del período anterior”. Muchos
analistas militares y de inteligencia de EE.UU. reconocen que no hay modo de
ganar esa guerra y que la presencia de más efectivos sólo garantizará el aumento
de las bajas norteamericanas (consortiumnews.com, 10/4/07). Y el de las familias
iraquíes y estadounidenses que llorarán sus pérdidas.
Pareciera que los grandes medios de EE.UU. han adoptado, frente al desastre
iraquí, otra técnica de información: proporcionan menos noticias sobre los temas
que más preocupan a los lectores. El escándalo del procurador general Alberto
Gonzales y la detención de quince marinos británicos por Teherán dominaron
titulares e informativos norteamericanos en la semana que comenzó el 26 de
marzo. Esto recortó espacio y tiempo de cobertura de la situación en Irak, pero
no la atención que el público le presta. El sondeo del PRC determinó que, en
esos días, la cuestión iraquí fue la más seguida por un 26 por ciento de los
interrogados, contra el 15 que se interesó ante todo por la suerte de los
rehenes británicos y el 12 por los apuros de Gonzales. Los grandes medios
norteamericanos dedicaron a estos tres acontecimientos el 6, el 10 y el 11 por
ciento, respectivamente, de su volumen informativo. La libertad de prensa es
libertad de prensa. ¿O no?
|