Juan Gelman - rodelu.net |
27 de abril de 2007
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Página12
de Argentina - 22 de abril de 2007
Niños, niños
El escándalo de las ventas clandestinas de petróleo
iraquí bajo Saddam Hussein y los presuntos sobornos a altos funcionarios de las
Naciones Unidas y aun a grandes empresas como Siemens en el marco del programa
“Petróleo por alimentos” que estableció el Consejo de Seguridad de la ONU en
1996 y se extendió hasta la ocupación norteamericana encubre otros escándalos.
El primero: las sanciones que el Consejo de Seguridad impuso en 1990 al régimen
autocrático de Bagdad por invadir Kuwait provocaron la muerte de más de medio
millón de niños iraquíes por desnutrición y falta de atención médica adecuada.
La investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM,
María Cristina Rojas, señaló que, en razón de estas sanciones, Irak no recibió
ninguna clase de asistencia internacional para su sistema de salud.
Juan
Gelman
Hans von Sponeck, ex secretario general adjunto de la ONU en su calidad de
coordinador de la asistencia humanitaria al país árabe, tampoco ahorra
acusaciones ni cifras contundentes en su libro A differente war: The UN
sanctions regime in Irak (Berghahn Books, 2006). En los años ’80, bajo Saddam
Hussein, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) determinó que
la tasa de mortalidad infantil de niños menores de cinco años era del 25 por
mil. Durante los 13 años de aplicación de las sanciones del Consejo de
Seguridad, esa tasa ascendió al 56 por mil a comienzos de los años ’90 y se
duplicó con creces en el 2006, después de tres años de ocupación: llegó al 130
por mil, según cifras oficiales del Ministerio de Salud iraquí, ubicando al país
en este rubro muy por debajo de la pobrísima Botswana. Cabe recordar que la Casa
Blanca prometió en el 2005 reducir dicha tasa a la mitad. Claro que las promesas
sólo comprometen a quienes las escuchan, decía el ex primer ministro francés
Henri Queuille.
La clase de libertad y democracia que W. Bush exportó a Irak ha desembocado
en una guerra civil y los cuatro años de ocupación no trajeron precisamente
felicidad a los niños iraquíes. Según el Unicef, el 30 por ciento de los menores
de 5 años de edad padece desnutrición aguda o crónica. Otros sufren la llamada
“hambre oculta”, es decir, la falta de vitaminas y minerales básicos para su
desarrollo físico, psíquico e intelectual. Hayder Hussainy, alto funcionario del
Ministerio de Salud de Irak, ha declarado que alrededor de la mitad de los niños
está afectada por una u otra forma de desnutrición
(www.phmovement.org/en/node/317, 26-3-07). Y hay padecimientos que no se les
puede medir.
La Asociación de Psicólogos de Irak (AIP, por sus siglas en inglés) dio a
conocer en marzo un estudio titulado “Los efectos psicológicos de la guerra”
para el cual se entrevistó a más de mil niños en las 18 provincias del país: el
92 por ciento encuentra dificultades para estudiar, sobre todo a causa del clima
imperante de miedo y de inseguridad. “Lo único que tienen en la cabeza son
armas, balas, muerte y miedo a la ocupación norteamericana”, manifestó Marwan
Abdullah, miembro de la AIP, al semanario cairota Al Ahram. No es difícil
imaginar a qué juegan esos niños. Lo difícil es imaginar qué sienten cuando van
a la escuela –si van– y deben pasar por encima de cadáveres tirados en la calle.
Y nadie sabe cuántos de ellos han muerto desde que comenzó la ocupación. Las
marcas físicas de la guerra están perfectamente a la vista en morgues,
hospitales y noticieros de televisión, pero no los traumas mentales y afectivos
que provoca. Nadie cuenta las pesadillas de esos niños, sus ataques de pánico,
la súbita mudez que los aqueja o la violencia que se infligen entre ellos (The
Guardian, 6-2-07). Tampoco el incremento de la prostitución infantil y/o el
secuestro y la servidumbre sexual de menores de 13 años para servir a los
pedófilos (Red de Información Regional Integrada de la ONU, agosto del 2005).
Total, son “daños colaterales” invisibles.
Se estima que el 30 por ciento de la población de Irak vive en extrema
pobreza, como hoy se bautiza gentilmente a la miseria. El número de desplazados
dentro y fuera del país asciende a más de cuatro millones de iraquíes (oficina
del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, 16-4-07).
Faltan alimentos, agua, electricidad, porque los bombardeos estadounidenses han
destruido una buena parte de esas infraestructuras. El estado del sistema de
salud es pavoroso: en marzo del 2006, la ONG británica Medact declaró que 18.000
médicos, de los 34.000 que había, dejaron el país. El lunes 9 de abril,
aniversario de la caída de Saddam Hussein, decenas de miles de iraquíes salieron
a las calles en una manifestación que para Gordon Johndore, secretario de prensa
de la Sra. Laura Bush demostraba que “Irak es ahora un lugar donde el pueblo se
puede reunir y expresar sus opiniones libremente”. Sólo que las consignas
coreadas por los manifestantes eran “No, no a EE.UU./ sí, sí a la libertad” o
“Los ocupantes deben irse de Irak”. La proporción de iraquíes que desean
librarse de guerreros “visitantes” que nunca fueron invitados ascendió del 51
por ciento en el 2005 al 65 por ciento en el 2006 y al 78 por ciento en lo que
va de este año (encuesta de D3 Systems para BBC, ABC News, ARD de la TV alemana
y USA Today realizada en todas las provincias de Irak del 25-2 al 5-3-07,
www.np.org, 9-4-07). Pareciera que los libertados no quieren a sus
libertadores.
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