Juan Gelman - rodelu.net |
8 de julio de 2007
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Página12
de Argentina - 8 de julio de 2007
Finalmente
Juan
Gelman
La
máscara de la llamada guerra antiterrorista y en pro de la
democracia y la libertad ha caído por completo como hoja seca en otoño. El
rostro es negro: la Casa Blanca y Downing Street imponen a Irak contratos
leoninos en materia de petróleo. Los favorecidos serán los de siempre: BP-Amoco,
Shell, ExxonMobil, Chevron, la francesa Total y la italiana ENI. Sus
representantes integran el Centro Internacional de Impuestos e Inversiones
(CIII) que presiona al gobierno títere de Bagdad para que adopte la Ley iraquí
de hidrocarburos (LIH). Nuri al Maliki aceptó su primera versión en enero de
este año, un texto preparado por la empresa consultora gigante Bearing Point por
encargo del Departamento de Estado norteamericano. El primer ministro no contaba
con la reacción contraria que provocó en el Parlamento colaboracionista, y menos
con la de los 26.000 trabajadores del sector petrolero iraquí.
El periodista Arthur Lepic recuerda en el Réseau Voltaire (20-6-07) que el 4
de junio pasado aquéllos lanzaron una huelga que paralizó la zona productora
principal del sur del país y cortó durante varios días las exportaciones de
petróleo, que llegan a dos millones de barriles diarios, según cifras oficiales.
Antes de la invasión, se elevaban a 3,5 millones, un 50 por ciento más, y Paul
Wolfowitz, uno de los arquitectos de la intervención, predecía que la producción
de energéticos de Irak financiaría rápidamente los costos de la guerra. Se
equivocó, claro, como cuando le aumentó el sueldo a la novia ya de presidente
del Banco Mundial. La guerra ha entrado en su quinto año y no parece cercano el
final, pero Irak posee el 10 por ciento de las reservas mundiales de petróleo y
hay que saciar el apetito de las megaempresas del ramo, especialmente en
momentos en que se comprueba que la producción mundial de oro negro declinará en
los próximos años por agotamiento de las reservas hoy explotadas.
La Federación iraquí de sindicatos del petróleo exige que se anule el aumento
del precio interno de los hidrocarburos, que agrava una situación económica casi
insostenible, y denuncian que la LIH privatizaría los ingresos del país
procedentes del petróleo “en condiciones escandalosamente beneficiosas” para las
compañías extranjeras. Al Maliki ordenó cercar a los huelguistas con tropas
iraquíes y lanzó órdenes de arresto contra los líderes del movimiento, mientras
cazas norteamericanos sobrevolaban las manifestaciones. No pudo quebrar la
huelga e hizo vagas promesas que, se sabe, están destinadas a la errancia. El
proyecto de ley, que el Parlamento iraquí no termina de aprobar, es absurdo y
aun increíble.
La LIH sancionaría el método del “contrato de coparticipación en la
producción” (PSA, por sus siglas en inglés) que no existe en Medio Oriente desde
las nacionalizaciones de los años ’70. Algo saben de los PSA los dolores de
cabeza de Putin, que los heredó del gobierno corrupto de Boris Yeltsin. El
proyecto de ley para Irak estipula que los monopolios extranjeros, a cambio de
inversiones –reales o no–, recibirán del 60 al 70 por ciento de los ingresos
petroleros durante un período de amortización de 40 años y el 20 por ciento
después. Las compañías aducen que la inseguridad imperante aumenta riesgos y
costos. Olvidan un pequeño detalle: la ocupación ha generado esa inseguridad y
se mantiene precisamente para garantizar la obtención de ganancias con el
petróleo iraquí, que Hussein nacionalizó en 1972.
Este plan es viejo. El Departamento de Estado diseñó en abril del 2002 –un
año antes de la invasión– el proyecto “Futuro de Irak” y en su elaboración
participaron altos funcionarios del gobierno Bush, representantes de las
megacompañías petroleras y exiliados iraquíes como Ibrahin Bahr al Ulum,
casualmente nombrado ministro del Petróleo después de la invasión. Una de las
conclusiones de tal proyecto es que Irak “debe abrirse a las compañías
internacionales lo más rápidamente posible al terminar la guerra”. Que ya estaba
prevista. Otra conclusión: “El país debe crear una atmósfera propicia a fin de
atraer las inversiones en los recursos del petróleo y el gas natural” (www.gwu.edu, 1-9-06).
John Negroponte, el segundo del Departamento de Estado, acaba de visitar Bagdad
para apurar la promulgación de la LIH: lo respaldaban 160.000 efectivos militares
estadounidenses y un ejército de civiles contratados aún mayor.
¿Alguien suponía que esta guerra es por petróleo? ¿Eh?
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