Juan Gelman - rodelu.net |
21 de septiembre de 2007
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Página12
de Argentina - 20 de septiembre de 2007
Tres días y ya
Juan
Gelman
El
profesor Víctor David Hanson es el historiador favorito de
la Casa Blanca y suele buscar en la guerra del Peloponeso símiles forzados para
justificar cualquier tipo de decisión bélica de W. Bush. Hay quien sospecha que
si los “halcones-gallina” decidieran invadir la Patagonia, Hanson desenvainaría
una inevitable cita de Pericles. Dicta cátedra en la Hoover Institution, entre
otras, y un ex alumno relató que en una de sus clases “Hanson contó que estaba
en la Oficina Oval analizando (con el presidente) la cuestión de Irán... y que
Bush se comprometió a hacer algo con Irán antes de terminar su mandato” (www.lewrockwell.com/blog, 26-8-07). Pareciera que así será
nomás: el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Bernard Kouchner,
anuncia que “hay que prepararse para lo peor, la guerra” contra Irán, el
comandante en jefe de los ocupantes, general David Petraeus, quiere que buena
parte de los 5000 efectivos británicos estacionados en Basora patrulle la
frontera iraquí con Irán, y John Bolton, el ex virrey de Irak, explica que el
raid aéreo israelí contra Siria de principios de mes fue “una advertencia
también para Irán”. No por nada W. dijo a Hanson lo que dijo.
La anécdota sintetiza el contenido de un estudio que detalla los preparativos
ya cumplidos del ataque norteamericano a Irán. Sus autores, Dan Plesh y Martin
Butcher, son reputados especialistas británicos en diplomacia y armamentos, dos
términos cada vez más intercambiables. El estudio –“Análisis de una guerra con
Irán” (http://www.rawstory.com/)– concluye que el Pentágono ha
planeado no sólo la destrucción de las instalaciones nucleares iraníes: también
el derrocamiento del régimen, la aniquilación de sus fuerzas armadas y de su
infraestructura económica. Se trata de convertir a Irán en un “estado débil o en
bancarrota” para reconstruirlo en democracia. Igualito que en Irak.
La intervención sería masiva con bombarderos y misiles que están listos “para
destruir 10.000 objetivos en unas pocas horas”, registran Plesh y Butcher. Hay
además infantería, fuerza aérea y marines en el Golfo Pérsico. Se cuenta con
armar a grupos étnicos opositores en algunas provincias iraníes para alimentar
una suerte de “resistencia popular”. De hecho, hay unidades de fuerzas
especiales norteamericanas que ya operan clandestinamente en Irán. Están
preparadas las bombas nucleares, que los autores del estudio consideran de
improbable utilización. No obstante, agregan, las instalaciones nucleares
iraníes de Natanz tienen tal protección “que se podría requerir el empleo de
armas nucleares (antibunker) y, una vez comenzado el ataque, sería simplemente
cuestión de seguir la lógica y la doctrina militares en toda su extensión, lo
que demandaría la utilización de bombas nucleares si los otros medios fracasan”.
Más claro, imposible.
El ambiente se está calentando en Washington y bastarán tres días para
cumplir los objetivos previstos, señalan diversos analistas militares. Pero
Larry Johnson, ex agente de la CIA y ex subdirector de la oficina antiterrorista
del Departamento de Estado a cargo de operaciones especiales, no se afilia al
optimismo: “El estudio (de Plesh y Butcher) parece aceptar sin cuestionamiento
alguno que la fuerza aérea y los bombarderos navales de EE.UU. pueden
efectivamente destruir a Irán, y al parecer ignoran el hecho de que el poderío
aéreo estadounidense no consiguió en Irak destruir todos sus medios principales
en los terrenos militar, político, económico y de transporte”. La Casa Blanca no
quiere perder más efectivos en otra invasión, pero olvida un viejo principio de
la guerra: para derrotar a un país hay que ocuparlo y la infantería es clave. Y
aun así, véase Irak.
El marco local de estos planes contra Irán son las elecciones presidenciales
del año próximo. Crece el repudio a la guerra de Irak de la opinión pública
norteamericana, para no hablar de la soledad internacional que W. Bush ha sabido
conseguirle a EE.UU., pero la pugna política por ganar al electorado es
difícilmente comprendida en Europa y Medio Oriente, afirman los autores del
estudio: “Es un contexto que algunos considerarían divorciado de la realidad,
pero con la capacidad estadounidense de proyectar su poderío militar a todo el
globo, tal vez la realidad de Wa-shington D.C. es la que importa más que
cualquier otra”. A continuación reconocen que, aunque Irán quede reducido a un
estado rico en petróleo, pero muy debilitado, “los riesgos para la humanidad en
general y para los estados de Medio Oriente en particular son verdaderamente
graves”. En esto no se equivocan: W. ya amenazó a Teherán con “un holocausto
nuclear”.
La Casa Blanca está segura de que atacar a Irán contará con el consenso de
demócratas y republicanos, que no querrán quedar en falta con el rubro
patriotismo. Y es verdad que Hillary Clinton, que lleva la delantera en la
interna demócrata por la candidatura presidencial y tal vez llegue a la Casa
Blanca nuevamente, de otro modo esta vez, criticó con dureza a su conmilitón y
contrincante Barack Obama porque éste afirmó que sería muy peligroso utilizar
armas nucleares en Pakistán y Afganistán para terminar con Osama bin Laden.
“Creo que ningún presidente –contestó Hillary a Obama– debe hacer declaraciones
terminantes con respecto al uso o no uso de armas nucleares”. Tampoco a esto le
falta claridad.
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