Juan Gelman - rodelu.net |
14 de Octubre de 2007
|
Página12
de Argentina - 14 de Octubre de 2007
Cosa fea la verdad
Juan
Gelman
El
lema de un diario uruguayo de provincias proclamaba en
primera página: “La única diosa que los hombres no quieren ver desnuda es la
verdad”. Debe ser fea. Ordenaron no verla la Casa Blanca y aun el Congreso
estadounidense cuando el 8 de junio de 1967 –el cuarto de la Guerra de los Seis
Días– fuerzas israelíes atacaron por mar y aire al barco-espía norteamericano
USS Liberty a plena luz del día y en aguas internacionales frente al puerto
egipcio de El Arish, en la costa mediterránea de la península del Sinaí. Pese a
que el capitán del buque izó la bandera de EE.UU., la agresión se prolongó 90
minutos causando la muerte de 34 tripulantes e hiriendo a otros 171. Tel Aviv
negó que fuera deliberada, que había sido “un accidente trágico y terrible” y la
misma postura adoptó el presidente Lyndon Johnson. Los sobrevivientes cuentan
otra historia.
Al alba de ese 8 de junio, cuatro cazas de la fuerza aérea israelí comenzaron
a ametrallar la cubierta del USS Liberty y tres cazatorpederos completaron el
ataque con la evidente intención de hundir la nave. Una curiosidad, porque la
misión del buque era interceptar los mensajes de las fuerzas árabes para alertar
a Israel, socio privilegiado de EE.UU., sobre las maniobras de sus enemigos.
Dotado de más de 40 altas antenas capaces de recibir todo tipo de transmisiones
radiales, tenía un perfil ciertamente peculiar, pero las autoridades israelíes
adujeron que lo habían confundido con un transporte egipcio de caballería. Otra
curiosidad, porque la investigación posterior de una corte militar de las
Fuerzas de Defensa de Israel concluyó que sus autoridades navales sabían, por lo
menos tres horas antes del ataque, que se trataba de un navío norteamericano,
pero que esa información se perdió –¿cómo habrá sucedido?– y nunca llegó a
conocimiento de quienes dirigían el ataque. Cabe preguntarse por qué Tel Aviv
puso así en peligro su íntima relación con Washington. Hay un par de hipótesis
sobre el tema.
Algunos analistas proponen que Israel quiso impedir que el barco-espía
informara acerca del movimiento de sus tropas que anunciaba la inminente
invasión de las Alturas del Golán en territorio sirio. El historiador y
periodista Gabby Bron, ciertamente de derecha, testimonió algo muy distinto en
un artículo publicado por el diario israelí Yediot Ahronot (17-8-95): había
presenciado en el aeropuerto de El Arish cómo unos 150 prisioneros de guerra
egipcios, luego de ser interrogados por militares israelíes, eran llevados
afuera y se les daba una pala para cavar su propia tumba. “Vi cómo un hombre
excavó un hoyo en unos 15 minutos –explicó Bron–, después el policía (militar
israelí) le dijo que tirara la pala y entonces uno de ellos le apuntó con una
Uzi y le disparó dos breves ráfagas, cada una de tres o cuatro balas.” Agrega
que observó unas diez ejecuciones hasta que un coronel israelí lo obligó a irse
del lugar a punta de pistola. El capitán de corbeta (R) estadounidense James M.
Ennes Jr., sobreviviente del USS Liberty, apunta que “según testimonios de
funcionarios y periodistas israelíes, el ejército israelí –el ejército que se
precia de tener un nivel moral superior al de otros ejércitos– ejecutó no menos
de 1000 prisioneros árabes durante la guerra de 1967”
(davemull@alphalink.com.au, 11-6-01). Algo es algo.
¿Y qué sucedió del lado estadounidense? ¿Por qué el gobierno Johnson sostuvo
la mentira israelí? Y más aún: ¿por qué el entonces jefe del Pentágono, Robert
McNamara, ordenó al vicealmirante Lawrence Geis, comandante de los portaaviones
de la 6ª flota norteamericana que navegaba en el Mediterráneo, que regresaran
los cazas que éste había enviado en auxilio del USS Liberty y permitió que las
fuerzas israelíes siguieran matando a efectivos norteamericanos? Es ésta la
demostración más palpable y mortífera del poder del lobby israelí en EE.UU. que
canaliza el Comité estadounidense-israelí de actividades políticas (Aipac, por
sus siglas en inglés). Una reciente investigación del Premio Pulitzer de
periodismo John Crewdson, basada en la desclasificación de documentos oficiales,
cuestiona la afirmación de la Agencia de Seguridad Nacional de que nunca había
interceptado las comunicaciones de los pilotos israelíes atacantes y sugiere que
el gobierno Johnson, “deseoso de salvar la reputación de Israel y de preservar
su alianza con EE.UU., cerró el caso con una averiguación que incluso algunos de
sus participantes hoy dicen que fue apresurada y defectuosa por demás” (The
Baltimore Sun, 2-10-07).
Los sobrevivientes del USS Liberty han pedido con insistencia que la Casa
Blanca reabra la investigación para establecer responsabilidades. En vano:
Israel es un pilar de EE.UU. en Medio Oriente y sus gobiernos, sean demócratas o
republicanos, se pliegan además a las presiones del Aipac y ocultan las verdades
molestas. La Guerra de los Seis días fue provocada por un ataque del ejército
egipcio, insiste Tel Aviv y reitera Washington. Han “olvidado” la confesión que
el entonces primer ministro israelí Menajem Begin hizo en junio de 1982: “En
junio de 1967 teníamos que elegir. La concentración de tropas egipcias en el
Sinaí no prueba que Nasser estaba realmente por atacarnos. Debemos ser honestos
con nosotros mismos. Nosotros decidimos atacarlo” (http://www.consortiumnews.com/,
5-10-07). La verdad no es linda, no.
|