Juan Gelman - rodelu.net |
15 de noviembre de 2007
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Página12
de Argentina - 15 de noviembre de 2007
¿República? ¿O qué?
Juan
Gelman
Estados
Unidos se está convirtiendo en un tipo de Estado muy
curioso. Es una república democrática representativa –es decir, hay elecciones–,
pero ésa no sería la concepción de W. Bush. La Constitución a la que debe
obediencia establece que el gobierno no puede declarar una guerra sin la
aprobación del Congreso. Lo hizo sin la aprobación del Congreso. Es uno más de
los que olvidaron el discurso de John Quincy Adams, sexto presidente de su país,
sobre la política exterior norteamericana: “En todas partes donde se desarrollan
o desarrollarán las normas de la libertad y de la independencia –dijo en octubre
de 1821–, esta nación las acompañará de todo corazón, con sus bendiciones y
oraciones. Pero no saldrá al exterior en busca de monstruos para destruir”. O
tal vez W. –se sabe que no es aficionado a la lectura– no ha leído la
Constitución. En cambio, ha implantado un sistema de espionaje de sus propios
conciudadanos, incluso vía satélite, invasor de la privacy que éstos tanto
aprecian. En los países del llamado “socialismo real”, la misma tarea estaba a
cargo de la KGB, la Stassi y otros servicios secretos de triste memoria.
Hay otra curiosidad que este período de campaña electoral en EE.UU. ha puesto
de relieve. Lo señaló con claridad y asombro la periodista canadiense Chrystia
Freeland, directora ejecutiva del Financial Times: “Al observar la reacción
internacional ante la contienda presidencial, noto que la gente está muy
preocupada por la idea de que EE.UU. está gobernada por dos dinastías” (http://www.msnbc.msn.com/, 25-10-07). Es decir, W. Bush, hijo
del ex presidente H. W. Bush, sucedió a Bill Clinton y ahora la señora de
Clinton muy probablemente sucederá a W. Bush. Según una reciente estadística de
Los Angeles Times, el 49 por ciento de los interrogados manifestó beneplácito
por el posible retorno de Bill a la Casa Blanca, esta vez en calidad de
presidente consorte. Ya no se trataría de partidos sino de linajes, y a los
estadounidenses no parece importarles el fenómeno.
Esta evolución o involución del sistema político estadounidense no modifica
la vieja costumbre del consenso republicano/demócrata en torno de los temas
locales e internacionales más importantes. Los dos partidos votan parejamente
por el aumento incesante del presupuesto de guerra y sostienen el apetito
imperial de Washington. El precandidato presidencial republicano Rudolph “Rudy”
Giulani reiteró que impedirá que Irán se convierta en un potencia nuclear y
–agregó– “esto no lo digo como amenaza, lo digo como promesa” (electionstocks.com,
10-11-07). Rudy es de los que prometen, pero cumplen.
La precandidata demócrata Hillary Clinton fue también muy clara: “La política
de EE.UU. debe ser cristalina e inequívoca: no podemos, no deberíamos, no
debemos, permitir que Irán construya o adquiera armas nucleares. Todas las
opciones deben estar sobre la mesa para enfrentar esta amenaza” (rawstory.com, 3-2-07). Brilla por
su ausencia el debate ideológico y político entre competidores y todo se reduce
al enfrentamiento de celebridades y a la pregunta de quién finalmente manejará
el timón. Total, el rumbo es el mismo.
Los demócratas, alegres, se autoanticipan el retorno de la era Clinton y
pocos insisten en su declamada vocación antibélica. Si gana, Hillary no los
defraudará, ni a ellos ni a los “halcones-gallina” republicanos. Bien lo sabe la
industria armamentista: la están apoyando más que a Giuliani, a pesar de sus
pasadas tensiones con Bill. Representantes de las cinco empresas del ramo más
poderosas de EE.UU. –Lockeed Martin, Northrop-Grumman, General Dinamic, Taytheon
y Boeing– aportaron hasta ahora 103.900 dólares a los precandidatos
presidenciales demócratas, contra 86.800 dólares a los republicana (http://www.alternet.org/,
31-10-07). La diferencia contante es poca, pero la política, muy grande.
“Esas contribuciones sugieren con nitidez que la industria armamentista ha
llegado a la conclusión de que las perspectivas de los demócratas en 2008 son
realmente muy buenas”, explicó el académico Thomas Edsaal, de la Universidad de
Columbia, de Nueva York. Y muy buenas para el complejo militar-industrial, como
lo bautizó el general Dwight Eisenhower. Hillary fue la precandidata demócrata
que más recibió: la mitad de las donaciones a todos los precandidatos de su
partido y el 60 por ciento del total que fue a los republicanos. Se recuerda su
actuación en el Comité de Servicios Armados del Senado. También la escena en la
que impuso a un Bill vacilante la decisión de bombardear Kosovo. Aunque hoy
preconiza la necesidad de un retiro parcial y escalonado de los efectivos
norteamericanos en Irak, Hillary, respecto de Irán, es la más halcona de todos
los halcones, W. incluido. Hay gente así.
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