Juan Gelman - rodelu.net |
15 de junio de 2007
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Página12
de Argentina - 14 de junio de 2007
Telones
Juan
Gelman
Lo
dijo el vocero de la Casa Blanca Tony Snow. Finalmente.
EE.UU. piensa mantener tropas en Irak por mucho tiempo. Snow equiparó esa
situación con la de Corea del Sur, donde hay 53.000 soldados norteamericanos
desde la guerra con el Norte que estalló en 1950. Tomando en cuenta el contexto
–por ejemplo, el número de naves de guerra que EE.UU. sigue concentrando en el
Golfo Pérsico–, no se trata sólo de Irán: Irak fue el primer paso de la
construcción de un imperio colonial en Medio Oriente y el poderío militar que
seguirá de pie en su territorio habla de un proyecto de control que abarcaría
también a Siria, Líbano, las zonas petroleras de Arabia Saudita y aun las
estepas de Asia Central mediante el tendido del oleoducto Bakú
(Azerbaiján)-Tbilisi (Georgia)-Ceyhan (Turquía). Washington ha comenzado ya las
hostilidades con Rusia, por ahora verbales: ha descubierto de repente que Putin
es un autócrata.
La “revelación” de Snow es hace tiempo conocida. El Pentágono está
invirtiendo miles de millones de dólares en la construcción de cuatro bases en
Irak. El periodista Thomas Rick visitó el año pasado la base Balad Air, ubicada
a 68 kilómetros al norte de Bagdad, y su descripción no deja lugar a dudas sobre
la intención de utilizarla de manera permanente (The Washington Post, 4-2-06).
Ese complejo militar alberga vecindarios donde viven sus 20.000 efectivos –con
aire acondicionado–, la sede de una unidad especial de operaciones conjuntas
rodeada de muros muy altos que confirman su secreto, cuatro grandes comedores,
un hospital, una muy larga pista de aterrizaje, 250 naves aéreas y ciertas
“amenidades”: restaurantes Subway y Popeye’s, un Burger King abierto las 24
horas, un Starbucks de imitación, un par de tiendas. Habrá más: Internet, TV por
cable y teléfonos para llamadas internacionales. De base militar transitoria
poco tiene. Más bien es una isla estadounidense militarizada en territorio
hostil.
Una semana antes de la publicación del artículo de Rick, el general Mark
Kimmett, segundo del comando central de los ocupantes en materia de
planificación y estrategia, había declarado paladinamente: “Ya hemos entregado
importantes zonas de territorio a los iraquíes... No se trata sólo de un plan,
es nuestra política no tener base permanente alguna en Irak” (seattlepi.nwsource.com,
28-1-06). No otra cosa había expresado el entonces jefe del Pentágono, Donald
Rumsfeld: “No se planea por ahora la instalación de bases permanentes en Irak.
Es un tema que ni siquiera hemos conversado con el gobierno iraquí”. La base
Balad Air ya estaba construida. Pareciera que, bajo el gobierno Bush, la mentira
es un monopolio de Estado.
Tony Snow subrayó que la presencia ad infinitum de tropas norteamericanas en
Irak sólo serviría para fortalecer su seguridad interna y no para agresiones a
terceros países. Pero los bombardeos a Irán no sólo están previstos, fueron
publicitados. El pretexto para la permanencia por tiempo indefinido de 30.000 a
50.000 militares es el de siempre: emplear el territorio iraquí como plataforma
en la lucha contra Al Qaida y otros grupos terroristas. Esto entrañaría la
retirada de buena parte de los 160.000 efectivos estadounidenses hoy en Irak y
cabe imaginar que W. Bush procura una suerte de consenso bipartidario para
continuar la ocupación aunque el gobierno pase de un republicano a manos de un
demócrata en las próximas elecciones presidenciales. Así, el programa de los
“halcones-gallina” no se vería perturbado. Contra la opinión de sus votantes, la
cúpula del partido demócrata ya ha capitulado al aprobar el enorme presupuesto
de guerra del año fiscal 2007-08. En Irak, EE.UU. no está dispuesto a bajar el
telón.
En cambio, no se pudo levantar el del teatrito del prestigioso Colegio Wilton
de Connecticut, en el que 16 estudiantes de teatro iban a representar “Voces en
conflicto”, una obra sobre Irak. La pieza consiste en una serie de monólogos que
recogen la palabra de soldados que allí combaten y “describen gráficamente la
violencia y una ambigüedad moral que parecía cuestionar la ecuanimidad de la
guerra” (The Christian Science Monitor, 12-6-07). El decano del colegio, Timothy
Canty, canceló en marzo la representación porque podía herir los sentimientos de
deudos de los caídos y de familiares de los efectivos en Irak. El hecho motivó
que Edward Albee y una treintena más de conocidos dramaturgos firmaran una carta
de protesta y que varios teatros de Nueva York ofrecieran sus instalaciones para
que la obra llegue al público. Los actores tal vez pronuncien frases como la del
soldado Donald Hudson Jr.: “¿Por qué seguimos todavía en este país que no nos
quiere?”. O ésta, del capitán Jeff Leonard, que atiende a efectivos
traumatizados por la guerra: “Estoy cansado de ver llorar a jóvenes en la
plenitud de su vigor” (http://www.vaiw.org/, 12-6-07). Se sabe: una contienda bélica
produce mutilaciones de todo tipo.
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